Si el destino quiere que los Knicks sean campeones de la NBA, tras 53 años de travesía del desierto, está claro que no será en cuatro partidos. A los Spurs de San Antonio les dio por aguarles la fiesta en el regreso de un partido de la final desde 1999 en el célebre pabellón del Madison Square Garden. La eliminatoria está ahora 2-1 para los neoyorquinos.Era una jornada muy particular y eso se notaba en el ambiente muchos antes del salto inicial. Scott, de 46 años, acompañado por su hijo, que vestía la camiseta de los Knicks con el 11 de Jalen Brunson, la estrella local, no dudó de que esta vez era mejor tener que desearExhibió un par de entradas. “Las tenemos por el pase de temporada, así que hemos pagado menos que otros. Nos han costado 1.000 dólares cada una y las podíamos haber vendido por 10.000”, explicó.Los Spurs, con el mejor Wemby de esta serie (32 puntos al final), no perdieron comba hasta imponerse y poner el 1-2 en la serieNo vendió. “Queríamos estar aquí, hemos estado esperando. Poseemos los pases desde hace seis años y deseábamos que llegara esta noche, que es muy especial porque vamos a ver por fin un partido de la final de la NBA. Es un sueño. Hace 27 años que esto no sucedía”, recalcó este vecino de Nueva Jersey, a cruzar el río Hudson. La última vez que esto ocurrió, los mismos rivales de hoy ganaron la serie por 4-1.Jalen Brunson, de los Knicks, lanza entre Fox y Wembanyama. Vincent Carchietta / ReutersEl padre - recuerda aquella final pero no pudo asistir porque aún no ganaba dinero-, y el hijo iban buscando el acceso a la fortaleza cerrada, abarcando varias calles alrededor, en que se transformó el Garden, con vallas de más altura que cualquier humano normal. Descontados tipos como el gigante francés Victor Wembanyama, (2,24 metros), la amenaza de los texanos que en los dos choques previos se vio desbordado por Bruson y su tropa.En lugar de una celebración daba la impresión de que se trataba de una ocupación. El presidente Donald Trump decidió venir y perturbar la concordia de sus ex vecinos. “Esto es ridículo”, gritó una mujer a través de su teléfono, desesperada por no dar con la puerta al templo del baloncesto, en medio de un enorme despliegue de policías y de sistemas de control de seguridad en plena acera, al estilo aeropuerto.“Los precios son de una locura rematada. Me acaban de pedir 8.000 dólares, más de lo que pago por el alquiler”, comentó Travis, vecino de Brooklyn pero fan de los de Manhattan. “Y ni siquiera nos dejan hacer fiesta aquí afuera, como los otros días, porque viene el presidente. Espero que los abucheen”, vaticinó.Wembanyama celebra en el suelo un tiro anotado.Ross D. Franklin / Ap-LaPresseLos Knicks perdieron la noche en que el Garden dedicó un sonoro abucheo a Trump, incluso más que a Wembanyama y los suyos. Y se produjo a pesar de que la imagen del presidente, que a su llegada ya escuchó desde afuera el desprecio que causa en la ciudad donde nació, no se dejó ver hasta que sonó el himno. Ni siquiera esa treta de disuasión apagó la reprimenda.El presidente Donald Trump decidió venir y perturbar la concordia de sus ex vecinos“Tenemos una buena oportunidad para ganar. San Antonio se va a encontrar aquí con una afición multitudinaria, que va a estar muy encendida y que resultará muy intimidante”, pronosticó el actor Ben Stiller, uno de los muchísimo famosos en primera fila. Ahí estaba el cineasta Spike Lee, fan irreductible con una camiseta en la que lucía un nombre para agraviar a Trump: “Pope Leo 14”.Quien no estaba en esa primera fila era Jonathan Baroque, treintañero, de profesión contable. Pero estaba. “Tengo ahorros y me acabó de gastar 5.000 dólares en una entrada. Y no tengo remordimientos”, aseguró.Spike Lee, de espaldas, con una camiseta en la que se lee 'Papa León 14'SAUL LOEB / AFPEl partido tuvo todos los alicientes, como los dos previos. Alternativas en el marcador, tensión entre los rivales, jugadas de gran nivel con errores llamativos. Y todo en el marco de un Garden espectacular, repleto de celebridades, de colorido y ruido, de cánticos “let’s go Knicks” y de airadas protestas e intimidación hacia los árbitros.Aunque la cancha era el infierno, los Spurs arrancaron mejor. Wembanyama daba la impresión de estar más enchufado. Estuvieron por delante todo el primer cuarto, con una ventaja que llegó a ser de doce puntos y de nueve al cerrarse ese periodo.Los texanos mantuvieron la solidez al reanudarse el juego. Colocaron el marcador en un 24-36 y parecía que en esta ocasión ese margen iría a más. Los Knicks, impulsados por el fervor de las gradas, volvieron a comportarse como el corcho, siempre salen a flote. Los doce putos abajo se convirtieron en una diferencia a favor de siete puntos (64-57) al descanso.En el tercer periodo se repitió la película habitual de esta serie. Los Spurs, con el mejor Wemby de esta serie (32 puntos a final, máximo anotador junto a Brunson, con la misma anotación), estuvieron ahí, arriba y abajo. Así que, después de varios empates, esto concluyó con los texanos de nuevo por delante (91-92).Lee tambiénTodo estaba abierto para el tramo final, sabida la resiliencia de los locales y la genialidad mezclada con la inexperiencia de los visitantes. Pero los de San Antonio supieron preservar una brecha de cinco puntos, ampliada hasta los ocho y vuelta atrás, a solo dos a falta de nueve segundos, que elevaron a cuatro. Al contrario del choque previo, supieron aguantar la presión.Los Knicks cayeron el día del regreso al Garden de una gran cita y la noche del abucheo a Trump. Aún tienen ventaja si el miércoles ganan de nuevo. El cuarto partido será el sábado en Texas.