Editora Ejecutiva de revista Weekend y su web, Editora General de Vivo.Perfil.com y de Lunateen.perfil.com. Columnista de espectáculos en Perfil.com y Reperfilar. Especializada en turismo y servicios al turista, gastronomía y lifestyle, series y TV paga, teatro y recitales, tendencias del mundo joven. TW e IG. @pato_daniele

En el teatro independiente, las funciones nunca se hacen "de taquito". El aquí y ahora es una marea en constante movimiento que exige una entrega absoluta. Bien lo sabe el experimentado actor Marcelo Rodríguez, quien actualmente transita un momento bisagra dentro del engranaje de Incidente en Vichy, la premiada obra de Arthur Miller que, bajo la adaptación y dirección general de Pablo Gorlero, se presenta los jueves a las 20 en la sala Caras y Caretas 2037 (Sarmiento 2037, CABA). Tras haber encarnado desde el estreno a Ferrand -el dueño del bar, un personaje breve pero milimétrico que requería "un solo disparo certero" para marcar el rumbo de la trama-, Rodríguez asumió el enorme desafío de reemplazar a Juan Trzenko en la piel del Viejo Judío, un rol que además canta en iidish. El traspaso de personaje demandó una preparación tan rigurosa como afectiva. Para asimilar el texto y la melodía, el actor contó con la generosa guía de su predecesor y el apoyo de una amiga de la comunidad, buceando en el hondo significado de una bellísima y desgarradora canción de cuna tradicional. "La historia de la letra es muy dulce dentro de una situación que, en la obra, es de un dramatismo absoluto -relata el actor conmovido-. Habla de un niño que quiere volar hacia un árbol que se quedó sin hojas por el invierno para hacerle compañía, y de una madre que, para protegerlo del frío del mundo, lo llena de abrigos, bufandas y guantes, hasta que el chico la mira y le dice: 'Pero con todo esto yo no puedo volar'. Ese último arranque de ternura, de vitalidad y de amor, en medio del odio y del horror es con lo único que este personaje se aferra para irse de escena". La potencia de este momento musical cala tan hondo que traspasa el escenario. El intérprete recuerda con especial emoción el paso de la obra por el auditorio de la AMIA: "Cuando se cantó la canción en la platea, hubo no menos de veinte personas, entre lágrimas, que la tararearon con nosotros. Fue una experiencia realmente conmovedora".