Estados Unidos, Irán e Israel han vuelto a intercambiar ataques con sus misiles y drones. Israel mantiene su ofensiva en Líbano. Por ahora continúan negociando sobre la reapertura del estrecho de Ormuz. Pero estos ataques pueden iniciar una nueva ronda de enfrentamientos y paralizar temporalmente las conversaciones. Mientras se limiten a bombardeos aéreos y operaciones navales no cambiarán sin embargo la sustancia de la situación sobre el terreno. Es posible que a pesar de todo EEUU e Irán terminen por alcanzar un acuerdo, porque ambos tienen interés en lograrlo. Donald Trump porque la subida del precio del petróleo y la prolongación de una guerra impopular pueden colocar en graves dificultades al Partido Republicano en las elecciones de noviembre. Si perdiera el control de la Cámara de Representantes -lo que parece probable- la segunda parte de su Presidencia podría resultar muy complicada. Y no digamos si perdiera también el Senado. Se abriría la posibilidad de un impeachment. Sus índices de popularidad ya han pegado un bajón. Irán por su parte desea volver a exportar su petróleo y su gas y recibir los productos que necesita importar. Pero las negociaciones están resultando muy difíciles. La posición de Trump es ahora más débil que antes de iniciar los bombardeos en febrero pasado, e Irán en cambio se ha fortalecido. Negociar con los iraníes es siempre un dolor de muelas, pero mucho más cuando detectan vulnerabilidad en la otra parte. Un posible acuerdo para la reapertura de Ormuz sería en cualquier caso muy frágil. Continuarían las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán, el destino de los 60 kg de uranio altamente enriquecido que yacen bajo las ruinas de sus instalaciones nucleares, y el levantamiento de las sanciones económicas. No sería raro que el acuerdo se rompiera, o que se recompusiera y se volviera a romper varias veces. Dado el debilitamiento de su posición, a Trump le puede resultar muy complicado alcanzar un acuerdo similar al que los iraníes aceptaron en 2015, y que él describió al llegar al poder como el peor acuerdo jamás negociado. Cualquier retroceso le colocaría en una posición muy difícil frente a sus adversarios demócratas y el ala dura del Partido Republicano. Para no hablar de Netanyahu. Sus esfuerzos por boicotear cualquier tipo de pacto se traducen en continuos ataques contra Líbano, lo que ha tensado la relación con Trump. Opinión TE PUEDE INTERESAR La guerra de Irán vista desde Pekín Rafael Dezcallar Todo ello significa que la volatilidad de los mercados de energía no va a desaparecer fácilmente, lo mismo que sus efectos sobre la economía global. Mientras tanto, hay una búsqueda generalizada de soluciones a la situación en la que el cierre de Ormuz ha colocado a muchos países. Los más directamente afectados son los del Golfo. Es previsible que a partir de ahora intenten construir nuevos oleoductos hacia la costa del Mar Rojo o ampliar los ya existentes. También hacia Omán, al otro lado del estrecho. Lo sucedido podría igualmente redoblar el interés que han mostrado en los últimos años por las energías renovables y la nuclear, así como por las inversiones en alta tecnología. Todo ello con el objetivo de reducir su dependencia de las exportaciones de combustibles fósiles. Opinión TE PUEDE INTERESAR La gran estafa del gran charlatán Carlos Sánchez En los últimos años, China ha hecho importantes inversiones en la región en infraestructuras, energías renovables, inteligencia artificial y otros ámbitos de la economía digital como la robótica, los vehículos autónomos o el almacenamiento de datos en la nube. Sus empresas están compitiendo con Amazon, Microsoft, Google u Oracle. En 2022, SenseTime firmó un acuerdo por valor de 206 millones de dólares con el Centro Nacional Saudí para la Inteligencia Artificial. UBTech Robotics, del grupo Tencent, está invirtiendo 362 millones de dólares para construir laboratorios de IA en los Emiratos Árabes Unidos. Abu Dabi está colaborando con empresas chinas en ámbitos muy sensibles como el reconocimiento facial y los dispositivos de seguridad. Qatar suscribió en 2025 un acuerdo con Huawei sobre infraestructura de datos y acceso a la nube. Es comprensible que los Estados del Golfo busquen reducir su tradicional dependencia de Estados Unidos. Especialmente después de que les haya metido en una guerra innecesaria con Irán que les ha causado perjuicios gravísimos. Están comprobando todos los días los límites de la capacidad de Estados Unidos para alcanzar sus objetivos estratégicos. Sin embargo, para todos ellos la prioridad absoluta es la seguridad, más aún después de esta guerra. Y en ese terreno no tienen demasiadas alternativas a Washington. Es difícil imaginar que vayan a pedir a Irán que les defienda. Como bien sabemos los europeos, la dependencia defensiva genera dependencia política, y a ninguno de ellos le interesa convertirse en un satélite de Teherán. Los Emiratos Árabes Unidos han llegado al punto de aceptar en su territorio una batería israelí para defenderse de los misiles iraníes. Ello constituye una verdadera revolución estratégica en Oriente Medio: un país árabe que acepta ser defendido por Israel. Pero pasar de la dependencia norteamericana a la dependencia de Israel es un dudoso negocio, a la vista de la agresividad israelí hacia Teherán, que hace de los EAU un blanco especialmente codiciado en caso de represalias iraníes. Rusia no está en condiciones de garantizar la seguridad de nadie en el Golfo. En cuanto a China, no está interesada en hacerlo. No ha movido un dedo por ayudar a Irán, con quien mantiene relaciones cercanas. Quiere fortalecer su presencia económica y tecnológica en la región, pero no su presencia militar. Eso limita su utilidad política para los países del Golfo como posible alternativa a Estados Unidos. Asia también está buscando soluciones. Probablemente tratará de diversificar sus suministros de combustibles fósiles para reducir su dependencia del Golfo. Ello podría beneficiar a productores alternativos como Venezuela, Brasil, Argentina, Libia, Nigeria, Indonesia, o incluso los propios Estados Unidos. No parece probable que los países asiáticos estén dispuestos a enfrentarse a Washington aumentando sus compras a Rusia. Aun así Moscú es una de las grandes beneficiarias de la guerra de Irán, que le ha permitido ingresar miles de millones de dólares con los que no contaba para aliviar sus arcas y continuar su guerra en Ucrania. El cierre de Ormuz ha intensificado aún más el interés por las energías renovables. Según un reciente informe de McKinsey la electricidad pasará de representar el 20% de la energía final consumida hoy a más del 50% en 2050, lo que requerirá triplicar la capacidad instalada de generación renovable. Ese interés será especialmente grande en Asia y en el mundo en desarrollo, que están sufriendo en mucha mayor medida que Europa las consecuencias del cierre de Ormuz. Son buenas noticias para la industria china de paneles solares, que tiene un problema de exceso de capacidad y produce mucho más de lo que su mercado es capaz de absorber. El interés por las energías renovables también se ha reforzado en Europa, naturalmente, pero aquí tenemos ya un problema con el exceso de capacidad china en otros productos, como los vehículos eléctricos. No queremos agravar aún más nuestro déficit comercial con Pekín, que en 2025 alcanzó los 359.000 millones de euros. Las últimas iniciativas de la Comisión, incluida la propuesta de una Ley de Aceleración Industrial, contienen medidas mucho más estrictas para corregir ese desequilibrio. Ello podría provocar un choque con China. Lo cierto es que -más allá de las consecuencias políticas negativas para Donald Trump- el país comparativamente menos perjudicado por la guerra con Irán es precisamente el que la ha provocado. Estados Unidos es un gran productor de crudo, sobre todo gracias a la tecnología de fractura hidráulica (fracking), lo que le hace capaz de autoabastecerse y de aumentar sus exportaciones a otros mercados. Su seguridad está garantizada, con el ejército más poderoso del mundo, un océano a cada lado, y vecinos al norte y al sur que no constituyen una amenaza. Sin embargo, la guerra de Irán y el apoyo a Israel en Gaza han generado un fuerte resentimiento en amplias zonas de Oriente Medio que ha reavivado las actitudes antiamericanas. Ello podría provocar en el futuro un rebrote de acciones terroristas. Sobre todo, la guerra con Irán ha mostrado los límites de la fuerza militar cuando no se está dispuesto a enviar soldados sobre el terreno para no asumir costes ante la opinión pública interna. Eso puede tener consecuencias de amplio alcance para un país cuya hegemonía global se basa en buena parte en su abrumadora maquinaria militar.
Las consecuencias del cierre de Ormuz
La reanudación de los ataques vuelve a calentar la situación en Irán. Sin embargo ambas partes tiene interés en volver a abrir el estrecho de Ormuz, aunque el acuerdo al que puedan llegar será muy frágil. Mientras tanto, las consecuencias del cierr












