“¡Maricón!”. No era la primera vez que lo oía, pero sí era la primera vez que se lo decían dentro de un campo de fútbol. También era la primera vez que tanta gente se lo gritaba al unísono: “¡Maricón!”. “Alguna vez, saliendo de fiesta con mis amigos, me lo habían dicho. En ese momento se pasa muy mal, pero siempre preferí obviar los insultos. Siempre consideré que era mejor ignorarlos”, explica el futbolista Nacho Ruiz (Torrent, Valencia, 29 años). El 16 de noviembre del año pasado, fue distinto. “Ese día me lo dijeron en un partido y más veces que en toda mi vida. Juego al fútbol desde que tengo seis añitos. Empecé en el Valencia y debuté profesionalmente con 19 en el Espanyol y nunca me había pasado esto”, reconoce.Ese día, el capitán de la Unión Balompédica Conquense, equipo de Segunda RFEF (actualmente Segunda Federación), aguantó durante medio partido la retahíla de agravios homófobos y machistas que le lanzaban los aficionados del Club Deportivo Quintanar del Rey. Al principio, el defensa del Conquense hizo como que no pasaba nada. Era la primera vez que su equipo se enfrentaba al Quintanar en la cuarta categoría del fútbol español y no quería que nada empañara el derbi en el San Marcos, el estadio de los rivales. Ante su silencio, la grada local elevó el tono: “¡Marica!”. “¡Niñata!”. “¡Hijo de puta!”. “Pobre tu madre, que no tiene un chico sino una niña”.Ruiz resistió hasta que no pudo más. En mitad del encuentro se acercó al árbitro para pedirle que parara el juego. Se tuvo que informar por megafonía a los aficionados del Quintanar que así el partido no podía continuar. Los insultos se detuvieron. El resto del derbi fue muy tenso. El partido terminó 0-0.Unos días después del incidente, el futbolista valenciano dio una rueda de prensa con el respaldo de su club y sus compañeros. Durante la comparecencia, condenó los ataques homófobos y machistas y anunció que iba a estudiar junto con la Asociación de Futbolistas de España ir a la justicia por las expresiones vertidas hacia él durante el encuentro. “Son actos que no deberían ocurrir en pleno siglo XXI. Estas personas no deberían continuar viniendo a los campos de fútbol”, lamentó. Al final, no presentó una denuncia.Su testimonio era el de un jugador de un pequeño equipo de Segunda RFEF, pero evidenciaba un problema enorme para el fútbol: la masculinidad tóxica, homofobia. El caso alcanzó repercusión nacional. Los telediarios se hicieron eco y el nombre de Nacho Ruiz se coló en algunas de las principales tertulias deportivas. Borja Iglesias, delantero del Celta, le demostró su apoyo en las redes sociales, y Héctor Bellerín, defensa del Betis, empezó a seguirlo en Instagram. “Fue una semana dura, pero hubo detalles muy bonitos y me sentí muy arropado”, recuerda.Ruiz denunció los ataques para animar a que otros también lo hagan. “Me parecía que alzar la voz era la única manera de dejar de normalizar esto”. Las siguientes semanas, muchos chavales —y no tan chavales— lo contactaron a través de las redes. Recibió decenas de mensajes de chicos gais que lo habían pasado muy mal y habían dejado de jugar al fútbol por los comportamientos degradantes, discriminatorios, ofensivos y desfavorables hacia ellos. “Fue doloroso y duro porque vi todo lo que realmente pasa en el fútbol español”.Lo que realmente pasa en este deporte es que no hay jugadores de primera línea abiertamente homosexuales o bisexuales. Tampoco hay trans, intersexuales o queers. No hay un solo representante de las siglas del colectivo ni en primera ni en segunda división. Alberto Lejárraga, portero de la Unión Deportiva San Sebastián de los Reyes, otro equipo de Segunda RFEF, es el único jugador de las diferentes ligas españolas que ha declarado ser homosexual. Lo hizo público en 2023 y el verano pasado se casó con su pareja. En más de una ocasión ha denunciado haber sufrido insultos homófobos en los partidos.A Nacho Ruiz no lo atacaron por su sexualidad u orientación sexual, sino por su forma de vestir. Los aficionados del Quintanar vieron en sus redes que le gusta la moda y que trabaja a tiempo parcial como modelo y creador de contenido y consideraron que por eso es “maricón”. Horas antes del partido del 16 de noviembre, el defensa había publicado en su cuenta de Instagram unas fotos posando con un look de Bershka. Su muro en esta plataforma y en TikTok está lleno de instantáneas y vídeos en los que lleva abrigos de piel, chalecos de cuero, camisas rosas, blusas transparentes y con brocados y zapatos con tacón.“Los que me insultaron vieron eso y consideraron que no soy lo suficientemente masculino. Nunca he tenido tapujos, prejuicios o problemas con llevar ropa de mujer. Cuando entro a una tienda, no me fijo si estoy en la sección de moda de mujer o de hombre. Simplemente me fijo en la prenda, en si me gusta o no. Para mí la moda es experimentar”, explica.Empezó a interesarse por la moda gracias a una exnovia que tenía una marca de bolsos y biquinis. Un día le pidió que la ayudara a buscar sudaderas y camisetas unisex para vender en su tienda. Explorando páginas web y las redes, descubrió que muchos hombres están probando cosas nuevas y experimentado con su estética. “Me di cuenta de que me encantaba, de que me gustaba cómo vestían muchos chicos. Y dije: ¿por qué yo no?”.Su referente futbolístico es el exjugador del Barça Carles Puyol. En la moda no lo tiene tan claro. “He pasado por estilos muy eclécticos. Me he puesto de todo: desde una camisa de mi madre hasta unos cojines en los pies o una manta como abrigo, tipo poncho. Al principio, mi familia no me entendía, pero nunca me dijeron nada”. Durante la sesión de fotos para El País Semanal quiso lucir los looks más arriesgados: unos pantalones de cuero de Jean Paul Gaultier salidos de una ilustración de Tom of Finland, un top de punto y shorts a juego de Dries Van Noten, un top de Willy Chavarria, unas bermudas de leopardo de Valentino…El incidente con el Quintanar no lo ha amedrentado. Sigue compartiendo sus looks en las redes. Ahora tiene un representante que le ayuda a gestionar sus colaboraciones con marcas. Quiere que sus seguidores se animen a vestirse como quieran. “La gente tiene que hacer lo que quiera, sin importar lo que piensen los demás. Espero que cada vez haya más jugadores que se atrevan a experimentar con la moda y con todo en general”, dice.El defensa del Conquense forma parte de una nueva generación de futbolistas que no tienen miedo a vivir y visibilizar una masculinidad diferente. Borja Iglesias (33 años), Héctor Bellerín (31) y Aitor Ruibal (30) son los ejemplos más mediáticos. Ninguno de ellos es homosexual, pero todos han sufrido ataques homófobos dentro del campo por cómo visten. En 2023, Iglesias y Ruibal fueron objeto de comentarios de odio por llevar bolsos de Dior y McQueen en la boda de un miembro del cuerpo técnico del Betis. Iglesias también recibe insultos por hacerse la manicura. Nacho Ruiz lleva sus uñas pintadas de blanquinegro, los colores de su equipo. Los más arcaicos tachan a estos jugadores de “maricones”. Los más progresistas los acusan de queerbaiting, la práctica de aprovecharse de ser percibido como miembro del colectivo LGTBIQ+ cuando en realidad uno no lo es. No son ni una cosa ni la otra. La explicación es más sencilla. Ante la ausencia de jugadores abiertamente gais, ha recaído en ellos, hombres “deconstruidos”, la tarea de denunciar la homofobia en este deporte.“Yo estoy siendo abanderado de una causa que no es mía. No formo parte de ese colectivo. No es mi responsabilidad”, reconoció Bellerín en marzo en una entrevista en la que calificó al fútbol de “industria heteropatriarcal”. “Me posiciono en cuestiones sociales claras: en contra de la homofobia, del racismo y en defensa de los derechos básicos”, explicó Ruibal a EL PAÍS en mayo. “Pero no soy homosexual y no quiero hablar en nombre de un colectivo al que no pertenezco. Hace poco hablaba con Borja [Iglesias] de que molaría que alguna figura grande del deporte saliese del armario”.La Real Federación Española de Fútbol lleva años trabajando para propiciar un clima favorable para que eso ocurra. El reglamento de la RFEF contempla sanciones económicas y cierres parciales o totales de los estadios para los clubes que no controlen los insultos y cánticos homófobos y las conductas discriminatorias de sus aficionados dentro del campo. La federación también participa en jornadas de visibilidad y ha creado una plataforma contra la homofobia.La atronadora invisibilidad del colectivo indica que a la federación y a los clubes les queda mucho trabajo por hacer. “Siempre podemos hacer más. Y más cuando siguen pasando este tipo de situaciones. Sigue habiendo mucho machismo en el fútbol. Y no solo en las gradas. Seguimos escuchando las mismas bromas, seguimos riéndonos de lo mismo. Yo intento que esos comentarios vayan disminuyendo. Hay que erradicarlos desde que empezamos a jugar con seis años”, apunta Ruiz.A diferencia del fútbol masculino, el femenino se ha consolidado como uno de los espacios deportivos más inclusivos. En España hay grandes referentes LGTBIQ+, como Irene Paredes, Lucía Ybarra, Ivana Andrés, Alba Redondo o Teresa Abelleira. Todas ellas son jugadoras de primer nivel y viven sus vidas con absoluta normalidad. “Es muy complicado ser gay en el entorno del fútbol masculino. Algo bueno que tiene el femenino, y hablo de nuestro vestuario, es que se normaliza cualquier tipo de familia que cualquier jugadora quiera crear”, explicó la estrella azulgrana Alexia Putellas en 2022. “Todo el mundo se respeta, no hay juicios, no hay insultos, y yo creo que es a donde tiene que ir el deporte en general”, señalaba Putellas, que acaba de despedirse del Barça.Jennifer Hermoso, otro icono del colectivo, fue en la misma dirección en 2024: “En el fútbol masculino es improbable que te traten de una manera que a ti te haga sentir bien”. Nacho Ruiz lo achaca a una “masculinidad frágil o hegemónica” que hace “que se tenga miedo a decir abiertamente la sexualidad de cada uno”: “Al final se juzga todo dentro del mundo del fútbol, no solo la sexualidad, sino también el ser distinto o el hacer otras cosas fuera del deporte”. El jugador dice que al principio lo miraban mal por compaginar su trabajo de futbolista con el de creador de contenidos y modelo. “No estaba bien visto hacer otras cosas, todo tenía que ser fútbol. Poco a poco, eso está empezando a cambiar”.—¿Llegaremos a ver jugadores abiertamente gais o bisexuales?—Quiero pensar que sí. Al final, este mundo es una burbuja. Cuando sales de él, te das cuenta de cuánto ha avanzado la sociedad. Y te das cuenta de que en el fútbol no avanzamos o lo hacemos muy lentamente. Tarde o temprano, eso tiene que cambiar. Hay que normalizar que cada uno quiera a quien quiera y haga lo que sienta en cada momento, sin prejuicios y sin miedos.Él no tiene prejuicios ni miedos. Sigue vistiéndose como quiere y pintándose las uñas como le gusta. Por el momento, no ha vuelto a sufrir insultos homófobos en el campo. En enero de este año, volvió a enfrentarse al Quintanar. En el partido de vuelta, marcó un gol llevando el brazalete de capitán (sus compañeros se lo dieron tras lo ocurrido en noviembre). El Conquense ganó 2-1. Hace unas semanas, el equipo cayó en la final de los playoffs de ascenso a Primera RFEF, pero Ruiz está satisfecho con todo lo que han conseguido durante esta temporada. Los aficionados también parecen estar contentos. “¡Gracias por este temporadón, titán! Siéntete orgulloso de lo conseguido”, le escribió un fan hace unos días. “Sé que tengo 29 años, pero soy ambicioso y tengo sueños. Si no los tuviera, no seguiría jugando”, dice. También tiene sueños fuera del campo de fútbol. Le gustaría hacer sus pinitos como estilista: “Te lo dije, hay que probarlo todo en la moda y en general”. Créditos de equipo: Estilismo: Ángela Esteban-LibreroMaquillaje y peluquería: David López (Another Agency)Producción: Cristina SerranoAsistente de fotografía: Miguel SanchoAsistente de estilismo: Lidia LaraAsistente de producción: Marina Marco