Actualizado a las 07:35h.

Nadie olvidará lo que pasó la noche del miércoles -madrugada del jueves en España- en el Madison Square Garden de Nueva York. Quienes estuvieron allí asistieron un milagro. Muchos más lo vieron por la tele. Fue un milagro que los Knicks dieran la vuelta a un partido ... que perdía por 29 puntos, la mayor remontada en la historia de las finales de la NBA. Fue un milagro que sus rivales, los San Antonio Spurs, se esforzaran en tirar el partido. Fue un milagro que Jose Alvarado -neoyorquino de nacimiento y de camiseta- no hiciera campo atrás y perdiera el balón cuando se acababa todo. Y sobre todo fue un milagro que, con el marcador casi a cero, OG Anunoby apareciera de la nada para tocar un balón escupido por el aro tras un triple del mejor de los Knicks, Jalen Brunson. Lo rozó con la punta de los dedos para anotar y poner a Nueva York por delante. Rugió el Madison Square Garden como un animal. Y fuera del estadio, en una ciudad que ha perdido la cabeza con los Knicks, debió ocurrir lo mismo.

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