“¡Comunista!”, insultaba este domingo una mujer fuera de sí a las puertas del colegio electoral en el que estaba votando Roberto Sánchez, en Lima. “¿Por qué comunista?”, se me ocurrió preguntar a la mujer que se desgañitaba con el teléfono en la mano mientras grababa orgullosa su colección de improperios contra el candidato progresista en las elecciones presidenciales de Perú. “¡Lleva sombrero!”, me respondió, como si hubiera prendas definitorias de la ideología política de cada uno. “¿Y los sombreros son comunistas?”, me atreví a repreguntar. “¡Es por Pedro Castillo!”, replicó, a pesar de que Castillo nunca fue comunista ni militó en el marxismo ni se presentó con un programa socialista cuando ganó en 2021.

Lo que sí representaban Castillo y su sombrero chotano –de Chota, Cajamarca–, el mismo que porta Sánchez, es su origen campesino. Es decir, evoca al trabajo manual, al interior del país, que por extensión se vincula con la población serrana e indígena, en oposición a Lima, la costa, donde se encuentran las élites políticas y económicas del país, esas élites adineradas que han controlado el país durante la mayor parte de su historia.