Lo que busque para celebrar, aquí lo encuentra: quiere bocinas, trompetas, el balón de oro, micheladas, gomichelas, penachos de plumas y de cartón, el jaguar de mascota, de llavero, pelucas del Tri, una copa con forma de trofeo, confeti y espuma, claro, de qué color, o quizás estaba buscando un sombrero gigante que grite “¡México!”. La selección de fútbol ha marcado un 2 a 0 a Sudáfrica en el partido que ha dado inicio al Mundial 2026. Esos goles (en el minuto 8 de Julián Quiñones y en el 66 de Raúl Jiménez) han roto la maldición que el equipo arrastraba de perder en todos sus encuentros inaugurales y han desatado una euforia colectiva que ha llevado a decenas de miles de mexicanos a congregarse en el Ángel de la Independencia a abrazarse y gritar “oe, oe, oe, oe”. Es solo el primer partido, hay mucho que celebrar.El día ha empezado fácil. El Gobierno de Claudia Sheinbaum había cancelado las clases escolares, ordenado el teletrabajo para todos los servidores públicos y recomendado lo mismo para las empresas privadas. Muchos trabajadores cobraron ayer su quincena y había instaladas 18 pantallas gigantes públicas por toda la capital, además del Fan Fest de la FIFA en el Zócalo, donde han asistido 100.000 personas. A la ciudad le han salido pobladores con el escudo en el pecho por todos los rincones. En la plaza Garibaldi, cuna del mariachi, la retransmisión pública se ha caído justo después del gol de Jiménez. No hay drama: “¡Vámonos al Ángel!“. Faltaban todavía 20 minutos de partido, pero la fe mexicana alejaba cualquier posible remontada de una Sudáfrica con 10 jugadores. Los primeros han debido alcanzar el centro del Paseo de la Reforma sin que sonara el pitido final, tras ellos han llegado miles. El Gobierno de Ciudad de México ha calculado 120.000 en total. Han ido miles de jóvenes que o eran demasiado jóvenes o directamente no eran todavía con las ganas de celebrar lo que no pudieron en el último Mundial en el país, el de 1986. “Es técnicamente el primero que vivo”, dice Hazel Vázquez, de Guadalajara, que ha llegado a Reforma por la “euforia”. “Hace 40 años que no éramos anfitriones, nos tocaba celebrarlo”, dice Humberto, de 36 años. “Venimos hoy porque es todo ilusión y esperanza”, dice Joshua Saucedo, de 21.Los hay que han llegado con sus hijos como Andrés con Andrea (de 17 años), desde Tehuacán (Puebla), o Itzel Martínez con Quetzalli (de 12) —buscaban que vieran esa celebración, esa capacidad de “convivir sin agravios”— y también los hay que han ido por sus madres. “Es a ella a la que le gusta estar en el desmadre”, dice Eli Ortiz, de 51, y señala hacia delante a una mujer con pelo blanco perfecto, playera de la selección y collar de bolitas. “Me encanta estar donde pasa todo”, confirma Adela Pérez, que tiene 72 años y vivió el Mundial del 86 y también el del 70. ¿Cómo era entonces? “Más familiar, como no había nada de tecnología, no te enterabas de todo en el momento, como ahora”. Ahora es posible saber que hay cientos de familias a las que también les gusta el fútbol y el Mundial, pero que les falta su hija, su hermano o su marido, y por eso han tratado de llenar con sus rostros la ciudad, o que hay un campamento de miles de maestros aguantando las tormentas porque buscan pensionarse con dignidad. Se sabe todo, pero ya no cala después del partido, y a eso apostaba el Gobierno, asediado por las protestas. “El que no brinque es CNTE”, gritaba incluso alguno en el Ángel, antes otros habían tratado de llevarse una lona de los colectivos de búsqueda para taparse de la lluvia. Solo la euforia se permite en la victoria de la fiesta del fútbol. “Este pobre país necesitaba una alegría”, reconoce Humberto. Entre los cohetes, el humo tricolor, entre los mariachis, las fotos y las rancheras, una pregunta: “Si el primer partido se celebra así ahora, ¿qué puede pasar si México gana el Mundial?“. “No, no, no, no, se cae”, “se rompe la ciudad”, “colapsamos”, “hay sacrificios”, “soy mexicano y no podría decir qué es lo que puede pasar si nosotros ganamos esto”. Hay que esperar, es solo el primer partido, falta —todavía— mucho por celebrar.
México no ha ganado el Mundial —todavía—, pero en el Ángel de la Independencia lo parece
La selección marca un 2-0 a Sudáfrica que junta en una fiesta improvisada en la capital del país a 120.000 seguidores










