Inmigraci�nTras los apu�alamientos de Mannheim, Solingen y Aschaffenburg, la exigencia de control migratorio deja de ser patrimonio de la ultraderecha para convertirse en una demanda transversal que hoy gobierna AlemaniaEl canciller Friedrich Merz, ayer, en Berl�n.AFPCarmen Valero Berl�nActualizado Jueves,
junio
02:20La inmigraci�n es uno de los asuntos m�s espinosos de Alemania. El pa�s alberga a m�s de tres millones de refugiados y personas bajo protecci�n internacional, entre ellos m�s de un mill�n de ucranianos y cerca de un mill�n de sirios llegados durante la crisis migratoria de 2015, cuando Angela Merkel abri� las fronteras a quienes hu�an de la guerra y del colapso humanitario en Siria. Pero la contestaci�n que marc� aquellos a�os ha dejado las calles para instalarse en las urnas, el Parlamento, los tribunales y el Ministerio del Interior. Uno de los detonantes de ese cambio fueron los apu�alamientos mortales de Mannheim, Solingen y Aschaffenburg.En dos de esos casos, las autoridades hab�an rechazado previamente las solicitudes de asilo de los agresores o hab�an decidido que deb�an abandonar Alemania. La exigencia de un mayor control de la inmigraci�n y de m�s seguridad dej� as� de ser patrimonio casi exclusivo de la ultraderecha para convertirse en una demanda transversal, alimentada por las dudas sobre la capacidad del Estado para ejecutar expulsiones y hacer cumplir sus propias decisiones migratorias.A ello se suma una poblaci�n irregular dif�cil de cuantificar. Seg�n los �ltimos datos de Eurostat, las autoridades alemanas detectaron en 2024 cerca de 250.000 personas sin permiso de residencia o estancia legal, la cifra m�s elevada de toda la Uni�n Europea y alrededor del 27% del total registrado en el conjunto comunitario.El cambio en la pol�tica migratoria se percibe con claridad desde la llegada al poder de los conservadores de Friedrich Merz, que gobiernan en coalici�n con el Partido Socialdem�crata. El nuevo Ejecutivo —en el que figuras especialmente duras en materia migratoria, como el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, desempe�an un papel central— ha situado el endurecimiento migratorio en el centro de su acci�n de gobierno: m�s controles fronterizos, m�s devoluciones y una pol�tica de deportaciones m�s agresiva. Alemania mantiene controles en sus fronteras con Polonia, Rep�blica Checa, Austria y otros pa�ses vecinos, una medida que hace apenas unos a�os habr�a resultado dif�cil de imaginar en el coraz�n del espacio Schengen. Responde as� no solo a una creciente demanda social de mayor control y seguridad, sino tambi�n a uno de los principales argumentos que durante a�os impuls� el avance electoral de Alternativa para Alemania.Alemania deport� el pasado a�o a m�s de 20.000 personas, la cifra m�s elevada de los �ltimos a�os. Se han reanudado los vuelos de expulsi�n a Afganist�n y ampliado las deportaciones de delincuentes condenados a sus pa�ses de origen. Paralelamente, el Gobierno ha impulsado medidas para reducir el atractivo del pa�s como destino migratorio. Los nuevos refugiados ucranianos, por ejemplo, ya no reciben autom�ticamente las mismas ayudas sociales que hasta ahora, una decisi�n que el Ejecutivo justifica por la necesidad de reducir incentivos y limitar el llamado efecto llamada.El endurecimiento alcanza tambi�n al discurso pol�tico. Esta primavera, tras recibir con honores de Estado al presidente interino sirio, Ahmed Sharaa, Merz afirm� que alrededor del 80% de los m�s de 900.000 sirios residentes en Alemania deber�an regresar a su pa�s en los pr�ximos a�os para participar en su reconstrucci�n. Berl�n impulsa adem�s, junto a otros socios europeos, una ampliaci�n de la lista de pa�ses considerados seguros para acelerar la tramitaci�n de solicitudes de asilo y facilitar las devoluciones, y ha suspendido la v�a r�pida hacia la nacionalidad alemana introducida por el anterior Gobierno, que permit�a a determinados extranjeros obtenerla tras cinco a�os de residencia.Tras una d�cada de acogida masiva, el debate migratorio alem�n ha cambiado de naturaleza. La pregunta dominante ya no es cu�ntas personas puede recibir el pa�s, sino qui�n puede quedarse, qui�n debe marcharse y c�mo evitar que Alemania siga siendo percibida como el destino m�s atractivo para quienes buscan un futuro mejor en la UE.








