EntrevistaNació en Bogotá, su material insignia es el papel y sus obras han superado el millón de dólares en las subastas de Christie's.María Berrío habló con Lecturas Domincales. Foto: Brad Ogbodonna / Lecturas09.06.2026 08:30 Actualizado: 09.06.2026 08:30

Llegué a Nueva York con la idea de encontrarme con María Berrío. Quería verla en su estudio, en ese espacio desde donde ha construido, capa a capa, una de las obras más singulares del arte contemporáneo colombiano. Días después logramos conectar. Desde Brooklyn, rodeada de sus piezas y libros de esas escenas detenidas en el tiempo, hechas de papel japonés, de silencios y de miradas, empezó la conversación.Berrío nació en Bogotá en 1982 y se fue a Estados Unidos a los 18 años. Estudió en Parsons School of Design y luego hizo una maestría en el School of Visual Arts en Nueva York. Su camino no fue inmediato ni lineal. Durante años dibujó, exploró materiales, probó la pintura, hasta que encontró en el papel japonés una forma de trabajar que terminaría definiendo toda su obra: cortar, rasgar, superponer, construir imágenes a partir de cientos de fragmentos.En los últimos años, su trabajo ha entrado con fuerza en el circuito internacional. Sus obras han alcanzado cifras superiores al millón de dólares en subastas en Nueva York, incluyendo La celebración, que en 2022 se vendió por más de 1,3 millones de dólares en Christie’s. Son cifras poco habituales para una artista colombiana contemporánea y la sitúan en una conversación donde, durante décadas, el nombre más visible había sido el de Fernando Botero; de hecho, solo Óscar Murillo, Olga de Amaral y Doris Salcedo se mueven dentro de esos números.Su obra circula en uno de los niveles más exigentes del circuito internacional. Está representada por galerías como Victoria Miro –con sedes en Londres y Venecia– y Hauser & Wirth, una de las más influyentes del mundo, con presencia en ciudades como Nueva York, París, Londres y Hong Kong.Pero cuando habla, no se siente nada de eso. Hay una calma que baja el ritmo y la acerca a uno a su mundo. Hay un foco y una idea muy clara de lo que significa trabajar todos los días en lo mismo. Su obra casi siempre tiene su mirada en las mujeres y está atravesada por la memoria, la naturaleza, el misterio y algo de mito. Son escenas que se van revelando poco a poco, que requieren tiempo. Y en todas, de alguna manera, aparece Colombia. “Colombia siempre existe en mi corazón y en mi alma”, dice. “Es la fuerza que me ha dado la inspiración para seguir adelante y para hacer el trabajo que yo hago”.Habla de su infancia en Bogotá, de una memoria que se quedó intacta, de ese lugar al que siempre vuelve cuando trabaja. “Colombia se quedó en ese lugar tan bonito… esa memoria de la infancia siempre queda. Es la memoria más pura”. Desde ese estudio en Brooklyn, entre papeles que vienen de Japón y referencias que atraviesan distintas culturas, su obra sigue creciendo. Afuera, el mundo del arte la mira con atención. Aquí, cada vez más, empezamos a hacerlo también.¿Cómo empieza esta historia? ¿En qué momento decide que quiere ser artista y cómo termina en Nueva York?Yo empiezo desde muy pequeña. Siempre quise ser artista. Crecí en Bogotá en una familia muy sensible, donde mis padres nos acercaron al arte, a la música y a la naturaleza. Fue una infancia muy bonita, muy rodeada de todo lo que nos hacía ser creativos. Después, como muchos colombianos, mis padres emigraron a Miami cuando yo tenía unos 18 años. Nos fuimos todos, pero luego ellos regresaron a Colombia y yo decidí quedarme y aplicar a la universidad en Nueva York. Llegué muy joven, con todo lo que implica ese cambio. Nueva York es una ciudad difícil, pero también ha sido un sueño.¿Qué encontró en Nueva York que sintió que la transformó?Nueva York se volvió como mi maestra. Me abrió el mundo. Aprendí de las culturas, de las técnicas, de todo lo que podía hacer con mi arte. Ser artista es muy difícil, y me siento muy afortunada de poder vivir de lo que hago. Colombia siempre existe en mi corazón y en mi alma. Es la fuerza que me ha dado la inspiración para seguir adelante y para hacer el trabajo que yo hago.Usted estudió en Parsons y luego hizo una maestría. ¿Cómo fue ese proceso?Estudié en Parsons School of Design y luego en el School of Visual Arts. Fue un proceso exigente, pero muy importante. Siempre he tenido mucha devoción por mi trabajo. Le pongo tiempo, disciplina y amor. Creo en lo que hago, y eso ha sido fundamental para sostener el camino.¿En qué momento siente que su carrera empieza a tomar forma?Ha sido paso a paso. No hubo un momento único. Siempre sentí como si hubiera algo que me iba guiando, pero también me mantuve enfocada. Un punto importante fue empezar a trabajar con galerías. Me dieron visibilidad y me hicieron entender que esto era posible.Hoy trabaja con galerías muy importantes. ¿Cómo ha sido ese proceso?Trabajo con Victoria Miro, con sedes en Londres y Venecia, y más recientemente con Hauser & Wirth, que tiene presencia en varias ciudades del mundo. Ambas han sido muy importantes. Me han apoyado y me han puesto en conversación con otros artistas.Su obra hoy alcanza cifras muy altas en el mercado internacional. ¿Cómo vive ese momento?Ha sido poco a poco. Trato de enfocarme en el trabajo más que en el mercado. Sí da libertad para seguir creando, pero es importante no perder el rumbo. Seguir trabajando.Para alguien que no conoce su obra, ¿cómo la describiría?Es collage, pero es como pintar con papel. Uso papel japonés, lo corto, lo rasgo y lo construyo en capas. Cada obra puede tener entre 200 y 300 tipos distintos de papel. Es un proceso muy minucioso.María Berrío Foto:Brad Ogbodonna / LecturasUsted empezó dibujando y pasó por la pintura. ¿Cómo fue ese proceso antes de encontrar su técnica?Yo empecé dibujando, hacía dibujos grandes en carboncillo. Siempre me ha encantado dibujar. La pintura me costaba más, no la entendía del todo.¿Y cómo llega al papel japonés? ¿Qué encontró en ese material que terminó definiendo su obra?A través de una amiga japonesa descubrí el papel japonés. Ahí encontré otra forma de trabajar, una manera distinta de construir las imágenes. Desde entonces llevo más de diez años trabajando con ese material. Viajo a Japón, busco papeles, trabajo con fabricantes allá. Cada obra está hecha de muchas capas, de distintos tipos de papel. El papel tiene una textura muy especial, muchísimas posibilidades. Me permite construir la imagen poco a poco, casi como armarla. Y también hay una conexión con Japón. Cuando fui, fue muy especial, porque sentí que ya conocía ese lugar a través de los materiales. Hay una relación muy fuerte entre el material y lo que hago.Sus obras parecen contar historias, pero no son explícitas. ¿Cómo construye esas imágenes?A veces empiezo con imágenes y de ahí nacen las historias. Otras veces parto de un tema. Trabajo con varias obras al mismo tiempo –a veces diez– y una va informando a la otra. Así voy construyendo un mundo. Me interesa que quien vea el trabajo pueda entrar en ese mundo e imaginar.Hay algo muy silencioso en sus imágenes, algo que no se explica del todo.Me interesa ese misterio. Esa sensación de ver algo y sentir algo que no se puede explicar Eso es lo más bonito del arte.En sus obras aparecen muchas mujeres que miran de frente. ¿Quiénes son?Muchas vienen de mi subconsciente. A veces se parecen a mí, a mi madre, a mi abuela. También intento crear una mujer que es fuerte y vulnerable al mismo tiempo. Me interesa enaltecerlas, mostrar esa dualidad. Por eso mi obra está muy centrada en lo femenino.Y está profundamente conectada con Colombia. ¿Cómo aparece eso?Es consciente, pero también natural. Colombia está en mí. Me fui joven, entonces Colombia se quedó en ese lugar tan bonito… esa memoria de la infancia siempre queda. Es la memoria más pura. Tuve una infancia muy linda, y eso aparece en mi trabajo. También el folclore, los mitos.En ese camino, ¿qué artistas han sido importantes para usted?Desde muy pequeña me gustaba mucho Fernando Botero, y Alejandro Obregón. También he tenido la oportunidad de conocer a Óscar Murillo, que ha sido muy generoso conmigo. Y hay artistas internacionales que me inspiran mucho, como Aliza Nisenbaum, Firelei Báez, y artistas afroamericanos como Kerry James Marshall y Toyin Ojih Odutola.Mirando todo este camino, ¿qué ha sido lo más importante para sostenerlo?Mantenerme enfocada en el trabajo. Seguir creando. Y apoyarnos entre nosotros, especialmente entre mujeres. Hay muchas artistas colombianas haciendo cosas increíbles. Para mí es un orgullo ser colombiana.Usted ha hablado de lo difícil que es ser artista. ¿Cómo es ese día a día en el estudio? ¿Qué implica realmente sostener este oficio en el tiempo?Es un trabajo muy solitario. Uno pasa muchas horas solo, trabajando, pensando, probando cosas. Yo paso casi todo el tiempo en el estudio. Creo que lo más importante es la disciplina, mantenerse enfocado. Hay días en los que las cosas no salen como uno quiere, pero igual hay que seguir. Es un proceso constante, de insistir.CRISTINA SAIDLECTURAS DOMINICALESRecomendado: la mujer que dibujó a MaduroCheska Ballesteros Foto:Alejandra Rodríguez / Revista BOCAS LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.