Antes de que existieran animales, plantas, hongos o seres humanos, tuvo que aparecer una c�lula capaz de hacerlo posible. No una bacteria simple, con el ADN flotando en su interior, sino una c�lula con n�cleo, compartimentos internos, maquinaria energ�tica y una arquitectura mucho m�s sofisticada. Esa c�lula fue el punto de partida de todos los eucariotas, el gran linaje al que pertenecen tambi�n las c�lulas de nuestro cuerpo.Durante d�cadas, el origen de esa complejidad se ha explicado a partir de una alianza decisiva. Por un lado, una arquea, un microorganismo distinto de las bacterias pero tambi�n sin n�cleo; por otro, una bacteria que acab� viviendo en su interior. Con el tiempo, esa bacteria se transform� en la mitocondria, la estructura que todav�a hoy ayuda a nuestras c�lulas a obtener energ�a.Ahora, un estudio liderado por el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputaci�n y el IRB Barcelona, publicado en Nature, sugiere que aquella historia fue m�s larga y enrevesada de lo que se contaba. La mitocondria sigue siendo una pieza clave, pero no habr�a sido la �nica. Otros microorganismos tambi�n habr�an dejado huellas en los genes heredados por los primeros eucariotas.Para saber m�sEl trabajo, dirigido por el investigador ICREA Toni Gabald�n, reconstruye el origen gen�tico del �ltimo ancestro com�n de todos los eucariotas, conocido como LECA por sus siglas en ingl�s. Ese organismo ancestral existi� hace miles de millones de a�os y no se conserva en ning�n f�sil visible. Para rastrearlo, la clave no estaba en excavar rocas, sino en leer genomas.F�siles dentro del ADNEl equipo ha abordado el problema como una forma de arqueolog�a molecular. En lugar de huesos o huellas impresas en piedra, ha buscado parentescos entre prote�nas actuales. Para ello, compar� datos gen�micos de eucariotas, bacterias, arqueas y virus, reconstruyendo familias de genes y pregunt�ndose de d�nde ven�a cada una.La tarea exig�a una potencia de c�lculo enorme. Seg�n la documentaci�n del estudio, el proyecto ha necesitado m�s de cinco a�os de trabajo computacional y recursos del supercomputador MareNostrum. No se trataba de comparar dos genomas, sino de rastrear se�ales evolutivas antiqu�simas en una diversidad gigantesca de organismos.El resultado refuerza una idea importante: LECA no era una c�lula rudimentaria. El ancestro com�n de los eucariotas ya ten�a un metabolismo complejo, sistemas de transporte interno y maquinaria para procesar informaci�n gen�tica. No era todav�a un animal, una planta ni un hongo, pero ya conten�a buena parte del repertorio b�sico que permitir�a su aparici�n.La novedad est� en que los autores no encuentran solo las huellas esperadas de la alianza que dio origen a la mitocondria. Al reconstruir el pasado de los genes de aquella c�lula ancestral, detectan tambi�n rastros de otros grupos bacterianos. Eso sugiere que la complejidad celular no surgi� de golpe ni de una sola uni�n, sino mediante una acumulaci�n de aportaciones.Dos grupos aparecen con especial claridad. Uno es Planctomycetota, un tipo de bacterias con rasgos internos poco habituales para organismos tan simples. El otro es Myxococcota, asociado en el estudio a funciones metab�licas relevantes, incluidas algunas relacionadas con l�pidos y membranas. Dicho de forma sencilla: antes de que la mitocondria completara la historia, otros microbios ya habr�an aportado piezas importantes.El hallazgo no resta importancia a la mitocondria. Al contrario, sigue siendo decisiva. Durante la presentaci�n del trabajo, a la que asisti� EL MUNDO, Gabald�n explic� que su llegada pudo permitir a los primeros eucariotas ganar m�s energ�a, salir de ciertos ambientes y ocupar nuevos espacios. Lo que cambia es su lugar en el relato: ya no aparece como el inicio absoluto, sino como una incorporaci�n clave dentro de un proceso previo.Esa idea conecta, en parte, con la intuici�n original de Lynn Margulis. La bi�loga defend�a que la complejidad celular pod�a surgir a partir de asociaciones sucesivas entre microorganismos. No todas sus propuestas se han confirmado, pero la visi�n de una evoluci�n construida mediante alianzas microbianas queda reforzada.El estudio sit�a ese proceso en ambientes muy ricos en vida microsc�pica, como los tapetes microbianos. Son comunidades formadas por capas de microorganismos que viven juntos, cada una con condiciones qu�micas distintas. En un entorno as�, los genes pod�an pasar de unos organismos a otros con m�s facilidad.Seg�n la reconstrucci�n del equipo, el punto de partida habr�a sido un linaje antiguo de arqueas, emparentado con las actuales arqueas Asgard. A partir de ah�, el proceso habr�a incorporado genes de bacterias como Planctomycetota y, m�s tarde, de Myxococcota y de la futura mitocondria.El papel inesperado de los virus gigantesUno de los hallazgos m�s llamativos es la posible participaci�n de virus gigantes. En concreto, de un grupo llamado Nucleocytoviricota, conocido por tener genomas mucho m�s grandes que los de la mayor�a de virus y por infectar a eucariotas unicelulares. Seg�n el estudio, pudieron mover genes de unos microorganismos a otros durante aquel proceso primitivo.La idea cambia la imagen habitual de los virus como simples agentes destructivos. En este contexto, habr�an funcionado tambi�n como mensajeros gen�ticos. Al infectar a distintos organismos de un mismo ecosistema, pudieron recoger fragmentos de ADN, transportarlos y facilitar que acabaran incorpor�ndose al linaje que dio origen a las c�lulas eucariotas.Varios expertos consultados por el Science Media Centre Espa�a coinciden en que el trabajo es s�lido y relevante. Arnau Seb� Pedr�s, investigador ICREA en el Centro de Regulaci�n Gen�mica, destaca que el estudio refuerza una visi�n m�s gradual del origen de los eucariotas, con distintas interacciones microbianas aportando genes a los primeros linajes complejos.Juli Peret�, catedr�tico de la Universidad de Valencia, lo resume como un proceso "gen�ticamente mestizo", no como una simple uni�n entre una arquea y una bacteria. Aun as�, otros expertos piden prudencia. I�aki Ruiz-Trillo, investigador del Instituto de Biolog�a Evolutiva, advierte de que estas se�ales no permiten reconstruir con total seguridad qu� organismos concretos se relacionaron entre s� hace miles de millones de a�os.La raz�n es que, en el mundo microbiano, los genes pueden moverse con mucha facilidad. Una bacteria puede llevar genes que antes estuvieron en otra, perder otros por el camino o compartir parte de su repertorio con distintos linajes. Por eso, la historia de un gen no siempre coincide exactamente con la historia de la c�lula que lo contiene.Aunque esto no le resta importancia al hallazgo. Ya que el estudio ofrece una reconstrucci�n cada vez m�s afinada de un proceso casi imposible de observar directamente. Lo que gana fuerza es la idea de que nuestras c�lulas proceden de una historia compartida: una larga cadena de contactos, intercambios, p�rdidas e incorporaciones. Mucho antes de que existiera un cuerpo humano, una comunidad de microbios ya estaba ensayando formas de vivir juntos.