Argentina tiene un déficit comercial estructural con China. Sus productos están cada vez más presentes en distintos mercados y la dificultad para competir también crece, ante las velocidades disímiles con las que opera el Gobierno de Javier Milei para abrir importaciones y quitar impuestos. Pero la reciente visita de Donald Trump a Beijing reconfiguró las reglas de juego. El pacto sellado entre el líder republicano y Xi Jinping habilitó un aluvión de exportaciones estadounidenses que competirán de frente con la oferta agroindustrial nacional. Frente a este escenario de urgencia, las empresas chinas radicadas en el país le presentaron al ministro de Economía Luis Caputo una hoja de ruta técnica para destrabar mercados no explotados y compensar la pérdida de terreno.

La cumbre bilateral celebrada el 14 y 15 de mayo de 2026 en el Gran Salón del Pueblo dejó a la Casa Rosada frente a un desafío mayúsculo. La principal alerta para el país radica en el compromiso asumido por China de comprar al menos USD 17.000 millones anuales en productos agrícolas estadounidenses durante 2026, 2027 y 2028. Un acuerdo que apunta directamente a los segmentos donde los productores nacionales compiten a nivel global: porotos de soja, sorgo y carnes. Como parte del acercamiento estratégico, Beijing restableció el acceso al mercado para la carne bovina estadounidense, renovando las autorizaciones de más de 400 plantas procesadoras, y reanudó las importaciones de carne aviar de diversos estados.