¿Hasta dónde llega el derecho al descanso de los vecinos y dónde empieza el derecho al ocio, la cultura y la música en directo? La pregunta, cada vez más presente en las grandes ciudades, ha estallado este fin de semana en València con la suspensión del Festival de les Arts por exceso de ruido, a tan solo unos minutos de la apertura de puertas de su segunda jornada de conciertos, con miles de personas ya en los alrededores del recinto.PublicidadEl Ayuntamiento de València comunicó a la promotora House of Music Festival -que pertenece a The Music Republic, vinculada a KKR- y a CACSA a la "suspensión inmediata" por haber superado el viernes, el primer día del festival, los límites de ruido que marcaba una sentencia judicial. Así, el consistorio, ha recordado que el festival debía haber dado "estricto cumplimiento" a la sentencia firme de un juzgado de lo Contencioso de València que protege a los vecinos de la zona de la contaminación acústica que han sufrido durante años.La limitación pactada entre la empresa promotora y CACSA era de un máximo de 85 decibelios en horario diurno y de 80 decibelios en horario nocturno.Sin embargo, cuando el viernes se siguieron estos parámetros los asistentes mostraron su malestar asegurando que no se escuchaban los conciertos. Unas reacciones a las que se sumaron los artistas, Leire Martínez llegó a abandonar el escenario junto a su banda durante diez minutos después de tres canciones por el bajo sonido de la música; de la misma forma, Siloé mostró unos carteles con mensajes dirigidos tanto a la organización como a los asistentes: "Es una falta de respeto para todos los artistas, pero, sobre todo, para vosotros, el público. Vamos a intentar tocar solo para vosotros, no os merecéis esto".Ante las protestas de los asistentes por el bajo volumen de los conciertos, la organización fue subiendo el sonido a medida que crecían los gritos de descontento del público. De esta forma, en el primer escenario se registraron picos de más de 96 decibelios, en el segundo escenario superiores a los 91 y, en el tercero, de 88. Por tanto, el festival superó de largo la limitación de un máximo de 85 decibelios en horario diurno y de 80 decibelios en horario nocturno.Los informes de la Policía Local y del Servicio de Inspección Municipal, recogidos por elDiario.es, concluyen que "no se han respetado las limitaciones de los equipos limitadores-registradores previstas en la documentación acústica". Además, señalan que se superaron en seis decibelios los niveles máximos de ruido establecidos tanto por la normativa aplicable como por la documentación acústica presentada por el promotor. PublicidadFacua- Consumidores en Acción considera que la organización ha actuado con mala fe, pues siguió adelante con la ubicación del festival pese a ser conocedora de que no se podía superar unos decibelios muy bajos. La asociación pide que se reembolse a los asistentes el 100% del importe que pagaron por sus abonos tras los problemas de sonido que se produjeron durante la jornada del viernes. The Music Republic, empresa organizadora, señala a Público, que el festival devolverá "el 50% del valor de las entradas y no el 100% puesto que se ha celebrado la mitad del evento y al igual que pasa en otras situaciones donde un evento de varios días se cancela por causas de fuerza mayor, el procedimiento habitual es el de devolver la parte proporcional no disfrutada del mismo".En un comunicado señalan que llevan trabajando desde marzo para mantener el evento en la Ciutat de les Arts i les Ciències, aunque estudiaron alternativas como La Marina o el Circuit Ricardo Tormo de Cheste, además de implementar nuevas soluciones de ingeniería acústica para reducir el impacto sonoro. Sin embargo, expresan a Público, la falta de "voluntad para encontrar soluciones o alternativas" por parte de la alcaldía, ya que, según denuncian "el Ayuntamiento no ha querido reunirse con la organización en ninguna de las múltiples reuniones propuestas".Por su parte, el PSOE de València señala a este medio que lo que ha fallado en este conflicto ha sido "el diálogo". "Han hablado todas las partes menos el ayuntamiento de València porque, como en todos los problemas, Catalá ha preferido ponerse de perfil. La alcaldesa tiene la responsabilidad de solucionar problemas y en este caso, una vez más, no ha estado a la altura", apuntan.PublicidadEl concejal de Urbanismo, Vivienda y Licencias, Juan Giner, ha señalado a la Cadena SER que los organizadores del Festival de les Arts conocían "perfectamente" los límites de ruido y la normativa vigente antes de celebrar los conciertos en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y ha responsabilizado al anterior gobierno progresista de la redacción de una ordenanza de contaminación acústica deficiente. Por su parte, Compromís ha rechazado estas críticas y ha afirmado a Público que, "si el problema real fuera la ordenanza del ruido, afectaría a toda la ciudad y no solo a Les Arts", añadiendo que "el PP no presentó enmiendas en el momento de su aprobación y, ya en el gobierno, tampoco la ha modificado en ese sentido", y subraya además que el debate sobre conciertos y festivales no se ha abordado pese a las demandas del sector y aunque sí se han introducido cambios en otros ámbitos como las verbenas de Fallas o las fan zones.El Ayuntamiento de València, al momento de publicarse este artículo, no había respondido a las preguntas de este medio.Una problemática que se extiende a otras ciudadesLa controversia ha reabierto además un debate que trasciende el caso valenciano y que afecta a numerosas ciudades españolas. De hecho, en ocasiones, son los propios consistorios quienes incumplen la normativa. Es el caso del Ayuntamiento de Madrid, que durante las fiestas de San Isidro ha llegado a acumular más de 420.000 euros en autosanciones a lo largo de los años por superar el límite de 90 decibelios. Este año, en cambio, se ha ajustado a la normativa, aunque entre críticas por el bajo nivel de sonido ante un público tan multitudinario que, según señalaban, se escuchaba más el bullicio que las propias actuaciones.Pero el ejemplo más conocido es el del Santiago Bernabéu, donde las denuncias vecinales por contaminación acústica provocaron la cancelación de ocho conciertos y dieron inicio a un largo proceso judicial. Hace unas semanas, los tribunales exculparon al Real Madrid de responsabilidad por el exceso de ruido en estos eventos, al considerar que son las empresas promotoras cesionarias del estadio las responsables de velar por el cumplimiento de los límites de decibelios en la transmisión del sonido ambiente, conforme a la Ordenanza Municipal de Protección contra la Contaminación Acústica y Térmica de 25 de febrero de 2011. Tras conocerse esta resolución, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció una modificación de la normativa autonómica con el objetivo de otorgar "seguridad jurídica a los promotores" que quieran organizar conciertos en el Bernabéu.Debate entre derecho al descanso y derecho al ocioEl debate entre el derecho al descanso y el derecho al ocio está servido. Germán Ormaechea, DJ y responsable de la agencia y sello discográfico Fep Producciones, considera que existe "una tendencia creciente a restringir la música en directo en espacios urbanos". Según explica, fenómenos similares se han producido en Madrid, donde festivales, conciertos de barrio y eventos culturales han tenido que reducir aforos, bajar volúmenes o trasladarse a otras ubicaciones debido a las quejas vecinales y las limitaciones acústicas."Obviamente hay que respetar el descanso de los vecinos, pero también a quienes trabajan en la música y a quienes quieren disfrutar de ella. Hay que buscar un punto intermedio", afirma. En su opinión, límites tan bajos como los fijados para Les Arts hacen muy difícil el desarrollo normal de un festival de estas características y evidencian la necesidad de encontrar fórmulas que permitan compatibilizar ambas realidades. "La sensación en el sector es que las ciudades están apostando por un modelo de ocio más familiar y turístico, mientras la música en directo pierde espacio", destaca.Desde la organización del festival Sonido Almansa apuntan que, en su caso, han vivido situaciones en las que han tenido que ajustar el sonido, "cumpliendo todas las exigencias técnicas impuestas", pero que "el resultado final ha sido una experiencia claramente peor para parte del público y de los artistas".Por ello, consideran que el conflicto entre festivales y vecinos no puede resolverse únicamente mediante límites acústicos cada vez más restrictivos. A su juicio, la clave pasa por analizar cada caso de forma individual y buscar soluciones adaptadas a las características de cada espacio. "El equilibrio debería buscarse desde la planificación y el diálogo, no desde la confrontación. Es importante estudiar cada espacio de manera individual, analizar horarios, orientaciones de los escenarios, tecnologías de control acústico y establecer canales de comunicación reales con los vecinos afectados", apuntan.PublicidadEnrique Hernández, director del festival Sonido Almansa, considera que una cancelación tan abrupta como la del Festival de les Arts es una solución "muy extrema", teniendo en cuenta que eso "puede llevar a la bancarrota, a los promotores y a la gente que trabaja allí".Frente a esta postura, las asociaciones vecinales insisten en que el problema no es la celebración puntual de eventos culturales, sino que ocurra de manera reiterada durante muchas horas y afecte al día a día de los residentes. Desde la Asociación Vecinal Delicias para Todos, integrada en la plataforma Madrid contra el Ruido, denuncian que muchos ayuntamientos conceden de forma habitual la consideración de "interés general" a espectáculos privados, "permitiendo niveles sonoros muy superiores a los establecidos para zonas residenciales".La asociación asegura que existen sentencias y recomendaciones de organismos públicos que reconocen el derecho de los ciudadanos a disfrutar de su vivienda y su intimidad sin sufrir molestias acústicas reiteradas. "Cuando ocurre una vez puede entenderse, pero cuando se repite constantemente los vecinos terminan teniendo que abandonar sus casas durante horas para escapar del ruido", explican desde la asociación.PublicidadLos colectivos vecinales defienden sus reclamaciones basándose en la evidencia científica sobre los efectos del ruido. Alertan de que la exposición prolongada a niveles elevados de sonido puede causar trastornos del sueño, estrés crónico, hipertensión y deterioro cognitivo, incluso en situaciones en las que las personas afectadas no perciben conscientemente esa exposición.
Más allá de la cancelación de Les Arts: se desata la guerra de los decibelios entre vecinos y festivales
Las asociaciones de vecinos alertan de que la exposición prolongada a niveles elevados de sonido puede causar problemas de salud.











