Los líderes políticos y religiosos de Irlanda del Norte han podido comprobar en las primeras horas de este miércoles, cuando todavía no se han apagado los rescoldos de una prolongada noche de violencia en Belfast y otras partes del territorio, que sus llamadas a la calma han sido inútiles. Coches, autobuses, cabinas telefónicas y contenedores incendiados. Viviendas donde supuestamente residían inmigrantes, o simplemente personas de alguna minoría étnica, completamente en llamas después de que grupos de violentos las escogieran como objetivos que debían ser “liberados”. La chispa había saltado con una agresión registrada en la noche del lunes: un hombre de 30 años y origen sudanés intentó decapitar con un cuchillo de cocina a un vecino del norte de Belfast. La víctima, de unos 40 años, ha perdido un ojo y permanece en el hospital en estado grave, con heridas en la cara, el cuello y la espalda. El agresor, que había volado desde Sudán a París, luego a Dublín y desde allí en autobús hasta Belfast, adonde llegó en febrero de 2023, disfrutaba de un visado temporal de cinco años en calidad de solicitante de asilo, otorgado por el Ministerio británico del Interior.Acusado formalmente de intento de asesinato, ha comparecido en la mañana de este miércoles ante un tribunal de Belfast, donde ha sido procesado y que ha dado finalmente a conocer su identidad: se trata de Hadi Alodid. Stephen Ogilvie, la víctima, es trabajador de radiología del Servicio Nacional de Salud. El juez ha dictado prisión preventiva para Alodid hasta que vuelva a comparecer ante el tribunal el 8 de julio.La explosión de violencia contra los inmigrantes que siguió a la agresión ha dejado por el momento cinco heridos: tres civiles y dos agentes de policía. Hay también un centenar de personas investigadas por su participación en los disturbios, según ha contado el jefe de Policía de Belfast, Jon Boutcher, en rueda de prensa.En esa misma comparecencia, el secretario de Estado para Irlanda del Norte, Hilary Benn, ha atribuido los incidentes a “matones encapuchados”. “Nada puede justificar la violencia que vimos anoche en las calles de Irlanda del Norte”, ha dicho. Los organizadores de las protestas, lejos de “proteger” a las comunidades locales como aseguran, están “haciendo exactamente lo contrario”, ha enfatizado.La propia familia de la víctima del ataque con cuchillo ha pedido calma en un comunicado, destacando la valiosa contribución de los inmigrantes a la sociedad británica. En la nota, difundida a través del diputado Phillip Brett, dan las gracias a los viandantes que ayudaron a su familiar en el momento del ataque: “Su rápida actuación le salvó la vida, y jamás olvidaremos lo que hicieron por él en ese momento”, afirman. A continuación, instan a quienes se sienten indignados por lo sucedido a no caer en la violencia, y reivindican el papel de los inmigrantes en la sociedad.“Queremos dejar muy claro que los disturbios nocturnos no son bienvenidos y que la protesta pacífica es la única vía. Contamos con muchos inmigrantes que realizan una valiosa contribución a nuestro país, incluso en nuestro sistema de salud y en el sector de la hostelería, y dependemos de ellos para que nuestro país funcione. No queremos que esta terrible tragedia se utilice para dividir a la gente ni para avivar la hostilidad”, reza el comunicado.00:33El vídeo del ataque de Belfast que ha desatado protestas violentas contra inmigrantesVarios ciudadanos neutralizan y golpean al agresor de Belfast que intentó decapitar a un varón con un cuchillo de cocina.Vídeo: reuters“Grupos de hombres enmascarados forzando con el fuego la salida de sus hogares de familias enteras”, denunciaba con frustración ya el martes por la noche la ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O´Neill, del partido republicano Sinn Féin. “Eso es simplemente cobardía asquerosa”, acusaba.O´Neill había comparecido en las horas previas ante las escaleras centrales del palacio de Stormont, sede de la Asamblea Autónoma de Irlanda del Norte, acompañada de la viceministra principal, Emma Little-Pengelly, del partido unionista y protestante DUP, y del comisario jefe del Servicio de Policía de Irlanda del Norte, Jon Boutcher.Todos ellos pedían a los ciudadanos que mantuvieran la calma. Y, sobre todo, que no se dejaran arrastrar por la llamada a la violencia de “gente que no sabe nada sobre Irlanda del Norte, y que usa las redes sociales y su naturaleza tóxica para incitar a las personas a hacer lo que no quieren hacer”, señalaba Boutcher. “Cualquier preocupación respecto a la inmigración debe discutirse a través de los canales políticos”, reclamaba.Para entonces, esas redes sociales se habían inundado ya con el vídeo, grabado por testigos el lunes, en el que se veía el intento de decapitación y la reacción de un grupo de viandantes que se lanzaron a detener al agresor antes de que llegara la policía. Políticos e instituciones de Irlanda del Norte y del resto del Reino Unido han alabado el heroísmo de estas personas, y han intentado contrastarlo con el vandalismo que temían iba a desatarse en breve, como así fue.“No hay justificación para la violencia y el desorden que hemos visto, que amenaza a nuestras comunidades. Ni la hay para aquellos que animan a esa violencia, tanto online como de otro modo”, ha escrito el primer ministro británico, Keir Starmer, en X. “Está claro que se ha atacado a la gente por su origen, y no voy a tolerarlo”, ha añadido.El magnate tecnológico estadounidense Elon Musk utilizó su cuenta en la red social X, de su propiedad, con más de 240 millones de seguidores, para incitar a la protesta, informando de los puntos que la ultraderecha había elegido por toda Irlanda del Norte y por el Reino Unido para concentrarse. Tommy Robinson, el líder más relevante de esos grupos extremistas, llamó a la movilización por todo el país. Nigel Farage, de Reform UK, o Rupert Lowe, de Restore Britain (las dos facciones enfrentadas del mismo movimiento populista y antinmigración), se concertaron en culpar a las leyes migratorias de anteriores gobiernos del caos que ellos mismos estaban incitando.Irlanda del Norte está acostumbrada a estallidos esporádicos de violencia que suelen coincidir con la llegada del verano, días con más horas de luz y grupos de hombres jóvenes dispuestos a incendiar las calles. Además, durante tres décadas el país sufrió la violencia de los troubles, el choque sectario que enfrentó a católicos, protestantes y fuerzas paramilitares. Y en 2016 llegó el referéndum del Brexit y su consecuencia, el Protocolo de Irlanda, que la comunidad unionista consideró una traición de Londres que la dejaba aún más aislada.En los últimos años ha sido la inmigración irregular y la llegada de solicitantes de asilo, que los ciudadanos más vulnerables y empobrecidos ven como el chivo expiatorio de sus propias penurias, la que ha agitado las calles. Y eso a pesar de que las cifras de refugiados son ínfimas: en Irlanda del Norte hay en este momento 2.379, un 0,1% de la población, según el Law Centre Northern Ireland. En junio de 2025, la presunta violación de una menor en Ballymena, por parte de dos adolescentes de origen rumano que luego fueron declarados no culpables y absueltos, provocó un estallido de violencia con decenas de detenidos y de policías heridos. Ahora ha sido la salvaje agresión del hombre detenido en Belfast la que ha vuelto a prender la mecha.“No hay lugar en nuestras calles para esta violencia, con familias y negocios atacados, coches y autobuses incendiados y partes de nuestra comunidad en llamas”, denunciaba John Finucane, el diputado del Sinn Féin representante de la circunscripción de Belfast Norte, donde había tenido lugar el intento de decapitación.“Nadie tiene derecho a extender el miedo, aterrorizar a familias inocentes o llevar a nuestras calles un desorden salvaje e ilegal”, añadió.Varios barrios de Belfast han amanecido este miércoles como un escenario de guerra, mientras políticos y autoridades intentan explicar los motivos del enésimo estallido de violencia en la ciudad.
Noche de violencia en Belfast contra los inmigrantes tras un intento de decapitación: “Han forzado la huida de familias enteras”
Grupos de enmascarados incendian viviendas supuestamente de extranjeros y queman autobuses, coches y contenedores. “No voy a tolerar que se ataque a gente por su origen”, dice Starmer. La familia de la víctima pide poner fin a los disturbios











