Durante cuatro horas, dos cuidadoras ugandesas, Sumayah Nakazibwe y Stella Ariokot, permanecieron atrincheradas en su casa, cerca de Crumlin Road, al norte de Belfast, mientras el humo se colaba en el interior y las llamas lamían las paredes de las propiedades vecinas.
“Todo empezó como si la gente simplemente estuviera manifestándose, chicos jóvenes de entre nueve y veinte años”, cuenta Nakazibwe. “Todos iban vestidos de negro y llevaban máscaras”.
Desde su ventana vieron cómo la turba prendía fuego a los neumáticos de un autobús. “Y luego recogieron los contenedores de basura que había fuera y empezaron a quemarlos también”, cuenta. “Entonces pensamos: ”Quizá la cosa no vaya a más“.
Pero entonces la multitud giró hacia su calle, donde también viven familias rumanas y nigerianas junto a familias británicas e irlandesas.
“Empezaron a prender fuego a los coches y a lanzarles cócteles molotov”, dice. “Así que, cuando empezó a salir el humo, se dirigía directamente hacia nuestras casas. Por eso llamamos a la policía y a los bomberos”.











