Octavio Oscar Romero está parado frente a su placard, en un tres ambientes sobre la calle San Martín. Afuera hace frío. Se prueba el saquito de pana bordeaux que le regaló el papá de Gabriel Gersbach, su pareja. Los biceps sutilmente marcados bajo la pana, el cabello negro y corto, la tez blanca.

Octavio tiene 33 y hace doce años que vive con Gabriel. Del chico de Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes, que ingresó a la Escuela de Prefectura Naval antes de cumplir dieciocho quedan la curiosidad voraz y el apetito por la vida. Ahora habla tres lenguas y está terminando su tercera tecnicatura. Tiene una vida social intensa y a fin de año piensa casarse con Gabriel: será el primer agente de las fuerzas de seguridaden en contraer matrimonio con alguien de su mismo sexo.

Esa noche, sus compañeras de la carrera de relaciones públicas internacionales, lo esperan en el barrio porteño de Caballito. Piensa que son ellas cuando a las 19.12 suena el teléfono de línea. Sin embargo, es una llamada proveniente de José León Suárez 3741, Lanús, donde vive su íntimo amigo de Prefectura, Omar Quiroz, con su esposa, María José Galiano. Con alguno de los dos habla Octavio durante 116 segundos y luego corta.