La revista científica Communications Earth & Environment ha publicado un estudio que aporta una nueva mirada sobre el océano Austral. A partir de datos del satélite SWOT de la NASA y de robots submarinos, los investigadores han detectado corrientes verticales profundas cerca de la Antártida, un fenómeno clave para entender cómo el mar mueve calor, carbono y nutrientes. El hallazgo no describe una corriente marina convencional, de esas que avanzan de forma horizontal como grandes ríos bajo la superficie. Lo que han observado los científicos es un sistema mucho más difícil de medir: movimientos de agua en sentido vertical, capaces de conectar la superficie con capas situadas a centenares de metros de profundidad. Estas corrientes funcionan como una especie de ascensor natural dentro del océano. Por un lado, pueden arrastrar calor y carbono hacia zonas profundas; por otro, devuelven hacia arriba nutrientes y gases disueltos que influyen en la vida marina y en el equilibrio químico del agua. Su papel, por tanto, resulta esencial para comprender mejor el comportamiento climático del planeta. Una observación desde el espacio La investigación fue dirigida por Andrew F. Thompson, oceanógrafo físico del California Institute of Technology, junto a un equipo que realizó una campaña de cinco semanas en aguas frías situadas al sur de Australia. La expedición se coordinó con el paso del satélite SWOT, diseñado para medir con gran precisión pequeñas variaciones en la altura de la superficie oceánica. Ese cruce de datos permitió relacionar las señales vistas desde el espacio con mediciones tomadas bajo el agua. Para ello, los científicos utilizaron planeadores submarinos autónomos, capaces de registrar temperatura, salinidad y densidad. Después, toda esa información se incorporó a un modelo oceánico para estimar la velocidad y la profundidad de los movimientos verticales. Los resultados revelan un sistema más activo de lo que se había documentado hasta ahora. Las corrientes alcanzan al menos los 900 metros de profundidad y pueden concentrarse en estructuras de unos 10 kilómetros de ancho. Aunque esa escala pueda parecer grande, dentro del océano se considera un tamaño reducido para un proceso con tanta capacidad de transporte. Un dato clave para el clima El estudio indica que el agua puede desplazarse hacia arriba o hacia abajo a velocidades superiores a los 100 metros diarios. Los propios investigadores señalan que estas corrientes verticales “alcanzan gran profundidad, presentan escalas horizontales de apenas 10 kilómetros y superan con frecuencia los 150 metros al día en los primeros 900 metros”, una cifra que evidencia la intensidad del fenómeno. La relevancia del descubrimiento está en su impacto sobre los modelos climáticos. El océano Austral, dentro de la corriente circumpolar antártica, desempeña un papel decisivo en la absorción de calor y carbono. Si estos flujos verticales son más intensos de lo previsto, será necesario representarlos con mayor precisión para calcular cómo evoluciona el almacenamiento de energía, nutrientes y carbono en las profundidades marinas. La revista científica Communications Earth & Environment ha publicado un estudio que aporta una nueva mirada sobre el océano Austral. A partir de datos del satélite SWOT de la NASA y de robots submarinos, los investigadores han detectado corrientes verticales profundas cerca de la Antártida, un fenómeno clave para entender cómo el mar mueve calor, carbono y nutrientes.