El candidato presidencial de ultraderecha Abelardo de la Espriella suele decir que él representa a “los nunca” en oposición a “los siempre” que, insiste, han manejado la política colombiana. Sin embargo, en su entrevista con Julio Sánchez Cristo de Caracol Radio en la mañana de este martes, dejó entrever cómo en su círculo cercano hay más de un político tradicional o, por lo menos, más de un miembro de las tradicionales élites de su región, el Caribe. La cara más visible es el exsenador liberal Mauricio Gómez Amín, jefe político de su campaña. El político barranquillero, de quien De la Espriella mencionó que formaría parte de un gobierno suyo, ha hecho toda la carrera política, desde edil local hace dos décadas hasta senador desde 2018, aliado de la tradicional casa Char. Se trata del clan político empresarial que ha conquistado la alcaldía de la capital del Caribe colombiano de forma ininterrumpida desde 2007. Gómez, a inicios de mayo, renunció a su partido y su curul para apoyar a De la Espriella. Es la cara más visible de los políticos de partidos tradicionales que apoyan al ultra. “La astucia de Abelardo es que ha escondido sus alianzas, pero una casa política como los Char va a jugar un rol en su gobierno”, dice Luis Trejos, politólogo de la Universidad del Norte. “Porque Abelardo va a necesitar tecnócratas para gobernar, y los Char ya tuvieron ministerios en la administración de Iván Duque y de Juan Manuel Santos”, añade. Trejos recuerda, incluso, que en campaña ha hablado positivamente de lo cómo los Char han administrado Barranquilla durante dos décadas. “El desarrollo que tiene Barranquilla hay que replicarlo en toda Colombia”, ha dicho el candidato.El segundo nombre que reveló De la Espriella es el de Joaquín García Caballero, a quien el abogado designó como uno de sus dos delegados para negociar con su rival, el senador de izquierda Iván Cepeda, la realización de un debate presidencial en la campaña. Gutiérrez acompaña a Carlos Suárez, estratega político y amigo cercano de De la Espriella desde hace décadas.Gutiérrez Caballero es menos conocido a nivel nacional, pero representa la clase política tradicional de su departamento, el Magdalena. Su familia materna pertenece a la clase alta tradicional y terrateniente, en su caso originaria del municipio de El Piñón. Él mismo fue candidato a la gobernación de su departamento en 2011 por el Partido de La U, como parte de una herencia centenaria: en el siglo pasado, su abuelo Enrique Rafael Caballero Lafaurie fue una de las cabezas del entonces poderoso Partido Liberal en el Magdalena. El abogado tuvo, entre otros cargos, los de representante a la Cámara, senador y alcalde de la capital departamental, Santa Marta.En la familia también es sobrino de Enrique Caballero Aduén y primo de Jorge Luis Caballero, también excongresistas liberales y quienes fueron condenados por parapolítica, pues formaron parte de la alianza que a inicios del siglo XXI formaron los ejércitos ilegales y buena parte de la clase política del Caribe. Gutiérrez siempre ha dicho que en ese entonces él estaba fuera de la región.Administrador de empresas, el delegado ha hecho política en el uribismo. Cercano al senador Honorio Enríquez, del Magdalena, impulsó a sus candidatos presidenciales: Óscar Iván Zuluaga en 2014 e Iván Duque en 2018. Y, sobre todo, es amigo del candidato. Los dos, junto con Antonio Rocha, Jorge Valencia Cuéllar, Jimmy Pedreros Barváez y Ana María Santa Viágara, fundaron en 2005 la Fundación Iniciativas de Paz o FIPAZ, una entidad sin ánimo de lucro que encabezaba el hoy candidato presidencial y que apoyaba el proceso de paz entre los jefes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia y el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez. FIPAZ defendía el argumento de que los paramilitares debían ser considerados actores políticos, lo que les hubiera dado otro tipo de beneficios a los que finalmente obtuvieron. Los dos también fueron cercanos al entonces fiscal general Mario Igurán, como contó hace 20 años el periodista Daniel Coronell. Será una cara nueva para Bogotá, si De la Espriella gana la presidencia, pero caras viejas en la política del Caribe.