“Ahora estoy mucho más convencido que cuando hice Encuentros en la tercera fase de que no somos la única civilización inteligente en el universo”. Con esa frase, que Steven Spielberg repite hasta en el tráiler de su nuevo estreno, El día de la revelación, que se estrena hoy, el cineasta subraya que ha vuelto a sus dos grandes temas en el cine: la vida extraterrestre y la verdad. El hombre que cinceló la imagen que muchos espectadores albergan de unos posibles seres inteligentes no terrestres con E. T., el extraterrestre (1982) y Encuentros en la tercera fase (1977) retorna por cuarta ocasión al cine de marcianos: con La guerra de los mundos (2005) retrató la sensación de fragilidad que transitaba el alma estadounidense tras el 11-S; con El día de la revelación ahonda en la manipulación de la información por parte del Gobierno: sí, está hablando de Trump, aunque también de cómo encararía la humanidad —incluida la resignificación de las religiones— el descubrimiento de que “no estamos solos”. O como dice el diario USA Today: “Es una historia sobre nosotros”.Hay que recordar que Firelight, la película de aficionado que Spielberg rodó siendo un adolescente en Arizona en 1964, se centraba en torno a visitantes extraterrestres. Y es cierto que de sus 36 largometrajes, el cineasta, de 79 años, ha jugado con todos los géneros, pero en muchos de ellos se siente su pulsión por hablar de la verdad en confrontación con un mensaje gubernamental (la constante de su numeroso cine histórico), un trasfondo que se ve desde cómo se esconde el contacto con los visitantes en Encuentros en la tercera fase a los hombres gubernamentales sin rostro de E. T. (primero, porque aparecen de noche con linternas que deslumbran a los testigos; después, con trajes anticontaminación).En el tráiler, el personaje de Colman Domingo, un funcionario que quiere que la humanidad sepa la verdad, dice: “¡Esta campaña de terror y mentiras de 79 años tiene que terminar!”. Efectivamente, han transcurrido 79 años desde el Incidente Roswell, el hallazgo en verano de 1947 de un granjero de Nuevo México de los restos metálicos de algo que el Ejército de Estados Unidos definió primero como un “platillo volante” y, al día siguiente, como un “globo meteorológico”. Así nacieron para los estadounidenses los ovnis. Hoy, más que nunca, están de moda gracias a la Administración Trump, después de que el pasado mayo desclasificara un primer conjunto de 162 documentos sobre Fenómenos Anómalos No Identificados.Esa vida extraterrestre siempre estuvo en el alma de cineasta por encima de las modas sociales. Durante esta última promoción, Spielberg ha asegurado en USA Today que El día de la revelación podría haber sido una de sus películas favoritas de su difunta madre, Leah Adler, una influencia capital en su carrera: “Ella siempre decía: ‘No seamos engreídos pensando que somos la única vida inteligente en el universo’. Hacía bromas como: ‘Bueno, tiene que haber muchos más planetas inteligentes por ahí’. Yo le contaba: ‘Mamá, somos bastante listos’, y ella respondía: ‘No, seguro que hay mucho más que podemos aprender si abrimos nuestros corazones y nuestras mentes”.El director está tan inmerso en su defensa de la posible vida inteligente fuera de la Tierra que en Associated Press insiste: “Es mi primera película que se considerará ciencia ficción, pero que yo no considero ciencia ficción. Refleja mucho más el mundo tal como está evolucionando y los descubrimientos que se están haciendo en este preciso momento”.El pasado mes de marzo en una charla en Austin (Texas) dentro del festival SXSW, confesaba: “Mi sensación ahora mismo es esta: no sé más que ninguno de ustedes, pero tengo la fuerte sospecha de que no estamos solos aquí en la Tierra ahora mismo. Y, por eso, he hecho este filme”. En aquella ocasión, recordaba: “Soy creyente desde que hice Encuentros en la tercera fase hace medio siglo. Pero siempre decía que hasta que no viera un ovni con mis propios ojos no iba a afirmar categóricamente que la vida de ahí afuera existía. He cambiado de opinión debido a las abrumadoras pruebas circunstanciales”.Spielberg revolucionó la historia del cine con Encuentros en la tercera fase. Abandonó el concepto popular en el cine de los marcianos asesinos con robots con láseres para conquistar la Tierra (Ultimátum a la Tierra) o de extraterrestres que tomaban el lugar de los humanos duplicándose en vainas (La invasión de los ultracuerpos) por el de unos visitantes que quieren contactar con sus vecinos. De repente, sonaba a una conexión plausible. Destilaba ciencia y realidad. E.T. se mueve en una oscuridad desasosegante, aunque al final Spielberg estaba contando la historia de un niño —la cámara se mantiene a la altura de los ojos de Elliott— y su nuevo mejor amigo. La guerra de los mundos sí se circunscribía en el subgénero “muerte y destrucción”. Con todo, a las tres las une la ulterior intención del cineasta de hablar de la humanidad y su manera de relacionarse y encarar los retos.“Nadie me dejaba hacer Encuentros en la tercera fase porque estaba en los límites de la ciencia y la mitología. Así que nadie lo entendía”, contaba su autor en SXSW. “Cuando dije: ‘Quiero hacer una película sobre ovnis’, todos pensaron: ‘Bueno, quieres hacer una película sobre bichos del National Enquirer [un diario de noticias inventadas y extravagantes]. Quieres hacer una película sobre reportajes disparatados de cosas que en realidad no ocurren, una película de fantasía completamente loca sobre algo que no está pasando’. Y por supuesto, no era así”.Hay dos codas añadidas en la filmografía con extraterrestres de Spielberg. Tres años después del pesimismo de La guerra de los mundos, el cineasta incluyó seres de fuera de la Tierra en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, en un giro rarísimo en la saga del arqueólogo. El otro añadido pasó antes, en 2001, porque I. A. Inteligencia artificial se revela como una historia invertida de un primer contacto: a la humanidad, ya desaparecida, la estudian descendientes sintéticos de las máquinas.El día de la revelación juega con cartas similares a las de Encuentros en la tercera fase, como mostrar que personas que no se conocen sientan una profunda conexión. Sin embargo, tanto Spielberg como su coguionista, David Koepp, han mencionado otra fuente de inspiración, el clásico thriller conspiranoico de los setenta Los tres días del cóndor: solo quien sabe escuchar conocerá la verdad. La cuestión es si una revelación global puede en este mundo trumpista trascender las separaciones de la humanidad.