El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado uno más de sus súbitos bandazos en la guerra en Irán. Tras haber anunciado este jueves que sus fuerzas lanzarían una nueva ronda de ataques, la tercera en tres noches seguidas, ha proclamado en redes sociales que cancela esa decisión para volver a centrarse en las conversaciones de paz, donde asegura que “los últimos detalles” ya “han sido aprobados por todas las partes implicadas”. Pero casi de inmediato los medios estatales iraníes han negado que haya habido ningún tipo de pacto para firmar un memorando de entendimiento con Washington. Tras la declaración de Trump, los mercados han reaccionado con euforia.La nueva decisión, ha indicado, se produce porque “las negociaciones con la República Islámica se han llevado al nivel más alto del liderazgo iraní y se han aprobado”. “Como presidente de Estados Unidos, he cancelado los ataques y bombardeos previstos contra Irán esta noche”, escribe el mandatario en su red social, Truth. Trump asegura —como ha hecho en varias ocasiones desde la entrada en vigor de la tregua actual el 8 de abril, sin que sus pronósticos lleguen a cumplirse— que en las últimas horas se han producido grandes avances. “Los debates y los detalles finales han sido, tanto en concepto como en gran detalle, aprobados por todas las partes implicadas, incluidos Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar, Turquía, Pakistán, Baréin, Kuwait, Jordania, Egipto, y otros”. El republicano agrega que el bloqueo que Estados Unidos mantiene sobre los puertos iraníes se mantendrá en pie “hasta que esta transacción se complete. El momento y el lugar de la firma se anunciará en breve”. A raíz de su declaración, el barril de petróleo bajó a 90 dólares (unos 78 euros), el nivel más bajo desde el comienzo de la guerra. Wall Street se disparó este jueves y el índice tecnológico Nasdaq avanzó un 2,01%.La declaración de Trump llega después de haber endurecido sus amenazas contra un Irán al que intentaba presionar con la fuerza para que aceptara sus condiciones para un alto el fuego. Tras dos jornadas seguidas de ataques en el sur y oeste del país adversario, a las que Teherán ha respondido con lanzamientos de proyectiles contra bases militares en Kuwait y Baréin, este jueves había advertido de que los bombardeos continuarían, y “muy duros”, esta noche. También había asegurado que se plantea tomar la isla de Jarg, a unos 30 kilómetros de la costa iraní y su gran centro petrolero en la parte norte del golfo Pérsico, y apoderarse del sector energético de Irán, como “hemos hecho en Venezuela”.En un mensaje a primera hora de la mañana en su red social, Truth, después de dos noches de intercambio de fuego con Irán que amenazaron con romper definitivamente la inestable tregua, Trump lanzó su amenaza: “Estados Unidos atacará Irán (cuya marina, fuerza aérea, radar, antiaérea y cualquier otra forma de defensa, junto con la mayor parte de su capacidad ofensiva, se han volatilizado) MUY DURO ESTA NOCHE”. También advirtió que se plantea tomar la isla de Jarg, de donde sale el 90% de las exportaciones de crudo de Irán, “y otros puntos de la infraestructura petrolera”, advirtió. “Asumiremos el control total de sus mercados de petróleo y gas, muy parecido a lo que hemos hecho en Venezuela, que es algo que está funcionando de manera brillante tanto para Venezuela como para Estados Unidos”, sostuvo.“Estamos hablando con ellos y todo eso, pero saben, mi preferencia siempre ha sido tomar la isla de Jarg. Mi preferencia sería esa”, agregaba en una entrevista en el programa Fox and Friends, de la cadena de televisión Fox. Pero el propio mandatario reconoce que la opinión pública estadounidense, harta de un conflicto que ha disparado los precios del combustible y precipitado la inflación a su nivel más alto en tres años (un 4,2%), se opone radicalmente a ese tipo de opción. “No sé si Estados Unidos tiene apetito para eso”, ha indicado en la entrevista. Tras aquella retórica amenazadora se encontraba un giro en la estrategia de la Administración de Trump, que sostenía que la intención no es retomar la guerra abierta de los primeros dos meses del conflicto, sino acelerar la presión a Irán para que acepte las condiciones de Estados Unidos, firme un acuerdo de paz y el presidente estadounidense pueda por fin, como desea ardientemente, pasar página a un conflicto que se le ha complicado mucho más de lo que imaginó. El Banco Mundial ya ha rebajado sus previsiones sobre el crecimiento global este año al ritmo más bajo desde la pandemia, en un 2,5%.Aunque una cosa es lo que Trump desease y otra, la realidad. El mandatario asegura que el país adversario se ha quedado sin capacidad ofensiva y que los últimos golpes estadounidenses han terminado de destruir sus defensas. Pero las fuerzas iraníes siguen disparando, y el derribo el lunes de un helicóptero militar Apache en la zona del estrecho de Ormuz —que precipitó la nueva ola de choques— dejó en evidencia que Teherán aún mantiene capacidad de golpear. El régimen teocrático se considera fortalecido por el mero hecho de haber sobrevivido a la fase de hostilidades abiertas y a los asesinatos de muchos de sus líderes, y no ha dado señales de querer ceder. A la enorme desconfianza entre las dos partes se suman enormes diferencias de posturas. Irán exige alivio de las sanciones y la descongelación de fondos, que Trump sostiene que no está dispuesto a conceder. Y Teherán no quiere renunciar a aspectos clave de su programa nuclear, la condición que el estadounidense insiste en que es indispensable.Tomar la isla de JargLas amenazas de Trump también se ven obstaculizadas por la dificultad de materializarlas. El presidente estadounidense ya coqueteó en los primeros meses de la guerra con la posibilidad de tomar la isla de Jarg. Las fuerzas estadounidenses llegaron a atacar objetivos en ella, aunque evitaron destruir la infraestructura petrolera. Pero la Casa Blanca acabó desestimando la posibilidad de ocuparla ante lo complejo y lo arriesgado de la operación, y el riesgo de una opinión pública estadounidense en contra.Invadir Jarg sería relativamente sencillo, pero mantener la presencia militar estadounidense allí sería harina de otro costal. Las tropas que quedaran desplegadas allí estarían expuestas al fuego enemigo desde el territorio continental a unos treinta kilómetros de distancia de la costa. Y como reconocía Trump en sus declaraciones a Fox and Friends, los votantes se oponen por completo a un despliegue militar sobre el terreno que pueda costar vidas estadounidenses. “O bien está profiriendo esas amenazas para crear pánico en el liderazgo iraní y forzarlo a ofrecer concesiones —algo que es improbable que funcione—, o de verdad está planteándose una escalada. En ese caso, complementaría la campaña aérea actual con botas sobre el terreno. Un paso de ese tipo casi con toda seguridad obligaría a Irán a abandonar la precaución relativa que ha mostrado a lo largo de la última semana, llevado principalmente por los restos de la esperanza de lograr un acuerdo con Estados Unidos, aunque solo fuera uno temporal”, opina el analista Hamirdeza Azizi en la red social X. “En cualquier caso, aunque las declaraciones de Trump no sean más que amenazas y formen parte de su estrategia de diplomacia coercitiva, solo servirán para incrementar la ansiedad en el lado iraní y hacer aún más difícil el camino hacia cualquier acuerdo diplomático potencial”, agrega.