Ciudad de Guatemala (EFE).- Las secuelas de la tormenta tropical Cristina han evidenciado la vulnerabilidad de las poblaciones del Pacífico de Guatemala, donde el aumento del nivel del océano y el fuerte oleaje no solo destruyen residencias, sino que transforman la geografía local.

En el municipio porteño de Iztapa, en el departamento (provincia) sureño de Escuintla, los habitantes enfrentan un fenómeno destructivo que avanza año con año y que en las últimas horas penetró con fuerza en las zonas habitadas.

El fuerte oleaje provocó que el mar carcomiera más de tres metros de playa y alcanzara la orilla del cementerio de la aldea El Conacaste, donde el colapso de los nichos obligó a la comunidad a retirar los restos de sus fallecidos.

«La verdad es que estamos preocupados y tristes porque sobrevivimos con el turismo y se nos va un poco; el mar año con año hace esto, pero si tenemos la ayuda de una tormenta, esto se vuelve peor de lo normal y se vuelve más caos», relató a EFE Verónica Florián, vecina de la localidad.

Florián describió con alarma que la situación es crítica debido a que la fuerza del agua escarbó por debajo de la costa hasta dejar «como dos metros del pavimento en el aire».