Los proverbios chinos ganaron popularidad gracias a las redes sociales y, sobre todo, a su capacidad de explicar ideas profundas con el uso de metáforas. Ya en la Antigua China, hace miles de años, esta fórmula permitió su difusión entre las clases populares, que carecían de la educación dominante en la nobleza.En particular, este proverbio nos dice que la felicidad no depende de lo material ni de lo inmediato, sino de la forma en la que nos relacionamos con los demás. En primer lugar, plantea la felicidad más breve, asociada a la siesta, que representa como un placer inmediato, físico y pasajero.Luego, la felicidad de un día, representada por la pesca, implica una experiencia y una interacción con la naturaleza, una espera, un proceso. Heredar una fortuna como fuente de felicidad, aunque dura un año, tampoco sería verdadera ya que depende de factores externos y puede generar preocupaciones y conflictos. Entonces, ayudar a los demás proporcionaría felicidad para toda la vida.Esta enseñanza se relaciona con lo que se conoce como “bienestar eudaimónico”, es decir, la felicidad basada en el propósito. También se puede interpretarse como una reflexión sobre la naturaleza del deseo. A medida que la duración de la felicidad aumenta en el ejemplo, también cambia su origen: del cuerpo (siesta), a la experiencia (pesca), a la riqueza (herencia), hasta llegar al significado (ayuda a otros).Desde una perspectiva social, explica que las comunidades más cohesionadas, donde existe cooperación y apoyo mutuo, tienden a generar mayor bienestar colectivo. Ayudar a otros fortalece los vínculos sociales, reduce el aislamiento y crea redes de confianza.Qué es el bienestar eudaimónicoUn artículo de Psychology Today explica las diferencias entre bienestar hedónico, vinculado con los placeres de los sentidos (comida, dinero, fama, popularidad) con el eudaimónico (conexión, servicio y propósito).“A menudo vinculamos la felicidad directamente con el placer, imaginándolo como una serie de momentos emocionantes, divertidos o sensuales. Si bien la felicidad hedónica ofrece deliciosas ráfagas de alegría, estos momentos son de corta duración. Una vez que la emoción inicial se desvanece, nos quedamos buscando el siguiente subidón, ya sea de una película favorita o de una comida extravagante”, explica el sitio de psicología.Alerta que, a menudo, “nos venden la idea de que la felicidad se puede comprar, que un nuevo dispositivo o unas vacaciones de lujo llenarán el vacío. Pero las personas en sociedades más materialistas con frecuencia informan sentirse menos realizadas, a veces incluso más deprimidas”.La felicidad eudaimónica, entonces, “cambia el enfoque del placer personal a algo más grande, porque dar a los demás puede aumentar el bienestar más allá de lo que experimentamos al gastar dinero en nosotros mismos”.Un experimento publicado en la revista Science por la profesora Elizabeth Dunn, de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) mostró que los participantes que recibieron una suma de dinero y se les indicó que la gastaran en otros se sintieron significativamente más felices que aquellos que la gastaron en ellos mismos.Claro que la eudaimonía no significa que haya que gastar dinero en otros: cualquier forma de apoyo o ayuda puede contribuir a esta felicidad. “Una de las razones por las que la compasión puede aumentar nuestro bienestar es que amplía nuestra perspectiva más allá de nosotros mismos”, afirma Psychology Today.Finalmente, los psicólogos proponen: “Considera la felicidad como una comida, donde un postre decadente puede proporcionar placer instantáneo, pero una comida saludable te deja con energía y satisfecho. Si perseguimos solo placeres a corto plazo, es posible que nos sintamos emocionados por un momento, pero finalmente agotados. La felicidad eudaimónica, por otro lado, fomenta una alegría más profunda que perdura”.