Cinco aspirantes siguen en la carrera para suceder a António Guterres al frente de la secretaría general de las Naciones Unidas, cuando concluya su segundo mandato el 31 de diciembre de este año. Tres de ellos, las mujeres, han participado este martes en un debate organizado por GWL Voices en colaboración con la Fundación de las Naciones Unidas en el Auditorio Ivan Pictet de Ginebra, que ha sido retransmitido en directo. Rebeca Grynspan, María Fernanda Espinosa y Michelle Bachelet se han citado cara a cara para exponer su visión de cómo tiene que ser la nueva ONU, una en la que la ciudadanía vuelva a confiar como mediadora en los conflictos y promotora del desarrollo sostenible. Los candidatos hombres se han ausentado alegando razones de agenda. El expresidente de Senegal Macky Sall ha enviado un vídeo para exponer su propuesta en la que “países grandes y pequeños, del norte y el sur”, participen en una ONU reformada en condiciones de igualdad. El argentino Rafael Grossi, actual director general de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), ha declinado participar, según ha informado la moderadora de la conversación, la periodista y presentadora británica de la BBC, Zeinab Badawi.“Estoy de acuerdo”, ha sido una de las fórmulas más repetidas por las tres candidatas, que han exhibido más sus visiones compartidas que las diferencias en sus propuestas sobre la dirección que debe tomar la ONU a partir del 1 de enero de 2027. Sin novedades ni sorpresas respecto a lo ya expuesto en los discursos que defendieron ante la Asamblea General a principios de mayo y en sus intervenciones públicas, todas han coincidido en que el gran reto es recuperar la confianza de la ciudadanía ante la crisis de credibilidad de la institución en particular y del orden global basado en reglas en general. La letra pequeña es el cómo. Sin menciones específicas a ninguna guerra —ni Gaza, Irán, Sudán o Ucrania— las aspirantes han subrayado, con distintas palabras pero el mismo mensaje, la importancia de prevenir los conflictos y recuperar el papel de mediador independiente de la ONU para resolverlos. Ahora, este rol de interlocución entre partes enfrentadas recae principalmente en los enviados especiales del presidente estadounidense, Donald Trump, o en países como Qatar (para lograr un alto el fuego en Gaza) o Pakistán (en la guerra contra Irán).“No quiero que nadie pregunte nunca más dónde está la ONU”, ha lanzado Rebeca Grynspan (70 años). La costarricense ha subrayado que la negociación en contextos de conflicto es posible como demostró el acuerdo del Mar Negro logrado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), con ella al frente. Gracias a la firma de este pacto en julio de 2022 se garantizó la exportación segura de cereales y fertilizantes desde puertos ucranios, evitando una crisis de carestía alimentaria. Si a Michelle Bachelet (74 años) le preguntasen dónde está la ONU, la expresidenta de Chile tiene claro dónde estará ella si es elegida secretaria general: “No me da miedo hablar cuando tengo que hacerlo e ir adonde haga falta para dialogar”. En su opinión, “un secretario general independiente, pero sin fuerza para hacer algo, se convierte en un comentador de lo que sucede”. Por eso, ha insistido, la diplomacia es clave para mediar en las guerras, pero también para anticipar y prevenir conflictos. “Aunque a veces no puedes permanecer en silencio, tienes que tratar con todos actores, lo que no quiere decir que los apoyes”, ha precisado. Por su parte, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa (61 años), ha presentado su gestión como presidenta de la Asamblea General de la ONU (2018-2019) como garantía de su capacidad de mantenerse “neutral pero no indiferente frente a los conflictos”. El secretario general “tiene que tener los pies en el terreno”, ha remarcado. Presencia. Experiencia. Valentía. Diplomacia. Son algunos de los atributos con los que han buscado distinguirse las candidatas en los 75 minutos de diálogo, incluidos dos minutos de oro finales para cada una de ellas. Un formato al puro estilo de campaña electoral a unas presidenciales, aunque no es a la ciudadanía global a las que les tienen que arrancar el voto. Son los países del Consejo de Seguridad primero y la Asamblea General después los que elegirán. Así, el debate no se ha enfocado tanto en pedir confianza a para sí mismas, sino para el sistema de Naciones Unidas y el multilateralismo en un momento en el que orden mundial basado en reglas que emergió tras la II Guerra Mundial es frágil y está en riesgo. “La ONU no es perfecta. Pero, aunque imperfecta, la tenemos que proteger”, ha esgrimido Bachelet en su alocución final. “Ninguna reforma de la ONU tiene que tocar los pilares de mantener la paz y promover el desarrollo con los derechos humanos en el centro. Pongo mi experiencia al servicio de esos principios”, ha culminado la chilena. “El mundo está en llamas. Pero creo que sabemos que la solución no puede ser otro eslogan, otro informe, otro comité. La ONU necesita un secretario general capaz de traer esperanza. (...) Ese es el liderazgo que se necesita y el que yo traeré”, ha concluido Espinosa en sus dos minutos sobre el atril.Grynspan ha subrayado que el “escepticismo” sobre el papel de las instituciones internacionales no debe derivar en “fatalismo”. Ha sido directa. “Queremos que confiéis en nosotros”, se ha dirigido a los jóvenes. Para ello, ha propuesto aumentar la participación de menores de 30 años en el sistema de Naciones Unidas, que ahora representan apenas el 4%, ha remarcado. Su ejemplo a seguir, ha dicho la aspirante costarricense, es Kofi Annan, quien fue secretario general de la ONU (1997–2006). El también premio Nobel de la Paz en 2001 es considerado una figura clave en la diplomacia moderna, especialmente por intentar acercar la ONU a los problemas reales del mundo. “Mis padres eran refugiados de la II Guerra Mundial. Sé lo que la guerra te quita y lo que la paz hace posible”, cerró su discurso. Como Annan, que fue el primer africano subsahariano en ocupar el cargo, las tres candidatas aspiran a ser la primera mujer en liderar la ONU, que en sus 80 años de historia siempre ha estado dirigida por hombres. “Ya toca”, ha comentado escueta Espinosa, arrancando el aplauso y vítores entre el público en el auditorio. Por la tradicional rotación geográfica, el próximo secretario general de la ONU correspondería a América Latina y el Caribe. Lo que deja al senegalés Sall con pocas probabilidades de salir elegido. De los cuatro restantes, el diplomático argentino Rafael Grossi cuenta con posibilidades, pero su permanencia al frente de la OIEA durante la campaña a la secretaría general ha recibido críticas por un posible conflicto de intereses.Las tres aspirantes que han debatido este martes parten como favoritas. Pero Bachelet pierde opciones debido a que el nuevo Gobierno de su país le ha retirado su apoyo —mantiene el de Brasil y México— y por el propio sistema de elección. De entre los cinco candidatos —si ninguno se retira antes—, el Consejo de Seguridad de la ONU recomienda uno para que la Asamblea General lo vote en septiembre. De los 15 miembros del Consejo, el aspirante necesita al menos nueve a favor y no ser vetado por alguno de los cinco países con derecho: EE UU, China, Rusia, Francia y Reino Unido. El perfil feminista y de defensora de los derechos humanos de la expresidenta chilena —fue la primera directora de ONU Mujeres (2011–2013) y posteriormente Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2018–2022)— no despierta simpatías en China, Rusia y los sectores conservadores de Estados Unidos.