Llegaron los siete días sin comer, rezando, y a la intemperie, entre Plaza de Mayo, delante de la Casa Rosada y a la noche durmiendo en la entrada de la Catedral porteña. Y el gobierno de Javier Milei los ignoró. Este martes finalizó una inédita protesta que aglutinó organizaciones sociales y eclesiásticas.
La protesta, bajo el lema “Jornada de ayuno y oración para despertar las conciencias”, se extendió del 2 al 9 de junio y contó con la participación del movimiento sindical, incluyendo a las dos CTA. Detrás estuvieron el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el dirigente social Esteban “Gringo” Castro y los religiosos de la Mesa Ecuménica, que integran sacerdotes y pastores.
Por las noches, el grupo realizaba una oración compartida, bebía mate o té y se refugiaba, con abrigos y bolsas de dormir, bajo el pórtico de la Catedral. El padre Francisco “Paco” Olveira, que ejerce el sacerdocio en barrios pobres del AMBA, afirmó que el ayuno es, para quienes pueden hacerlo, una huelga de hambre que denuncia la crueldad del Gobierno. Junto a él sostuvieron los días de ayuno el pastor menonita Luis María Alman Bornes y Castro.
Al arrancar la semana, Pérez Esquivel sostuvo que “el pueblo está en un estado de indefensión total” y que “la única forma de revertir esto es unirnos, no para la violencia, sino para la rebelión de conciencias”.












