El alto el fuego con más agujeros que un queso gruyere que ha definido durante el último mes la guerra en Medio Oriente ha vuelto a hacer de las suyas. Irán e Israel están dando pasos a favor de la desescalada después de que, durante el fin de semana, Teherán atacase territorio israelí en respuesta a su avance en el Líbano y Tel Aviv respondiera golpeando “objetivos militares” en el oeste y el centro iraní. Así lo ha asegurado el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, que dio por concluida su última ofensiva, mientras que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habría suspendido los preparativos para un nuevo ataque, según dijeron dos responsables militares israelíes a The New York Times. Esta última ofensiva corrió el riesgo de poner en jaque al proceso de negociación entre Estados Unidos e Irán. El presidente estadounidense, Donald Trump, pidió tanto a Irán como a Israel que frenaran los ataques y aseguró que el proceso final de las negociaciones sobre la paz seguía en marcha, aunque advirtió que "la ignorancia o la estupidez podrían obstaculizarlas". Hasta el momento, las negociaciones apenas han avanzado, pese a que Washington ha reiterado en varias ocasiones que un acuerdo estaba cada vez más cerca. Las razones del estancamiento son múltiples, pero, como muestra este último episodio, Israel es uno de los mayores obstáculos. El avance de las tropas israelíes más allá del río Litani (además de los ataques aéreos sobre Beirut) en su ofensiva en el Líbano ha cruzado una línea roja para Irán, que desde el principio de las negociaciones ha exigido respetar un alto el fuego en suelo libanés como una condición ineludible para cualquier posible proceso de paz. Nada parece bastar para frenar a Netanyahu. Ni las advertencias públicas de Trump —incluyendo una llamada en la que llegó a calificar al primer ministro israelí de “jodidamente loco”— ni el supuesto alto el fuego alcanzado con las autoridades libanesas han logrado impedir que Israel atacando objetivos de Hezbolá, la milicia chií respaldada por Irán en el país. Sin embargo, la respuesta iraní de este domingo apunta a algo más que una represalia contra Tel Aviv: revela una mayor disposición de Teherán a responder de forma directa y potencialmente imprevisible a los ataques contra su territorio y sus aliados. "Estamos entrando en una nueva etapa de la guerra. La respuesta iraní refleja un cambio estratégico impulsado por el debilitamiento de la capacidad de disuasión de Teherán y sus aliados frente a Israel", afirma Dani Lerer, analista israelí especializado en asuntos internacionales. "Irán no está respondiendo a un incidente puntual. Está intentando redefinir las reglas de confrontación regional y establecer una nueva dinámica de disuasión", asegura. Al inicio de la "Operación Furía Épica" librada por Estados Unidos e Israel contra Irán, parecía que el régimen iraní había cometido un error de cálculo y se enfrentaba a su extinción. A las pocas horas del inicio de los ataques, Israel anunciaba que había logrado eliminar a Ali Jamenéi, exlíder supremo, además de haber destruido gran parte de su capacidad militar convencional. Trump aseguró en ese momento que Estados Unidos había conseguido "diezmar todo su imperio del mal". Pero no fue así. Cuatro meses después del inicio de la operación, ninguno de los objetivos planteados por Washington —que iban desde el desmantelamiento nuclear hasta descabezar al régimen— se ha llevado a cabo. Apenas unos días después de la muerte de Jamenei, la Asamblea de Expertos anunció el nombramiento de su hijo, Mojtaba Jamenei, como nuevo líder supremo. Lejos de colapsar, la República Islámica aseguraba su continuidad. Desde entonces, el régimen ha usado el cierre de facto del estrecho de Ormuz, la presión sobre infraestructuras energéticas de la región y el riesgo de una escalada en el Golfo para elevar el coste de la guerra para EEUU, sus aliados regionales y el mundo entero. Ahora, además, el régimen iraní está aprovechando la urgencia de Trump por cerrar el conflicto para mostrar a Israel una faceta mucho más agresiva que en el pasado. Durante décadas, Irán se caracterizó por la paciencia estratégica y una doctrina de contención. Encajaba golpes, calculaba los tiempos y muchas veces contestaba a través de sus aliados o en escenarios donde podía fingir no tener responsabilidad directa en los ataques. Esa fórmula le permitió evitar una guerra abierta con Israel y Estados Unidos. Pero cuando, pese a todo, la guerra acabó llegando a sus puertas, esta doctrina dejó de tener sentido. "Es muy importante entender que el nuevo liderazgo en Teherán es distinto del que hemos estado tratando durante los últimos 47 años", advierte Ellie Geranmayeh, subdirectora del programa para Oriente Medio y Norte de África del think tank European Public Affairs (ECFR). "En Teherán está ganando fuerza la tesis de que la llamada paciencia estratégica de Irán no ha sido una fortaleza, sino uno de los factores que han contribuido a la actual guerra (...) Irán necesita ser mucho más contundente, más escalatorio y más imprevisible como actor para volver a crear una disuasión frente a Israel", añade. Ese cambio explica la ofensiva de este domingo. No es que la República Islámica cuente con mayor capacidad militar de disuasión —esta sí ha resultado dañada por el conflicto, al menos parcialmente—, pero sí cuenta con la voluntad de responder de forma más rápida, más directa y más arriesgada. Teherán no busca demostrar que puede impedir los ataques contra sus aliados en la región, porque no puede. Pero sí dejar claro que cada ataque tendrá un coste inmediato y que, desde luego, la guerra no podrá cerrarse como desea Estados Unidos mientras Israel continúe su campaña en el Líbano. Irán no es el único desatado Irán, sin embargo, no es el único actor que ha dejado atrás sus viejas reglas. "El Israel al que Irán disuadía antes del 7 de octubre no es el mismo Israel", afirma Geranmayeh. "Este Israel es mucho más audaz en su enfoque, mucho menos condicionado por lo que piense la comunidad internacional", agrega. Esa transformación agranda la brecha entre Washington y Tel Aviv. Trump necesita un acuerdo que le permita cerrar el frente iraní y presentar la negociación como una salida a la guerra. Netanyahu, en cambio, actúa como si cualquier pacto que deje en pie al régimen iraní fuera una amenaza para Israel. “Hay claramente malestar, un gran malestar en el sistema estadounidense con respecto a Israel, pero aún no hemos visto ninguna medida punitiva ni amenazas de retirar los privilegios que EEUU concede a Israel como forma de hacer que vuelva al redil”, sostiene Geranmayeh. Sin ese coste, Netanyahu conserva margen para seguir tensando una negociación que Trump necesita más que él. La consecuencia es un alto el fuego del que solo queda el nombre. Irán puede enviar señales de que está dispuesto a parar si Israel también lo hace. Trump puede insistir en que el acuerdo marco sigue vivo. Pero la última palabra la tienen los ataques sobre el terreno. “Es muy fácil ver cómo esto se convierte en una bola de nieve que acaba interrumpiendo las negociaciones durante varias semanas y retrasándolas”, advierte Geranmayeh. Los dos actores que más pueden incendiar la guerra se están volviendo menos previsibles al mismo tiempo. Y, llegados a ese punto, cualquier chispa basta. El alto el fuego con más agujeros que un queso gruyere que ha definido durante el último mes la guerra en Medio Oriente ha vuelto a hacer de las suyas. Irán e Israel están dando pasos a favor de la desescalada después de que, durante el fin de semana, Teherán atacase territorio israelí en respuesta a su avance en el Líbano y Tel Aviv respondiera golpeando “objetivos militares” en el oeste y el centro iraní. Así lo ha asegurado el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, que dio por concluida su última ofensiva, mientras que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habría suspendido los preparativos para un nuevo ataque, según dijeron dos responsables militares israelíes a The New York Times.
Irán está desatado: los ataques contra Israel te revelan la nueva doctrina militar del régimen
Todo indica que el régimen iraní está dejando atrás su doctrina de la contención a raíz de la guerra contra EEUU e Israel. El nuevo Iran que empieza a asomar es uno mucho más dispuesto a usar la fuerza










