Explicativo Exclusivo suscriptores La Veeduría concluye que las políticas públicas han permitido avances pero persisten focos críticos de contaminación.Las estaciones de Carvajal-Sevillana, Kennedy y Fontibón registran de manera recurrente algunas de las concentraciones más altas de material particulado en Bogotá. Foto: Veeduría DistritalSUBEDITORA DE BOGOTÁ 09.06.2026 09:45 Actualizado: 09.06.2026 09:46

Bogotá ha logrado avances importantes en la gestión de la calidad del aire durante los últimos años. Sin embargo, la contaminación atmosférica continúa siendo uno de los principales desafíos ambientales y de salud pública para la capital, especialmente en las localidades del suroccidente, donde miles de habitantes siguen expuestos a niveles más altos de contaminación que el resto de la ciudad.Esa es una de las principales conclusiones del informe La gobernanza del aire y la efectividad de las políticas públicas en el Distrito Capital, elaborado por la Veeduría Distrital, que evaluó el comportamiento de la calidad del aire, el cumplimiento de las políticas públicas y la capacidad institucional para enfrentar este problema entre enero de 2024 y julio de 2025.El estudio destaca que Bogotá ha fortalecido durante los últimos años su estructura institucional para enfrentar la contaminación atmosférica. La ciudad cuenta con instrumentos de planeación como el Plan Aire Bogotá 2030, el Plan de Ordenamiento Territorial Bogotá Reverdece 2022-2035, el actual Plan Distrital de Desarrollo Bogotá Camina Segura y los lineamientos nacionales contenidos en el CONPES 3943 de 2018.No obstante, la Veeduría advierte que los avances todavía son insuficientes frente a los estándares más exigentes de protección de la salud establecidos por organismos internacionales.Según el documento, Bogotá aparece en una posición relativamente favorable frente a otras grandes ciudades del mundo. Citando datos del informe global de IQAir, la capital colombiana ocupó el puesto 116 entre las principales ciudades evaluadas y registró un Índice de Calidad del Aire clasificado como “bueno”.Pero detrás de esa clasificación existe una realidad más compleja. El informe señala que las concentraciones de PM2.5, uno de los contaminantes más dañinos para la salud humana, continúan superando ampliamente los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud.Estas partículas, que tienen un diámetro igual o inferior a 2,5 micrómetros, son capaces de penetrar profundamente en los pulmones e incluso ingresar al torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.Uno de los hallazgos más importantes de la Veeduría es que la contaminación del aire en Bogotá no afecta a todos los ciudadanos por igual.El informe concluye que existe una profunda desigualdad territorial en la exposición a contaminantes atmosféricos. Mientras algunos sectores de la ciudad registran niveles relativamente bajos de contaminación, otros soportan de manera permanente las mayores cargas ambientales.Las estaciones de monitoreo ubicadas en Carvajal-Sevillana, Kennedy, Móvil Fontibón, Tunal y Ciudad Bolívar aparecen de manera recurrente entre los puntos con mayores concentraciones de material particulado.En diciembre de 2024, por ejemplo, la estación Carvajal-Sevillana registró el promedio mensual más alto de PM10, con 78,5 microgramos por metro cúbico, y de PM2.5, con 37,8 microgramos por metro cúbico. Durante varios meses consecutivos también concentró el mayor número de excedencias frente a los límites establecidos por la normatividad nacional.Por el contrario, estaciones ubicadas en sectores con mayor cobertura vegetal o menor presión vehicular, como Colina, Usaquén y CDAR, reportaron las concentraciones más bajas.Para la Veeduría Distrital, estos resultados evidencian que la contaminación atmosférica en Bogotá está estrechamente relacionada con factores como la cercanía a corredores de carga, la presencia de industrias, el tráfico vehicular intenso y las dinámicas urbanas de cada territorio.El informe también señala que las localidades del suroccidente continúan concentrando los principales riesgos ambientales asociados al material particulado, situación que plantea desafíos de equidad para las políticas públicas.Además de las fuentes locales de contaminación, el estudio advierte que Bogotá también se ve afectada por fenómenos regionales que deterioran temporalmente la calidad del aire.Entre ellos menciona los incendios forestales registrados en la Amazonía y la Orinoquía, cuyos contaminantes pueden ser transportados por los vientos hasta la capital y generar episodios de deterioro atmosférico.Jóvenes lanzaron una voz de alerta por la situación. Foto:Giovanny VarónLa Veeduría también evaluó las acciones implementadas por el Distrito para enfrentar esta problemática.Entre los avances identificados aparecen el fortalecimiento de la Red de Monitoreo de Calidad del Aire de Bogotá, los sistemas de modelación y pronóstico, los mecanismos de alertas tempranas ambientales y las Zonas Urbanas por un Mejor Aire (ZUMA), una estrategia que busca focalizar acciones en los sectores más afectados por la contaminación.El informe destaca igualmente la renovación de la flota de transporte público como una de las principales apuestas para reducir emisiones contaminantes en la ciudad.La incorporación de tecnologías más limpias en los sistemas de transporte masivo es señalada como una de las iniciativas más relevantes para avanzar hacia una mejor calidad del aire y cumplir los compromisos ambientales asumidos por el Distrito.Otro aspecto resaltado por la Veeduría es la incorporación de la calidad del aire dentro del Plan de Ordenamiento Territorial Bogotá Reverdece 2022-2035, que reconoce este tema como un componente fundamental para la planificación urbana y la construcción de una ciudad más resiliente frente a los efectos del cambio climático.Sin embargo, el informe advierte que todavía existen importantes obstáculos para alcanzar las metas previstas para los próximos años.Entre ellos menciona la lenta renovación del parque automotor, las dificultades para ampliar el uso de tecnologías limpias, las limitaciones en el control de algunas fuentes fijas y móviles de contaminación, la necesidad de fortalecer los mecanismos de seguimiento ambiental y los desafíos para consolidar una gobernanza más efectiva entre las diferentes entidades responsables.Panorámica de la ciudad en la cual se percibe la contaminación en el aire Foto:Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPOLa Veeduría también llama la atención sobre la importancia de fortalecer la participación ciudadana y garantizar el acceso a información ambiental clara y oportuna.Según el estudio, la gestión de la calidad del aire no depende exclusivamente de medidas técnicas o regulatorias, sino también de la capacidad de involucrar a la ciudadanía, la academia, el sector privado y las autoridades en la construcción de soluciones conjuntas.Por ello, una de las recomendaciones centrales del informe apunta a mejorar la coordinación interinstitucional, fortalecer los espacios de participación y garantizar una mayor transparencia en la información relacionada con la calidad del aire.La entidad concluye que Bogotá cuenta hoy con una base normativa e institucional sólida para enfrentar el problema de la contaminación atmosférica. Sin embargo, advierte que alcanzar las metas previstas en el Plan Distrital de Desarrollo y en la Estrategia Nacional de Calidad del Aire exigirá mantener esfuerzos sostenidos durante los próximos años y, especialmente, reducir las brechas territoriales que hoy hacen que algunos habitantes respiren un aire significativamente más contaminado que otros.CAROL MALAVERSUBEDITORA BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.com Lea también: Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.