Llamémosle nervios preparto. La Ciudad de México, única sede que podrá presumir tres inauguraciones mundialistas, está que se come las uñas en horas previas a su nueva cita por hospedar un Mundial. Los chilangos estamos otra vez de parto; y a pesar de la experiencia de México 70 y 86, parecemos primerizos a las puertas del sanatorio, con gritos y jaloneos por doquier. A final de cuentas, todo saldrá bien. Porque cuando un mexicano dice “mi casa es su casa” no solo es cortesía: nos hacemos cargo de que, de tomarnos la palabra, las visitas nos verán hasta las costillas de esos grandes y pequeños desvaríos que hacen de la vida en México una cosa irrepetible. Y en México 26 le hemos echado unas ganas muy, pero muy intensas a llegar a la inauguración del Mundial hechos un bonito desgarriate. Las crónicas de lo disfuncional, sobre todo para la urbe que concentra más partidos en suelo mexicano además del inaugural, están por doquier y no hace falta ya, al cuarto para las doce del silbatazo inicial, un texto más que abone al lamento del hubiera sido y no fue, al íbamos a brillar estelarmente, pero nos chingamos la rodilla. En realidad, lo que ocurrió es que, parafraseando esa filosofía del derrotismo nacional de “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, es que en esta ocasión otra vez nos esforzamos lo habitual, es decir, mediocremente, pero a la mera hora pondremos todo el corazón para que el mundo, ese que nos verá en las pantallas y sus delegados que en forma de turistas o prensa internacional nos observarán en directo, vean que a pesar de todo valemos mucho, pero mucho la pena. México vale la pena de un metro sin mantenimiento y unas lastimosas calles porque, al mismo tiempo puedes, en ocasión del Mundial, ir a una exposición de Annie Leibovitz que, cuarenta años después, retoma un concepto que trabajó para México 86. Si eso no fuera suficiente, estará en Antropología, un museo que aguanta dignamente el paso del tiempo y la mediocridad de la cultura obradorista. Y cruzando Reforma, el esplendor de Frida, Diego, María Izquierdo, entre otros tesoros de la polémica colección Gelman, aguardan al visitante en el Museo de Arte Moderno. Para quienes busquen aventura artística que incluya ver Xochimilco, acaba de reabrir el Dolores Olmedo en La Noria: redondea la oferta irrepetible de arte del siglo XX. Si no hubiera futbol, la cantidad de galerías y museos además de los mencionados aguantan por sí solos como pretexto para visitar la antigua Tenochtitlán. Cuando las visitas aterricen en el Miguel Hidalgo verán una de las expresiones más rupestres de la gestión pública del movimiento político que comenzó a gobernar en 2018. La terminal aérea recibe improvisada mano de gato y todo estará sostenido con alfileres. No es la mejor cara, es la que hay. La buena noticia es que la proverbial amabilidad mexicana ayudará al recién llegado a sortear ese laberinto. Sorteada la primera prueba, como a tantos otros miles de turistas que cada año se aventuran en la urbe chilanga, les espera una oferta gastronómica tan variada y singular como pocas en el mundo. Del Pujol al Rosetta, del Quintonil al Contramar, de los tacos de la Once Mil a los del Villamelón, del Cardenal en cualquiera de sus sucursales al Voraz en la Roma. La lista solo crece por semana, así que resumirla es injusto para tantos establecimientos.Todo eso estará ahí antes y después del jueves al mediodía, el instante que más preocupa a autoridades, comentaristas deportivos, columnistas y aficionados. El emplazamiento de diversos colectivos de condicionar el Mundial a que sean atendidas sus causas no solo es entendible, sino lógico. El Gobierno lleva años de cerrazón y ahora se da cuenta de que las barreras de acero no hacen desaparecer los problemas. México atraviesa una coyuntura crítica. El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum batalla por disculpar a una camada de gobernantes obradoristas engolosinados, indolentes, disfuncionales y dispendiosos. Todo le cae a la mandataria. No hay gobernador que le ayude, no existe espíritu de cuerpo en el obradorismo. Nadie le ayuda, ella ha de sacar todas las castañas del fuego. Por eso la capital luce saturada de manifestantes y se anuncian más para el jueves, día de la inauguración. Si la única ventanilla es la presidencial, una ocasión de máxima visibilidad como lo es el Mundial hará que colectivos que requieren atención gubernamental busquen rentabilizar la obligación del gobierno de procurar total armonía en las calles y las plazas. Grupos como los maestros de la CNTE, los normalistas de Ayotzinapa, madres buscadoras de desaparecidos e incluso quienes reivindican la causa de movimientos que derivaron en sangrientas represiones como en 1968 y en 1971, de la que justamente este 10 de junio se cumplen 55 años, son parte de lo que es la capital y no iban a irse a su casa justo cuando pueden elevar la voz y ser más visibles que nunca. Lo harán y lo más previsible es que se retirarán. El juego del gato y el ratón perfecto, presión en la calle y negociación en los despachos, una tensión que pondrá a prueba los nervios de un Gobierno al que le falta mucha mano izquierda, pero no conciencia de que aguantar es clave. ¿Era concebible un Mundial mexicano con un prólogo donde las carencias sociales, la falta de justicia y los reclamos democráticos se aparcaran? No en este país, menos en este momento. México vive una discusión de alto voltaje desde antes del 2018 y particularmente a partir de entonces. Es parte de lo que nos da identidad, así también acarrea costos. Hay justo ahora una periodista desaparecida en Veracruz y una gobernadora en ese Estado que no pierde ocasión de emitir frívolas declaraciones en crisis de seguridad. El Mundial nos importa, reclamar que Roxana Guzmán aparezca, mucho más. Qué mejor momento para exigir al Gobierno que agote todo esfuerzo que cuando está por dar la bienvenida a dignatarios internacionales.Las tradiciones mexicanas maravillarán a nuestros huéspedes lo mismo que el carácter festivo que desplegaremos, no solo por triunfos de nuestro seleccionado, en las calles de esta caótica ciudad. ¿Estamos listos para el Mundial? Tanto como cuando miles vienen a disfrutar la Fórmula 1, o un partido de la NFL o de las Grandes Ligas en el estadio Harp. Sí. Estamos listos y con ánimo que no olvida la tragedia de Sinaloa pero que también sabe que hasta a Sinaloa le caería bien una selección mexicana que avance a las siguientes rondas. Así somos, así estamos: bienvenidos. Acaso parte de la estridencia de las calles en estos días es puros nervios preparto. Que sea un buen Mundial (a pesar de la FIFA).
México 2026: nervios preparto
Al Mundial de este año, el tercero que hospedaremos, le hemos echado muchas ganas para llegar a la inauguración siendo un bonito desgarriate













