En las primeras l�neas de El loro de Flaubert (1983), la novela con la que miles de lectores espa�oles supieron por primera vez de Julian Barnes, el personaje de Geoffrey Braithwaite se hac�a tres preguntas seguidas: "�Por qu� la escritura nos hace perseguir al autor? �Por qu� no podemos dejarlo en paz? �Por qu� no nos basta con los libros?". Despu�s de unas l�neas, Barnes/Braithwaite retomaba el hilo: "�C�mo es que las reliquias nos ponen tan cachondos?". 42 a�os despu�s de la publicaci�n de El loro de Flaubert (traducida al espa�ol en 1986 en edici�n de Anagrama, como todos sus libros), Julian Barnes est� al otro lado de la reliquia. El jurado del Premio Princesa de Asturias ha elegido al escritor ingl�s ganador del galard�n de las Letras de su edici�n de 2026 en reconocimiento a su obra: 15 novelas firmadas con su nombre, un par de historias de detectives publicadas con seud�nimo, tres colecciones de relatos y 10 ensayos. Suficientes para dejar un impacto verdadero en la cultura europea.El novelista ingl�s es, seg�n el fallo del Premio Princesa de Asturias, un "extraordinario narrador y ensayista, dotado de humor, iron�a y de un 'optimismo melanc�lico y un pesimismo alegre', seg�n sus propias palabras. Barnes ofrece una visi�n l�cida, c�lida y compasiva del g�nero humano y emplea la memoria como configuradora de identidad sin renunciar a la imaginaci�n, con el amor como principio esencial. Su obra reelabora, con mirada europe�sta, la historia de la literatura, el arte, la m�sica e incluso la gastronom�a, hasta alcanzar un estilo �nico, que lo singulariza dentro de una generaci�n de autores brit�nicos especialmente brillantes, que ha marcado la literatura contempor�nea", afirma el jurado, presidido por el director de la RAE, Santiago Mu�oz Machado, y del que ha formado parte el periodista de EL MUNDO Antonio Lucas.El mundo no ha dejado en paz a Julian Barnes desde aquellas l�neas casi inaugurales en las que estaban muchas claves para entender su obra. Ah� estaba Francia, el pa�s con cuya cultura ha dialogado siempre el autor, y ah� estaba el muy londinense dettachment, el desapego de s� mismo un poco guas�n que le hac�a preguntarse al narrador �qu� haces aqu�, qu� sentido tiene esto? Ah� estaba tambi�n la literatura como tema de la literatura: Barnes se preguntaba por Flaubert que, como el t�tulo de El loro de Flaubert indica, era el escritor al que Braithwaite no pod�a dejar tranquilo. Flaubert, el monstruo del realismo burgu�s, el escritor m�s odiado por Sartre, el novelista m�s novelista que podr�a imaginarse... Barnes eleg�a a aquel que fue el villano intelectual de su generaci�n para escribir una novela postmoderna, basada en una an�cdota (el loro que Flaubert mand� disecar) y en un personaje que tend�a al delirio obsesivo. El loro de Flaubert era la biograf�a de un �dolo que se convert�a en la cr�nica de un viaje a la locura. En los mismos a�os en los que Paul Auster luchaba por sacar adelante la Trilog�a de Nueva York y Roberto Bola�o escrib�a poemas y fanzines en un c�mping, Barnes ya hab�a roto el hielo.Para saber m�sAlgunos datos biogr�ficos: Julian Barnes naci� en Leicester en 1946, hijo de dos profesores de franc�s con los que tuvo una relaci�n distante durante muchos a�os. La familia se mud� en seguida. En 1947, los Barnes se instalaron en Londres y en 1957, en Northwood, un suburbio casi rural de la capital del Reino Unido que puso el escenario de la primera novela de Barnes, Metroland (1980). Antes, Julian pas� por Magdalen College, en Oxford, donde estudi� Filosof�a, Franc�s y Ruso. Lleg� a pasar el examen de barrister, de abogado litigante, pero se decant� por el periodismo. En 1977, empez� a trabajar como asistente de Martin Amis en la direcci�n de la revista New Statement. Pronto empez� a escribir cr�ticas gastron�micas y de televisi�n. Barnes ha dicho que la idea de escribir fue una conquista muy paulatina en su vida. Primero quiso ser un buen lector, porque pensaba que escribir era un derecho que ten�an otros. Despu�s, la revista le dio permiso para tantear con sus propios textos. En 1979, se cas� con Pat Kavanagh, una agente literaria que le dio la autoestima necesaria. Y en 1980, apareci� Metroland, su primera novela. Barnes ten�a 34 a�os y su nombre apareci� en seguida en una lista de los mejores escritores j�venes del Reino Unido: McEwan, Rushdie, Ishiguro, Boyd, Amis...Metroland era una historia de iniciaci�n que viajaba de las afueras a la ciudad y que ligaba a dos personajes, Christopher y Toni. El destino de Christopher tend�a a la madurez o, quiz�, al conformismo; el de Toni, hacia lo sublime y el narcisismo. No hab�a una respuesta correcta en el dilema de los dos personajes. Metroland, en ese sentido, llevaba hasta Inglaterra, Inglaterra, otra de las grandes novelas de Barnes, protagonizada por Martha, una joven que es incapaz de decidir si prefer�a ser como Christopher o como Toni. En Inglaterra, Inglaterra, el paisaje era una distop�a guasona. Martha trabajaba para un arist�crata que hab�a tenido una idea que hoy nos parece prof�tica: como la vieja Inglaterra hab�a dejado de existir, el patrono convert�a la isla de Wight en un parque tem�tico que recog�a todo lo que se perdi� con el mundo global: la arquitectura tradicional, las viejas cortes�as, el alcoholismo a la antigua... Barnes, el escritor que hablaba de Flaubert y de los novelistas rusos del siglo XIX, escrib�a antes del final del siglo XX f�bulas que dejan a Black Mirror en un entretenimiento. M�s novelas: Inglaterra, Inglaterra hac�a pareja con Metroland pero tambi�n con El puercoesp�n (1992), otra s�tira pol�tica ambientada en la ca�da de las rep�blicas socialistas de Europa Central. Arthur & George (2005), en cambio, ten�a que ver con El loro de Flaubert, que redescubr�a a Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, y lo convert�a en un h�roe pintoresco, esot�rico y extravagante. Su Arthur descubr�a el caso de George, un parsi ingl�s, m�s ingl�s que nadie, acusado injustamente de un crimen que ni siquiera existi�. Aquel libro de 528 p�ginas, casi una superproducci�n, fue la plenitud de Barnes como narrador pero no su final. Y hay a�n otra pareja obvia de libros: Hablando del asunto (1993) y Amor, etc�tera (2003) eran variaciones del viejo tema flaubertiano del tri�ngulo amoroso, escritos desde el humor y la compasi�n.Desde entonces, la obra del novelista ha girado hacia registros m�s �ntimos y reflexivos. En 2008, muri� Pat Kavanagh. Ese a�o, Barnes escribi� Nada que temer, una memoria familiar tierna, ir�nica y dirigida a la reconciliaci�n, famosa por una frase: "No creo en Dios pero lo echo de menos". En 2014, El sentido de un final fue un regreso a la novela hecho para explicar el sentido de la amistad en la hora del adi�s. Niveles de vida (2017) tambi�n ten�a la apariencia de una novela hist�rica pero hablaba de la muerte y de la p�rdida... Cada obra era m�s delicada y preciosa que la anterior.Y as�, hasta Despedidas (2026), otro texto h�brido entre la ficci�n y el ensayo, confesional y po�tico, gracioso y crudo al nombrar al c�ncer �incurable pero tratable� que Barnes sufre y de sus visitas al hospital. �En mi pa�s nos tomamos las cosas mucho m�s en serio cuando son divertidas. Nuestro mayor escritor, Shakespeare, nunca falla: incluso en las obras m�s serias o tr�gicas, siempre hay un personaje c�mico o un buf�n que termina diciendo la verdad. Ser gracioso es, en el fondo, una forma de ser serio. Esa es para m� la gran innovaci�n�, dijo Barnes en su �ltima visita a Barcelona. �Hay �ltimas frases famosas. Mi favorita es la de un arist�crata ingl�s que, muri�ndose, le dijo a su mujer: 'Estamos muy bajos de mermelada'. Me parece maravilloso tener un pensamiento tan banal en el momento en que se te apaga el coraz�n. Espero que mis �ltimas palabras sean algo como '�Hemos ganado el Mundial!'�.
Julian Barnes, novelista adelantado a su tiempo, gana el Premio Princesa de Asturias de las Letras
En las primeras l�neas de El loro de Flaubert (1983), la novela con la que miles de lectores espa�oles supieron por primera vez de Julian Barnes, el personaje de Geoffrey...










