Fue uno de los grandes iconos del baloncesto español de los años 80 y 90 y dedicó gran parte de su carrera profesional al equipo que siempre ha llevado en el corazón, el Club Joventut Badalona, más conocido como la Penya. Ahí fue clave en la histórica victoria de la EuroLeague, entonces Copa de Europa, el título más importante del club, y también pieza destacada en competiciones internacionales con la selección, como los Juegos Olímpicos de Barcelona Desde la posición de escolta, aplicó inteligencia en pista y carisma fuera de ella, lo que le valió el cariño de una afición que después mantuvo al lado como presidente en uno de los períodos económicamente más duros del club.Veintinueve años después de dejar la cancha y nueve años después de salir del club, Villacampa parece seguir jugando a baloncesto en su día a día empresarial. “Cuando hago charlas”, asegura, “siempre digo que estaría muy bien que los directivos ficharan exjugadores de élite porque tienen unos valores muy buenos inculcados en el ADN”. Incluso en su cuidado físico sigue pareciendo un deportista de élite. “Tengo un pacto conmigo mismo, un reto que sé que al final perderé, pero por el que lucho. Estoy activo físicamente y esto también me lleva a estar activo mentalmente”.Lee también¿Como está, Jordi?Ahora mismo estoy muy bien, realizado y muy activo. Aunque mi vida ha sido un poco diferente a la del resto. Con 16 años ya debuto, hago un contrato profesional y convivo en un vestuario con gente de 25, 30 o 35 años. Esto me hace madurar antes y, en este aspecto, mi adolescencia pasa rápido. Cuando la gente empieza a despuntar en su carrera como arquitecto, médico o ingeniero, la nuestra, la de los deportistas de élite, se acaba y entonces nos tenemos que adaptar a otro tipo de vida. Somos gente conocida, pero este conocimiento desaparece y empiezas a ser bastante más anónimo. Todo ello es otra realidad que cuando eres joven no piensas que te puede pasar, y te pide una adaptación.¿Cree que esta carrera tan a primera línea ha hecho que sacrifique ciertas cosas?Nunca he tenido fines de semana, nunca he podido ir a esquiar, nunca he podido ir en moto, nunca he podido ir en bicicleta, hacer submarinismo, ir con los amigos a pasar un fin de semana largo… porque siempre estaba jugando y en verano estaba con la selección. Mi familia eran los compañeros de equipo, porque con ellos pasaba muchas horas. ¡Pero a mí me compensaba todo lo que hacía! Al ir creciendo, he ido viendo gente que está en lugares de trabajo que no le gustan, pero yo he tenido la suerte de hacer lo que me apasiona.Villacampa es un icono del baloncesto español. Pau Venteo / ShootingEsta visión tan sensata y tan madura de lo que es la carrera de un deportista de élite, ¿la tenía ya cuando estaba en medio de la vorágine o la ha ido aprendiendo a medida que ha ido cogiendo perspectiva?Bien, ahora lo veo desde una perspectiva diferente, porque el mundo ha ido evolucionando a mejor en cuanto a la atención al deportista de élite. Antes éramos profesionales, pero nos faltaban medios. No había nutricionista y era el mismo médico quien nos hacía el menú, que, como la preparación física, era general y no específico para cada jugador. Todo esto ha ido mejorando mucho y hoy se sabe que una parte muy importante en el deporte de élite es lo que te pasa por dentro de la cabeza, sobre todo en momentos importantes o de quererte esconder y pasar desapercibido porque no te ves capaz de estar bien. A los 20 años, yo pasé una época no demasiado buena. Me echaron de las Olimpiadas de Los Ángeles, pero con ayuda lo hubiera afrontado mejor y quizá no me hubiese pasado lo que me pasó. En aquel momento, decir que no estabas bien se podía ver como una debilidad, pero hoy en día ya se sabe que no va por ahí y se ha ido introduciendo la figura del psicólogo. En aquella época te lo comías tú solo y te apañabas como podías.¿En qué se asemeja hoy a aquel Villacampa tan joven?Intento buscar cosas que me apasionen e inculcar los valores que aprendí cuando jugaba, que son muy buenos. Cuando hago charlas, siempre digo que estaría muy bien que los directivos ficharan exjugadores de élite porque tienen unos valores muy buenos inculcados en el ADN, como compartir, saber ganar, saber perder, intentar ser mejor… ¡Esto en el mundo empresarial es impensable! ¡Que un jefe le diga a un directivo que hoy no va a la reunión porque su compañero lo hace mejor! En baloncesto, juegan cinco y el que está en el banquillo aplaude cuando los compañeros lo hacen bien, sabiendo que están jugando en su lugar. Estos valores me los llevé cuando acabé en el mundo del baloncesto.Estaría muy bien que los directivos ficharan exjugadores de élite porque tienen unos valores muy buenos, como compartir o intentar ser mejorJordi VillacampaMe interesa este paralelismo entre la pista de baloncesto y el mundo laboral o incluso personal…Desde pequeño he tenido diferentes entrenadores y su manera de llevar el equipo es extrapolable totalmente al mundo de la empresa y a la vida. Lo que es importante es que el entrenador o el directivo te lleve al éxito, pero tú te tienes que adaptar para darle la confianza que así es. ¡La palabra ‘adaptar’ es tan importante en esta vida! Por ejemplo, tuvimos a Željko Obradović, un entrenador buenísimo que fue nueve veces campeón de Europa. Era exigente, gritaba, te faltaba al respeto, pero iba de cara, no tenía filtros. También tuvimos a Lolo Sainz, un gran gestor de grupo. No gritaba y conseguía que estuviesen contentos los que jugaban y los que no jugaban. Todos estábamos contentos, todos íbamos a una, sabiendo cuál era nuestro objetivo. En el trabajo empresarial pasa lo mismo. El club tenía socios, la empresa tiene clientes. El club tenía escudo; la empresa tiene anagrama. El mundo del deporte es totalmente extrapolable al mundo de la empresa, y esto es lo que he intentado aplicar cuando ya no he estado dentro del club.Usted tiene dos hijos. ¿En casa ha intentado aplicar también esa filosofía?Totalmente, lo que pasa es que, aunque he intentado educar a los dos hijos igual, las personas son un género individual. Aquí influyen muchas más cosas, como su carácter, su ambición, sus retos personales, su visión de la vida... Aunque les haya educado igual, tengo dos hijos diferentes ¡y me gusta que así sea! Lo que me interesa es que, cuando rascas, son buena gente. Es como una planta que vas regando. Cuando eran pequeños intentamos que la planta saliera recta, pero ahora ellos tienen la posibilidad de decidir sobre su vida y lo que creen que tienen que hacer.Cuando se retiró de la pista a los 34 años, ¿lo hizo porque se sentía mayor?Es una cosa que medité un tiempo antes. Soy muy previsor y esto me lleva a sufrir porque pienso mucho en el futuro y en cosas que me pueden pasar. Estoy muy alerta siempre y esto a veces me perjudica. Sé de grandes jugadores que no han estado a la altura cuando han tenido que dejarlo, pero en este caso preví que me había llegado la hora y, cuando ya no di el 100%, dije hasta aquí. Acabé lleno y contento conmigo mismo.Desde aquellos 34 años hasta hoy que tiene 62, ¿nota que el cuerpo responde de manera diferente?Yo tengo un pacto conmigo mismo, un reto que sé que al final perderé, pero que lucho. Tengo 62 años y desde hace un tiempo me cuido bastante para tener una vejez buena y que, si pudiera ser, estuviera bien, todo cayera de golpe y me fuera. Quiero ser activo y tengo ilusiones, pero no sé cómo engañar al cuerpo, ¿sabes? Soy realista, tengo los pies en el suelo y sé la edad que tengo, pero intento cuidarme, estoy bastante activo físicamente y esto también me lleva a estar activo mentalmente. Una cosa lleva a la otra. Si tú físicamente ya no estás bien, te quedas en casa, no sales, te vas haciendo como una bola y al final la bola puede contigo. Este es mi reto. Sé que perderé al final, porque todo se acaba, pero de momento la lucha es seguir.Lee también¿Qué deporte practica para estar activo?Ya no juego a baloncesto porque es muy agresivo, pero juego a golf, hago ejercicio de fuerza y ando bastante, más o menos una hora y cuarto, una hora y veinte, día sí, día no, o dos días seguidos. Lo que sí hago mucho son los ejercicios de fuerza, porque la sarcopenia, la pérdida de masa muscular, nos afecta a todos a partir de los treinta años y deriva en que tu salud no esté bien. La fuerza es lo más importante, más que el andar.¡Lo veo muy puesto en el tema, Jordi!¡Hago muchas cosas, sí! También en verano, cuando voy a Menorca, hago mucha bicicleta. Aquí hay muchos coches, pero allí me encanta ir por caminos de la Menorca profunda, que son preciosos. También voy en barco. Y hago el ayuno intermitente. Como de todo: bastante sano, nada de ultraprocesados y evitando demasiados azúcares. Cuando eres joven, lo asimilas y lo quemas todo, pero ahora que me hago mayor, intento ayudar al cuerpo haciéndolo descansar 18 horas, entre 21 h y 13.30 h, y después comiendo normal, de 13.30 h a 21 h.Hago ejercicios de fuerza, porque la sarcopenia nos afecta a todos a partir de los 30 añosJordi VillacampaEl club de la vida de Villacampa es La Penya. Pau Venteo / Shooting¿Y come lo que quiere?Mi mejor momento del día, que era mi comida preferida, era el bocadillo que me hacía por la mañana. Ahora lo he eliminado y me tomo un café. Pero sigue siendo mi mejor momento del día. A veces piensas que no puede haber nada mejor de lo que haces, pero cuando cambias de hábitos te das cuenta que eres capaz de hacerlo. ¡A veces salir de tu círculo de confianza es muy bueno para mejorar cosas!Hemos hablado de un cambio de hábitos físicos, pero ¿cree que el hacerse mayor ha cambiado también su carácter?Intento enfadarme menos porque el tiempo que me queda es finito y no quiero malgastarlo. También he mejorado mucho el “quedabien”, mucho, mucho, mucho. Antes me costaba decir que no, pero ahora rechazo lo que no me apetece. Evidentemente, la edad también te lleva a tener muchas más experiencias y a ser algo más sabio. Puedes aconsejar, pero es bueno que los que vienen detrás también se equivoquen.Si tuviera delante Jordi Villacampa de 20 años, ¿qué le diría?No le diría nada porque sería resabiado. Hizo de todo, se lo pasó bien, vivió momentos de estar serio y concentrado y momentos de desmadre en que hizo sus gamberradas. Pero está bien, cada edad tiene lo suyo y hay que aprovecharla a tope. Si te equivocas, y me he equivocado muchas veces, tienes que asumirlo. Todo lo que he pasado está bien, con todo lo bueno y todo lo malo.Ahora que ya tiene esta perspectiva y que acepta la vida tal como viene, ¿que cree que da sentido a todo ello?La vida es un río y tú vas andando por él, te lanzas, te vas encontrando gente que se incorpora y que después de va… pero al final quien queda siempre es la familia: los hijos, la mujer, los padres... Me arrepiento de no haber estado más con mis padres cuando jugaba. Ahora sí que estoy por ellos. Mi madre ya no está, pero por mi padre, que tiene 93 años y está la mar de bien, sí que estoy. Aprecio estas cosas porque sé lo que es cuando faltan. Aquel que te dice que tiene muchos amigos… ¡No existen tantos amigos! Amigos puedes tener uno, dos, tres, contados con los dedos de la mano. Los otros son conocidos. Conozco gente que tiene mucho dinero, pero que está sola. Quizás tienen un barco fantástico, pero están solos. Prefiero tener un barquito pequeño, pero con mis amigos dentro.¿Piensa en lo que quedará de usted el día que ya no esté?El ego ya lo tengo lleno: he jugado, me han aplaudido, me han abucheado, me han elevado, me han criticado… ¡y me han hecho un homenaje de despedida impresionante! Pero sí creo en los legados, sí creo que la gente tiene que pasar por aquí para dejar huella. Me gustaría, puesto que lo he hecho, dejar esta huella. No se si se acordarán o no, pero yo sí sé que con el equipo hemos sido una parte muy importante de la historia del club que más amo, el Club Joventut Badalona. Sé que no es muy importante si lo comparas con otras cosas, pero ha sido mi vida y puedo estar contento y orgulloso de dejar este legado, de haber sido referente en una época, de haber llevado al club arriba del todo. Y a nivel personal, intento que mis hijos y la gente que quiero me vea con buenos ojos, básicamente. ¡Me gustaría, pero espero que todavía falten unos años para que pase!
Jordi Villacampa, exjugador de baloncesto, 62 años: “A los 20 me echaron de las Olimpiadas y pasé una mala época; entonces te lo comías tú solo y te apañabas como podías”
Villacampa dedicó gran parte de su carrera profesional al Club Joventut Badalona; veintinueve años después de dejar la cancha y nueve tras salir del club, parece seguir jugando al baloncesto en su día a día empresarial













