NoticiaNacional vs. Junior. Foto: AFPPERIODISTA08.06.2026 19:03 Actualizado: 08.06.2026 19:03
Junior llegó a Medellín con alma de campeón, con corazón de bicampeón. No se dejó arrebatar la gloria. Su ventaja de tres goles fue tan grande como todo el Atlántico. No le importó la furia local, se hizo sordo a los bramidos antioqueños. No se amilanó ni ante el gol del 1-0 que fue el primero y el único del juego de vuelta, ni ante la lluvia de proyectiles que cayeron en los tiros de esquina. Si el Atanasio Girardot ardía, Junior jugó con la tranquilidad del que es hijo de la Barranquilla ardiente y triunfadora. El juego de Junior fue inteligente. Sin esperar mucho en su territorio y sin arriesgar demasiado en el ajeno. Dejó que Nacional se adueñara del balón y de las ilusiones, para después arrebatarles hasta los suspiros, con un equipo de guerreros que ya habían orquestado su victoria en el juego de ida. Al minuto 30 las montañas antioqueñas se sacudieron brevemente, con un gol de Nacional, de Román, pero un fuera de lugar previo aplacó la felicidad del local: el gol vino y se fue. Después Nacional mandó dos remates al palo izquierdo del arquero. Ahí, Junior y todo su pueblo costeño se convencieron de que la estrella no se la arrebataban por nada. Junior no solo jugaba con 11: el poste estaba de infiltrado. En el segundo tiempo Nacional quemó sus últimas esperanzas. Atacó como el que presiente que la desgracia lo acorrala. Sus goles acontecían solo en la imaginación. Y mientras tanto, los jugadores de Junior corrían como si llevaran un carnaval en las piernas.Al minuto 56, por fin el partido hizo méritos para despertar el drama. Fue cuando Alfredo Morelos lanzó el centro y Edwin Cardona entró libre y punteó la pelota directo a la red, este gol, celebrado con una euforia contenida, ya no tenía dudas, era real, era el primero, a Nacional le faltaban dos milagros para igualar la serie. De ahí en adelante, Junior, por primera vez, sintió el miedo, lo vio de cerca, sintió como si un huracán verde se le viniera encima. El equipo costeño flaqueó unos instantes ,era el momento para que Nacional lo mandara a la lona.Fue cuando el portero Silveira salió de su cabaña y golpeó a un rival. ¿Penalti? Sí, o no, quizá, nadie tenía certeza, el VAR despejó las dudas. “Penalti”, gritaron, a una sola voz, todos los hinchas verdolagas en todo el país, menos en la costa. Alfredo Morelos se miró con el arquero, a ver cuál de los dos tenía más pánico. Al delantero al que le dicen el búfalo le sobró fuerza, pero careció de puntería. La tiró arriba. El Atanasio quedó en sonoro silencio. Solo se escuchaban los gritos de los jugadores de Junior, que una vez más comprobaron, que no jugaban solos, que alguna fuerza divina jugaba de su lado. También el reloj.Con cada minuto que pasaba los hinchas verdes se iban hundiendo más y más en sus asientos, agazapados, sin ganas ya ni de gritar ni de rezar.El resto de los esfuerzos de Nacional fueron en vano. Junior, que ya había hecho su partido perfecto y todo su esfuerzo en su casa, anhelaba que el tiempo se acabara ya, deseaban gritar que eran bicampeones. Alfredo Arias pedía a gritos orden, que nadie se desconcentrara, que no parpadearan, que no regalaran la pelota. Canchimbo demostró su irreverencia y en dos contrataques casi sentencia la final.En los últimos cinco minutos, los hinchas verdolagas aún esperaban algo de épica, un poquito de hazaña o de suerte. Clamaban por otro gol que no llegó. Reclamaron un penalti que no les dieron. Se les acabó la paciencia y el tiempo. Hasta que el árbitro levantó su mano justiciera y declaró el final del partido. El ruidoso estadio quedó como en un silencio de lectura. Solo un rumor como de acordeones venía de lejos, con un coro de campeones que venía con el viento, era el grito de todo el pueblo costeño. PABLO ROMERORedactor de EL TIEMPO@PabloRomeroET Sigue toda la información de Deportes en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












