Meta humanosHoy Santa Cruz Chinautla ha cambiado su relación con los desechos y solo podemos decir: si ellos pueden, nosotros también.
Santa Cruz Chinautla no desapareció, solo quedó abandonada en el tiempo. Durante años vivió las consecuencias de lo que otros territorios dejaron atrás: la contaminación de su río, el crecimiento urbano desordenado y el olvido de una sociedad que poco a poco dejó de mirar hacia ella. Pero antes de eso hubo otra historia. Una historia de barro, agua y tradición.
Cuentan quienes crecieron ahí que Chinautla era un refugio. Un lugar al que muchas familias capitalinas llegaban los fines de semana para descansar junto al río, disfrutar de sus paisajes y admirar la alfarería de sus artesanas. Porque Chinautla no nació de la contaminación con la que muchos hoy la relacionan. Es un pueblo con raíces poqomam, donde por generaciones las manos de sus mujeres han transformado el barro en arte, conservando una tradición ancestral reconocida como Patrimonio Cultural Intangible de Guatemala.
A pesar de los años de abandono, de ver cómo la contaminación fue cambiando el paisaje que recordaban y cómo el río que alguna vez dio vida empezó a cargar los desechos de una ciudad en crecimiento, el corazón de Santa Cruz Chinautla nunca se rindió. Y quizá esa es la parte más poderosa de la transformación que hoy está surgiendo: no nació de una comunidad esperando que alguien llegara a salvarla, sino de su misma gente, que decidió no rendirse y buscar ayuda para devolverle a su territorio la belleza que siempre lo caracterizó.









