Un bolso lleno de las cosas favoritas de Hajar Tabit; una cacerola con un guiso de callos hecho por Ghizlane Jmel; la bandera verde y amarilla de Michelle Rosa; el reloj de Tania Aparecida; el cielo, flores rojas, familia y mascotas. Son las imágenes de la exposición Goals for Hope, un proyecto de fotografía participativa que reúne imágenes tomadas por migrantes de distintos equipos de fútbol en España. Las protagonistas de la exposición de Madrid son las Madres Dragonas de Lavapiés, mujeres de orígenes muy diferentes que desde 2018 empezaron a juntarse para jugar al fútbol en este barrio la capital, donde conviven vecinos de más de 88 nacionalidades.“Las mamás no jugábamos”, recuerda Fátima Boukri, vestida con un traje de gala marroquí. Al principio, solo eran las que acompañaban a sus hijos a entrenar con los Dragones de Lavapiés, el emblemático club deportivo del barrio, creado hace 10 años por familias y vecinos y que hoy cuenta con 28 equipos formados y más de 600 jugadores. Pero un día, entraron en la cancha. Desde entonces, como repite cada una de ellas, las Dragonas se han convertido en mucho más que un equipo: “Es una red de apoyo”, “un lugar seguro para desconectar del mundo por un rato y hacer amigas”, “mujeres que me han salvado la vida”.Los documentalistas Ofelia de Pablo y Javier Zurita crearon un proyecto piloto llamado Goals for Change, que se expuso por primera vez en octubre de 2024 en Barcelona con las fotografías de los jugadores del FC Darna, un equipo formado por chicos que llegaron a España de forma irregular. La muestra tuvo tanto éxito que el Ministerio de Cultura la subvencionó y pudo crecer. Ahora, además de los jóvenes del Darna, Goals for Hope incluye a las madres Dragonas, a las niñas de Más que Campeonas de Sevilla, y a jóvenes refugiados y migrantes de Canarias, donde comenzó este nuevo capítulo del proyecto el 16 de mayo.A los migrantes se les asocia automáticamente con pateras, con ahogados, con estigma. Aquí son ellos quienes cuentan sus historiasOfelia de Pablo, Goals for HopeEl objetivo es que muestren su vida diaria y aquello que más les importa gracias a cámaras de fotos donadas por Canon. “A los migrantes se les asocia automáticamente con pateras, con ahogados, con estigma. Aquí son ellos quienes cuentan sus historias”, agrega De Pablo. Las protagonistasHajar Tabit tiene 20 años y migró desde Marruecos a España hace dos para reunirse con su familia. Ahora está aprendiendo español. Terminó el grado de Economía en su país y planea estudiar Finanzas en Madrid. Dice que al principio no creía que el racismo existiera en Europa, hasta que empezó a notar que la trataban muy distinto por llevar velo. “La verdad es que no sé jugar muy bien al fútbol, pero estar con ellas (las Dragonas) me hace sentir segura”. Tabit señala una de sus fotografías expuestas: es un bolso pequeño lleno de sus objetos favoritos, por ejemplo, su perfume. También ha retratado un corazón trazado con grafiti azul y la espalda de una de sus compañeras. “Yo hice fotos de los detalles que me hacen feliz”.Tabit también aparece en los videos en bucle de la exposición, que permanecerá abierta al público hasta el 15 de junio en el Espacio Rastro de Madrid. “Los jóvenes no me miran mal por mi velo, pero los mayores sí”, reconoce ante la cámara. Según el Informe sobre la evolución de los delitos e incidentes de odio en España 2025, el año pasado se registraron 934 agresiones por racismo y xenofobia. Es la cifra más alta de casos desde que se empezaron a contabilizar en 2014. Los jóvenes no me miran mal por mi velo, pero los mayores síHajar Tabit, Mamás Dragonas de LavapiésAl otro lado del cubo instalado se exhiben las fotografías de Michelle Rosa. Llegó desde Brasil en busca de nuevas oportunidades. Entre sus fotos aparece su brazo tatuado con los nombres de sus hijos, y momentos en la cancha con las Dragonas, uniformadas con playeras amarillas de manga corta. Rosa recorre la exposición con un vestido rojo mientras, al fondo, se proyecta un vídeo de ella hablando a la cámara. “He sufrido racismo por ser latina y veo cómo a mis hijos eso no les afecta porque son rubios y pasan desapercibidos entre los españoles”, dice, pensativa. Tania Aparecida también emigró desde Brasil. Sufrió violencia de género y maltrato y cree que las Dragonas fueron la red que necesitaba para empezar de nuevo. En sus fotos captura un reloj, que simboliza el ritmo acelerado en el que siempre ha vivido o el viaje que hace diariamente de punta a punta de Madrid para ir a trabajar.María Sohorca, de Rumania, celebra que los niños del barrio convivan a través del fútbol. “Crecen acostumbrados a ver a personas de todo el mundo, de todos los colores, idiomas y culturas. Se hacen todos muy amigos, como hermanos. Eso hace el fútbol: nos une, nos hace sentir que todos estamos en el mismo equipo”. Los niños, a través del fútbol, crecen con la costumbre de ver a personas de todo el mundo, de todos los colores, idiomas y culturas. Se vuelven todos muy amigos, como hermanos.María Sohorca, Madres Dragonas de LavapiésEso es justo lo que Ghizlane Jmel necesitaba sentir después de dejar su vida en Marruecos. Estuvo cerca de convertirse en futbolista profesional, pero se casó muy joven y migró. Ahora es cocinera. Irse la hizo sentir muy sola y todo empeoró después de su divorcio. “Cada una tiene su historia, pero cuando estamos juntas en el campo nos hacemos una”, sostiene. Entre sus fotografías hay unos zapatos coloridos tradicionales de su país y una cacerola llena de callos que ella misma preparó. “Esto es para que nos conozcan y sepan que no solo somos migrantes”, asegura. Desmontar bulos racistasJmel llama “el campito” al solar donde entrenan las Madres Dragonas de Lavapiés, en la calle de Embajadores, 18. No pueden acceder desde hace meses porque está en obras. “¡Queremos el solar, queremos el solar!”, corean mientras se hacen fotos a la entrada de la exposición. “Se supone que el Ayuntamiento lo iba a arreglar, pero lleva ocho meses así. Ahora juegan en una pista de cemento pero no es lo mismo”, explica De Pablo. Goals for Hope también tiene una dimensión educativa. “El corazón de este proyecto es el cambio social”, subraya De Pablo. Durante la exposición piloto de 2024 en Barcelona, varios profesores se acercaban a preguntar si había talleres para llevar a las escuelas, pero no había presupuesto en su momento.Ahora han diseñado un material educativo para que todos los colegios de los distintos puntos a los que llegará la exposición puedan acceder a el. Después de Madrid irá a Mérida, Barcelona, Islas Baleares, Alicante y Bilbao. También a Sevilla, donde las niñas de Más que Campeonas serán las protagonistas. De Pablo se muestra optimista ante el cambio en esta nueva generación. Ha sido testigo de cómo los niños son capaces de mirar otras realidades con una curiosidad abierta, sin prejuicios. “Recuerdo que los alumnos de Canarias quedaban con muchas ganas de probar la comida que los chicos refugiados de la CEAR ponían en sus fotos. La meta es que todos veamos sus historias con esos ojos”.
Las Madres Dragonas del barrio de Lavapiés retratan su manera de sentir el fútbol: “Que nos conozcan y sepan que no solo somos migrantes”
Madres de África y América Latina viven el deporte como una herramienta de integración y apoyo e inmortalizan su vida diaria, sus sueños y la discriminación en el proyecto fotográfico ‘Goals for Hope’















