Los delitos de odio registrados en España no dejan de crecer. Según los últimos datos presentados por el Ministerio del Interior, desde el año pasado han aumentado un 23,6%, hasta llegar a las 2.417 infracciones penales, lo que representa la cifra más alta de la serie histórica desde que se empezaron a medir en 2014. El mayor incremento en la tipología de delitos se produce en la islamofobia, con un aumento del 133% con respecto al año anterior, seguido de la disfobia, el odio a las personas con discapacidad, que ha crecido un 90%. Así, si en 2024 los delitos de odio registrados contra las personas con discapacidad fueron 31, en 2025 este número se elevó hasta 59. Un mayor número de denuncias podría estar de estos datos, pero lo cierto es que el odio al diferente -también hacia las personas con discapacidad- prolifera, sobre todo en las redes sociales.Como ejemplo, Montse Font, influencer con discapacidad que divulga sobre accesibilidad en las redes sociales, que contaba hace unas semanas a 20minutos que se sentía "una de las personas más odiadas en las redes, sobre todo en TikTok. Tengo mucho hate con mensajes como ‘levántate y anda’, ‘no te quejes’, ‘pídete la eutanasia’… Creo que me ven como un blanco fácil. Al final, he decidido no leer los comentarios en TikTok porque llegó un momento que empezaron a afectarme mucho, así que decidí que o dejaba de leer los comentarios o cerraba todas las redes". Y hace un año, el cómico con huesos de cristal, Felipe Mateos denunciaba amenazas e insultos tras haberse quejado en redes de la gente que ocupa plazas de aparcamiento reservadas para personas con movilidad reducida. Fue tanto el hate que recibió que decidió alejarse unas semanas de las redes. "He recibido amenazas diarias e insultos (…) La verdad es que alucino un montón porque, en el vídeo solo defiendo que las personas con movilidad reducida podamos aparcar en las plazas de aparcamiento destinadas para nosotros, porque si vosotros veis algo ilegal, ¿no llamarías a la Policía?", contaba hace un año. Por desgracia, no son casos aislados, sino una realidad contra la que hay que luchar, pues como asegura Gregoria Saravia, Delegado del Cermi para los Derechos Humanos y la Convención de la ONU de la Discapacidad, "las personas con discapacidad no pueden ser objeto de burla, escarnio o mofa en una sociedad democrática. Este tipo de delitos son el preludio de otros delitos". Luchar contra ese tipo de delitos es complejo, pues muchas veces se producen desde el anonimato, pero desde Cermi abogan por tomárselos en serio, tanto desde las instituciones como la sociedad civil poniendo en marcha cuanto antes estrategias de detección y prevención.Las personas con discapacidad no pueden ser objeto de burla, escarnio o mofa en una sociedad democráticaUn delito complejo y difícil de medir"El fenómeno del odio es muy complejo y no se puede erradicar el sentimiento del odio en el ser humano. Siempre habrá personas que van a odiar y en la sociedad lamentablemente nos toca convivir con ellas", lamenta Saravia. Sin embargo, aunque no se puedan erradicar siempre hay intentar combatirlo, sobre todo cuando se da entre los más jóvenes. "Quizás lo hacen para un desafío de TikTok o como algo que consideran que puede llegar a cosechar ‘me gustas’ en alguna red social, y en muchos casos ni siquiera son conscientes de las repercusiones de lo que hacen, pero no por ello hay que quitarle importancia. Los delitos de odio o los casos de bullying o agresiones que vemos en las redes sociales reflejan un fenómeno del que no terminamos de conocer en todas sus dimensiones, y desde Cermi creemos que es una cuestión mucho más seria de lo que parece, pues en los delitos de odio no solo está en juego la dignidad de las personas con discapacidad, sino también su seguridad, pues el discurso de odio muchas veces prepara el paso hacia la acción, hacia la agresión física contra una persona con discapacidad", alerta.Es importante no solo conocer las verdaderas dimensiones de este fenómeno -pues solo denuncia una mínima parte- sino todas las características del fenómeno, tener datos disgregados, por discapacidad, por sexo… unos datos de los que ahora mismo no disponen en la asociación. “Tener más datos reflejaría lo que ocurre, en qué lugar quedan las mujeres y las niñas con discapacidad, el perfil de las personas que cometen estos delitos… todo ellos nos ayudaría a generar políticas para combatirlas, pero no solo desde el punto de vista penal, persecutorio, sino desde el punto de vista educacional, para generar conciencia", insiste Gregorio Saravia.La IA al servicio de la detecciónLos delitos de odio se puede cometer en cualquier sitio, pero donde más se producen es en las redes sociales. Por ello, Cermi participa en el Plan Nacional de Lucha contra los Delitos de Odio del Ministerio del Interior, y trabaja en el marco de la Unión Europea, concretamente en la Comisión Europea, donde están viendo la manera de que las grandes plataformas de contenidos y de redes sociales les ayuden a localizar y combatir estos delitos. "Tienen que crear protocolos de actuación claros y eficaces que se pongan en marcha cuando se encuentran contenidos que pueden llegar a ser tipificados como discurso de odio", insiste, "porque no se trata de coartar ninguna libertad de expresión, ni de operar con formas de censura de los contenidos en redes, sino de que no se pueda multiplicar el odio como se multiplica en las redes y que haya una completa impunidad, porque puede generar un daño que muchas veces es irreparable".En su opinión, no es tan difícil, pues los delitos de odio en redes se podrían detectar de manera eficaz usando la inteligencia artificial. "Se podrían incluso establecer protocolos de denuncia dentro de las propias aplicaciones, algo que podría hacerse de manera rápida y accesible. Así, cualquier usuario que viera que se ha violado un código de conducta dentro de una determinada plataforma, podría denunciarlo de manera fácil dentro de la misma, que podría verificar, a través de herramientas de IA si, efectivamente, se trata de un discurso de odio y actuar. De esta manera evitaríamos lo que ocurre ahora, que estamos ante un océano interminable de mensajes imposibles de detectar y que atentan en muchos casos contra la dignidad de todas las personas, una dignidad que deberíamos preservar".No se puede multiplicar el odio como se multiplica en las redes y que haya una completa impunidadEl Delegado del CERMI para los Derechos Humanos insiste en que hay que actuar, y para hacerlo, antes tenemos que ser conscientes de que en internet y en las redes sociales no todo vale, sino que en la Red también se tienen que cumplir nuestros derechos. Además, quiere recordar a todos los ciudadanos, con o sin discapacidad, que se puede denunciar. "Por un lado, es necesario que las personas con discapacidad generen su propia autodefensa ante situaciones como estas, pues muchas veces no son conscientes de que están siendo víctimas de un discurso de odio y simplemente lo dejan pasar", contaba a este medio Montse Font, que había terminado haciéndolo. Por tanto, si uno tiene indicios de que se puede haber cometido un delito de odio, aunque el soporte sean las redes, siempre se tienen que reunir las pruebas y denunciar. Algo que reconoce que no siempre es fácil para las personas con discapacidad por falta de accesibilidad. "Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no cuentan con personal capacitado para atender este tipo de denuncias y la persona puede encontrarse barreras a la hora de comunicarse o de expresar con claridad qué es lo que ha ocurrido. Por este motivo, hay muchas denuncias que se pierden, algo que no debería ocurrir". Prevenir desde la raízCombatir los delitos de odio contra las personas con discapacidad no es fácil, pues no solo hay que luchar contra una red inabarcable, sino también contra años de prejuicios. Como advierte Saravia, "pesan décadas de estigmatización, de ideas equivocadas, de incluso a veces hasta de miedo con respecto a las personas con discapacidad. Todo esto forma parte del imaginario colectivo y se traslada a las propias personas con discapacidad, que muchas veces sienten que no son ciudadanos de primera, sino de segunda, que sus vidas no tienen relevancia, porque, aunque sea de manera inconsciente, acaban por acostumbrarse a los malos tratos". Las personas con discapacidad son un ‘blanco fácil’, como decía Monstse Font, no porque sean vulnerables de por sí, sino por que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad porque el entorno no ayuda, crea barreras. "Generamos sociedades, formas de comunicarnos, de movernos y de ejercer los derechos que responden a una estandarización del ser humano en lugar de apreciar a la diferencia, porque la diferencia no viene a ponernos las cosas más difíciles, simplemente nos obliga a ser un poquito más creativos. Vivir en una sociedad diversa que nos empuja a imaginar soluciones para todos es una sociedad más decente. En España la tenemos, pero siempre podemos mejorar", asegura optimista.Muchas personas con discapacidad se sienten ciudadanos de segunda y, aunque sea de manera inconsciente, acaban por acostumbrarse a los malos tratosMejorar con respecto a los delitos de odio requiere mejorar en muchos frentes, pero el más importante considera que es el educativo, tanto en el ámbito escolar como en el divulgativo. "A mí siempre me han parecido que son maravillosas las campañas que la Dirección General de Tráfico, de las que se saca pecho porque son muy eficaces. Pues desde las administraciones se podrían hacer campañas de ese estilo para llamar la atención sobre las cuestiones que tienen que ver con el odio y que se hicieran desde una narrativa inclusiva, pero que no sea una campaña teñida de un determinado color del espectro ideológico, sino basadas en el fomento de la tolerancia, del respeto al principio de igualdad y no discriminación, que es como debería ser una sociedad que se precie de ser una sociedad democrática".Y desde los colegios, considera esencial la educación en derechos humanos, "en materias que tengan que ver con la discapacidad, la diversidad y la inclusión". Y cuando ya se ha cometido el delito, "desarrollar cuál es el perfil de los victimarios, por qué lo hacen, para qué lo hacen… y pensar en qué programas de rehabilitación social se podrían poner en marcha para personas que están detrás de estos discursos o delitos de odio".