El código cómico de La Revuelta se ha hecho más grande este lunes con el control escénico de José Sacristán, que no solo entiende la ironía de David Broncano y su equipo, sino que además la saca brillo con su capacidad para escuchar, replicar y rematar.Broncano empezaba la entrevista con la destreza de compartir una anécdota personal que, encima, era identificable para el público desde casa: soñó con alquilar la plaza de garaje de Sacristán, residentes ambos de una concurrida zona del centro de Madrid. Broncano intentó quedarse con su parking. Sin éxito. Quién no ha envidiado a ese vecino que no tiene que hacer grandes maniobras cuando llega con su coche. El solo le basta con tirar hacia delante y ya tiene el vehículo perfectamente estacionado. Así empieza una entrevista en la que, por supuesto, Sacristán va abriendo melones. Incluso adelantándose al propio presentador: reflexiona sobre la visita del papa y el poco amor al prójimo de la ultraderecha, recuerda el valor de la transición española y hasta comparte la emoción de ver cómo le homenajeó su pueblo. Imposible parpadear, pues su manera de comunicar atesora la habilidad para relativizar su portentosa experiencia con la comedia más astuta, la que coge carrerilla en el arte de un buen silencio a tiempo. De esta forma, cuando la entrevista es interrumpida para el surrealismo que ensancha La Revuelta, Pepe Sacristán da una lección de la precisión del actor cómico que se toma muy en serio: que sale Manu Álvarez a comer un limón en directo, Sacristán dice al trabajador del programa que regrese a escena y é mismo culmina el gag como lo hubiera hecho Fernando Fernán Gómez o Paco Raval. "Ah, este es guionista...", satiriza.Lo mismo sucede cuando aparece otro compañero del programa, esta vez Edu de producción, vestido de árbol cutre. "Te pagan mucho por hacer esto, porque hay que tener valor". Si los sketches se sienten de función de colegio, los grandes de nuestro cine lo subrayaban hasta crear un retrato costumbrista con la mordacidad que no sabes muy bien si es fruto de la irritación o de la devoción. O de las dos cosas juntas.La Revuelta es sublime en los capítulos que alcanza este ping-pong diléctico entre invitado y presentador. El programa crece cuando la ironía que surge se sustenta en una reflexión profunda. Y la entrevista no solo se queda en la anécdota: transmite la confianza de compartir aprendizajes con el superpoder de la risa que todo lo lo permite. Hasta el último minuto. Cuando José Sacristán va a salir por la puerta y él por sí mismo cierra el arco narrativo con la maestría del actor que también es autor. "Si llego a saber que lo iba a pasar tan bien, te hubiera cedido la plaza de garaje".Escuchó, comprendió, compartió, jugó y se guardó el guiño para redondear su visita con un final feliz. Porque el teatro es menos teatro sin un colofón. Pepe Sacristán no solo conoce la teoría, la ejerce con esa generosidad que convierte lo que podría ser otra entrevista de promoción de tantas en una complicidad compartida, en la tele disfrutona que nos implica. Porque sus protagonistas se implican.
José Sacristán y su clase magistral de comunicación con Broncano: así sacó brillo a 'La Revuelta'
A sus 88 años, el actor remató el guion del programa con rapidez de reflejos.






