Fitch había subido la calificación de riesgo crediticio a largo plazo de Argentina en moneda extranjera y local a “B-” Como inicio de un “nuevo ciclo”, Fitch Ratings presentó las perspectivas, riesgos y oportunidades que ve en la Argentina, con el foco puesto en los desafíos del país para continuar mejorando su calificación de la deuda soberana. Si bien observan avances en diversos indicadores, las reservas, el riesgo político y la dinámica cambiaria siguen siendo factores clave en su análisis.Vale recordar que en mayo pasado, la entidad había subido la calificación de riesgo crediticio a largo plazo de la Argentina en moneda extranjera y local a “B-” desde “CCC+”, con una perspectiva estable.PUBLICIDAD“La calificación de Argentina refleja una mejora estructural de los equilibrios fiscal y externo, avances en las reformas económicas, mejores perspectivas para la acumulación de reservas en moneda extranjera y nuestra expectativa de que el Gobierno obtendrá financiamiento suficiente para cumplir con sus obligaciones de deuda”, argumentaron.No obstante, señalaron que persisten limitaciones. En este sentido, Todd Martinez, director senior y codirector para las Américas del grupo de calificaciones soberanas de Fitch, indicó que todavía hay fundamentos cuantitativos que no lucen tan sólidos. Señaló que la Argentina es más rica que muchos países comparables y, si se excluye la deuda intra sector público, el nivel de endeudamiento es relativamente bajo. Sin embargo, tiene una de las menores ofertas monetarias entre los mercados emergentes y un mercado financiero muy poco desarrollado. “Eso es una debilidad estructural que va a demorar en mejorar”, explicó el ejecutivo.PUBLICIDADEn el frente externo, sostuvo que “si bien Argentina tiene una buena cuenta corriente, recibe poca inversión extranjera directa”.Todd Martinez, director senior y codirector para las Américas del grupo de calificaciones soberanas de FitchPero de todos los fundamentos, Martinez aseguró que el que más influye en la calificación es el nivel de reservas internacionales y su capacidad de cobertura. Destacó que Argentina sigue siendo uno de los países emergentes con menores reservas disponibles en relación con el PBI, excluyendo el swap con China. Además, ”son bajas en relación a la muralla de vencimientos que el país debe afrontar en los próximos años".PUBLICIDAD“En las categorías más bajas de calificación importan el crecimiento, la riqueza y la estabilidad política, pero lo que más pesa es algo muy simple: cuántos dólares tiene un país, cuántos puede conseguir prestados en los mercados y cuántos necesita para afrontar sus vencimientos. Ese ratio históricamente no fue favorable para Argentina y todavía no es muy bueno”, precisó.Al mismo tiempo, Martinez relató que aunque el país venía encontrando los dólares necesarios para cumplir con sus obligaciones —a través del blanqueo y del financiamiento del FMI, por ejemplo—, eso fue suficiente para justificar una mejora hasta CCC+. Para pensar en una nueva suba de categoría “no solo queríamos ver al Gobierno sacando conejos de la galera para pagar la deuda, sino que más previsibilidad, de la mano de la acumulación de reservas”.PUBLICIDAD“Y eso es justamente observamos este año. Las compras de dólares por parte del Banco Central avanzaron a muy buen ritmo y ya superaron los USD 10.000 millones. Si bien parte de esas compras se compensa con pagos de deuda, vemos una mejora tanto de las reservas brutas como de las netas”, puntualizó el analista. En ese sentido, resaltó que el Gobierno está encaminado a cumplir las metas acordadas con el FMI. “Sin dudas, esa fue la clave para la suba de la calificación en mayo”, remarcó.Otro elemento que buscaban era evidencia de acceso al financiamiento. Argentina decidió no volver a los mercados internacionales, a diferencia de Ecuador y Bolivia, que emitieron deuda pagando una tasa del 9%. Desde su perspectiva, esa fue una decisión razonable para esos países, porque les permitió construir colchones de liquidez en un contexto internacional incierto.PUBLICIDADMartinez: "Estamos viendo una mejora tanto de las reservas brutas como de las netas” (Imagen Ilustrativa Infobae)“A pesar de no hacer eso, lo que sí nos gustó es que el Gobierno ha sido bastante proactivo. En lugar de acudir a los mercados, identificó otras fuentes de financiamiento y de más largo plazo, por lo que no vencen junto con la muralla de vencimientos de los bonos. Para nosotros, esa también es una forma de acceder a los mercados: utilizar el mercado local. Son dólares genuinos, no están atrapados por ningún cepo y se está colocando deuda que vence después de las elecciones”, enfatizó Martinez.Aunque todavía no considera completamente despejado el panorama para 2027, confía en que el Gobierno seguirá en esa línea con suficiente anticipación a fin de evitar dudas sobre la disponibilidad de dólares para cubrir los pagos. PUBLICIDADApuntó además que si ocurriera alguna contingencia, existe un stock de reservas que podría utilizarse para cumplir con las obligaciones. “No sería un escenario positivo, queremos ver el Gobierno acumulando reservas en vez de usándolas para pagar deuda”, afirmó.Martinez aseguró que Argentina, para llegar a un umbral prudencial de reservas —en torno al 15% del PBI— necesita acumular 62.000 millones de dólares. “Ahora bien, no se requiere ese monto para subir un escalón más dentro de la categoría B, pero sí para seguir mejorando su calificación. En caso de no lograrse, queremos ver un tipo de cambio 100% libre y una población que no sea sensible a los movimientos cambiarios, de modo que el país no necesite reservas. Sin embargo, lo más probable es que se quiera mantener cierto margen de maniobra para manejar el tipo de cambio”, planteó.PUBLICIDAD“También estaremos observando la política cambiaria. No sabemos qué va a pasar con el tipo de cambio, pero yo había dicho hace dos años que, para acumular reservas y estabilizarse, Argentina iba a necesitar ser un país muy barato durante un buen tiempo, como ocurrió en 2004. Ya no pensamos eso porque aumentó la confianza”, sostuvo.Igualmente, presentó dudas respecto de qué hará el equipo económico si el año próximo hay presión sobre el tipo de cambio. “¿Va a intervenir dentro de la banda para planchar el dólar y gastar reservas, desviándolas de otros usos? ¿O va a dejar flotar el tipo de cambio? Claro que, si hubiera un shock tan severo que el tipo de cambio llegara al techo de la banda, tendrían que vender dólares y ese sería un escenario muy adverso".PUBLICIDAD REUTERS/Dado Ruvic/IlustraciónPor otra parte, cree que todavía falta, dentro del proceso de estabilización, una mayor demanda de pesos, lo cual permitiría acumular reservas sin esterilizar. Sin embargo, existen dos elementos positivos. Primero, durante los episodios de dolarización los dólares permanecieron dentro del país; no hubo fuga de capitales. Segundo, el crecimiento económico continúa mostrando cifras positivas.La principal preocupación tiene que ver con la composición de ese crecimiento, concentrado en sectores menos demandantes de empleo. “Desde nuestra perspectiva, el aspecto positivo es que finalmente el crecimiento está impulsado por la inversión y por actividades que generan dólares, teniendo en cuenta que la debilidad histórica de Argentina es que es un país que le cuesta generar dólares, pero no le cuesta endeudarse en dólares”, agregó.La cuestión es que quizás la sociedad no siente tanto esa expansión económica: “Los salarios y pensiones reales no han recuperado sus niveles de 2022”.De todos modos, opinó que la transición, donde hay ganadores y perdedores, es probablemente inevitable. Como ejemplo, mencionó el caso de Uruguay, país en el que también existen debates sobre el atraso cambiario y las diferencias de dinamismo entre sectores.Por último, remarcó que el riesgo político, el llamado “riesgo kuka”, resulta un agravante. “En otros países hay elecciones muy relevantes, pero no producen el mismo nerviosismo. Uno podría decir que los fundamentos de Argentina son buenos, pero que estamos sobreponderando el riesgo político”, dijo Martinez.