A Estados Unidos habría que concederle desde ahora el Mundial del 2326. Para asegurarse que por trescientos años no vuelva a albergarlo. No es el país más adecuado para hospedar un Mundial. Por su elefantismo y por las distancias siderales entre las ciudades sedes. ¡Que son once…! Es incómodo, impráctico, tortuoso. De Seattle a Miami hay 4.395 km en línea recta. Mil más que de Madrid a Moscú. Es como si se organizara una edición Italia-Brasil 2048, hoy un partido en Milán, mañana uno en San Pablo, pasado en Florencia y luego en Porto Alegre. Se pierde la noción de sede, que representa uno de los atractivos de esta fiesta deportiva. El origen de todo es Olimpia, la ciudad de Grecia donde se realizaban los antiguos Juegos Olímpicos cada cuatro años. De allí surge la idea madre de estos eventos deportivos universales: aglutinar deportistas y espectadores en un solo sitio. Canadá, Estados Unidos, México 2026 es la antípoda.Por eso y porque todo es carísimo en USA. En exceso. Que sumado al desmesurado afán recaudador le quita al fútbol su esencia popular, uno de sus costados más bellos. El fútbol es de todas las clases, pero los mundiales se han transformado en eventos exclusivos para millonarios. Como añadido, de cada diez noticias que emanan del torneo, la mitad tiene que ver con dinero. Los miles de dólares que vale una entrada para la final, los miles de millones que generará el torneo, la fortuna que cuestan los derechos de transmisión, etcéteras varios. Se habla más de dinero, de corporaciones, de negocios, de ingresos, que del juego. Todo ello potenciado por Gianni Infantino, el omnipresente titular de la FIFA. Gianni está feliz, ama a Benjamin Franklin (el de los billetes de 100), vive en Miami y es amigo de Donald Trump. Y en 2030 nos espera un Mundial en seis países.“Los mundiales se han convertido en un espectáculo desagradable en general por las dificultades logísticas que presentan en el entorno administrativo corrupto del fútbol. Lo noté como un shock cuando pasé del Mundial de Qatar a los Juegos Olímpicos de París. La noche y el día. Un evento pensado para las élites frente a otro ideado para los deportistas, los seguidores y la comunidad que los acoge”, nos dice Diego Torres, notable periodista de El País, de Madrid.En favor de la estadounidense, dígase que es una nación que ama profundamente el deporte y va en camino a convertirse en futbolera. El fútbol es como una enredadera que va avanzando sin pausas, termina cubriendo todo el muro. Pasó en Venezuela, el fútbol era el quinto deporte detrás del béisbol, el box, el basquetbol y el atletismo. Finalmente los aplastó. Así fue en todos los países donde no era el más popular. Algún día no lejano Estados Unidos se le rendirá.Este Mundial tiene, prima facie, dos caras, la deportiva, que es la pulpa, y la organización, que es la cáscara. La segunda está presidida por un casi obsceno afán recaudador. Por esto mismo será el Mundial más rentable de la historia. La FIFA espera embolsar para sí 9.000 millones de dólares. Entradas, parqueos, hoteles, taxis, vuelos, mercadeo… Todo rubro es apto para enriquecerse. Un mínimo ejemplo: el Fan Fest. Es un espacio para los hinchas que no tienen entrada y pueden reunirse en un parque o un amplio lugar abierto, ver el partido en pantallas gigantes, con música, juegos, actividades diversas y disfrutar de servicios y locales gastronómicos. Alemania los montó por primera vez en 2006 en cada una de las ciudades sede y fue un éxito notable, al punto de que FIFA, en adelante, adoptó los Fan Fests como parte complementaria del torneo. Es una forma de ampliar el alcance del Mundial a muchos miles más, pues en los estadios no hay lugar para todos los que desean estar. En ocasiones hay más gente en el Fan Fest que en el partido mismo. Van cien mil o más aficionados. Un acierto notable. Están a cargo de las alcaldías. Siempre fueron gratuitos. Esta vez será pago y costará entre 10 y 12,50 dólares el ingreso en Nueva York y Los Ángeles. Hay una voracidad mercantil exagerada. Quizás no del país, sí de la empresa privada.Las críticas europeas, sobre todo francesas, como siempre, son descomunales. Todo lo que no se hace en Europa debe ser condenado. París, recordamos, fue anfitrión de la final de Champions 2022 entre Real Madrid y Liverpool donde decenas de miles de espectadores españoles e ingleses fueron robados y agredidos salvajemente por ejércitos de delincuentes sin que la policía atinara a algo más que observar. Y hace dos semanas vimos como casi se incendia la ciudad de la Torre Eiffel tras la victoria del PSG sobre el Arsenal.Desde luego, cuando empieza a rodar el balón, el juego acapara la atención general. Ahora los mundiales son televisivos, lo que acontece detrás de cámaras o de las tribunas hacia afuera a los centenares de millones de espectadores de todo el mundo no les interesa porque además no lo ven. Les importa el show futbolístico y sobre el césped puede ser un Mundial abierto a una docena de pretendientes al título. Hace cuarenta años o más había cuatro aspirantes a la corona: Alemania, Italia, Brasil y Argentina. Y punto. Mucho después, afortunadamente, se agregaron España y Francia y hoy son grandes animadores. Tanto que lideran el favoritismo para quedarse con la corona. No obstante, aparte de los que ya fueron campeones alguna vez hay que contar a otros aspirantes, lo que llamamos el nivel B: Portugal, Noruega, Marruecos, Japón, Senegal, Bélgica, Costa de Marfil… Tenemos en muy alto concepto a Ecuador, Uruguay y Colombia. Esto le confiere un atractivo adicional. Todas las selecciones han perdido el miedo a los grandes. Lo demostró Arabia Saudita en 2022 venciendo a Argentina con autoridad,Japón a España y Alemania, Túnez a Francia, Australia a Dinamarca, Marruecos tumbó a Bélgica primero y luego eliminó a España. Son demasiados casos en un solo Mundial.Será un torneo de largo aliento: 8 partidos y 39 días para dar la vuelta olímpica. El que llegue y logre permanecer los 39 con mayor frescura física hará diferencia. Y en esto pueden prevalecer las selecciones con mayor componente afro, sin duda la raza atléticamente más apta. Casi todo el planeta dice que el campeón no saldrá de España o Francia. El primero por juego, el segundo por jugadores. Pero no les será tan placentero, Brasil, Alemania, Argentina, Inglaterra tienen cosas que decir. Nadie podrá ver los 104 partidos, habrá que elegir uno, tal vez dos por día.Hoy, el fabuloso estadio Azteca alojará 87.000 almas para escenificar México-Sudáfrica. La construcción del colosal escenario del DF comenzó en 1962, pero luce cada vez más imponente. Es el único lugar que levantará por tercera vez el telón de un Mundial, antes, en 1970 y 1986. Un honor notable. México tiene tradición de organizador eficiente de grandes eventos. En 1964, cuando fue designado sede para 1970, se comprometió a construir un recinto grandioso (el Azteca) y a televisar los partidos al mundo entero en directo. Cumplió. Desde entonces le confían. Y fue el primero en montar el Mundial y los Juegos Olímpicos de manera consecutiva para aprovechar infraestructura y cuadros organizativos. Luego lo hicieron Alemania (1972 y 1974), Estados Unidos (1994 y 1996). México y Canadá tendrán 13 partidos cada uno, los 78 restantes en la patria de Washington.Llegó el día, ¡bienvenido Mundial…! (O)