Fue la primera vez este lunes, 8 de junio, en el que un papa, líder espiritual del catolicismo, la religión que practica el 18% de los españoles —otro 36,3% se declara católico no practicante, según el CIS— habló ante las Cortes Generales. No lo hizo antes ni Juan Pablo II, en sus cinco visitas, ni tampoco Benedicto XVI, en sus tres periplos españoles. La justificación institucional para que se produjera el acontecimiento, según los juristas consultados por Público, venía dada por su condición de jefe de Estado del Vaticano, el más pequeño del mundo. Solo dos partidos habían rechazado su presencia en la sede de la soberanía: Podemos y BNG. Ambos apoyaron a la asociación Europa Laica, que había llamado al boicot al entender incomprensible la presencia de un líder religioso, por muy jefe de Estado que sea, en la sede de la soberanía, dispuesto a pronunciar, como hizo, un "sermón". PublicidadLeón XIV, que cosechó un aplauso de siete minutos tras su intervención, arrancó con un reconocimiento de "la autonomía de las realidades terrenas" y "la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política" y abrochó un discurso —que se puede ver y escuchar íntegro aquí— en línea con la doctrina católica, en el que una vez más, combatió los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, reclamó el derecho a reclamar una educación católica y recuperó una parte de la tradición católica española: la de la Escuela de Salamanca y el fraile Francisco de Vitoria, que le venía bien para sus argumentos sobre la deriva del planeta. Así, también dejó el papa mensajes a favor del diálogo y contra la polarización política y en defensa del migrante y, a su vez, un decidido empuje contra el rearme y a favor de la paz, en tiempos internacionales muy convulsos.Para la politóloga Anna López, autora del libro La extrema derecha en Europa (Tirant), el papa “ha sido conservador en cuestiones de bioética porque ha reiterado la posición clásica de la Iglesia contra el aborto y la eutanasia, defendiendo la vida desde la concepción hasta el ocaso natural. Pero ha sido claramente progresista en otros ejes: defensa de los migrantes, crítica a la discriminación, rechazo de la polarización, cuestionamiento del rearme militar, apelación a la justicia social y preocupación por la crisis climática y las causas estructurales de la migración"."Por eso —añade López—, políticamente, el discurso incomoda a todos un poco: la izquierda celebra algunos mensajes sociales pero rechaza los de aborto y eutanasia; la derecha aplaude estos últimos pero encuentra más incómodas sus posiciones sobre migración o rearme".Eugenia Relaño, profesora de Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad Complutense de Madrid, analiza: "Ha habido en su discurso dos ideas fundamentales. Por un lado, la persona en el centro, con todo el tema tecnológico, que ya había tratado en su encíclica. Se trata de discernir dónde está la persona, para no quedar atrapada en intereses y tecnológicos. El discernimiento al que alude el papa es individual, como se relaciona cada uno con las tecnologías, y también colectivo: qué poder se le dan a las tecnológicas. Situar a las personas en el centro significa preterir los intereses tecnofeudales".Publicidad"Y por otro lado, [tenemos] la idea reiterada de la diversidad. El lema de la UE, la unidad en la diversidad [al que se refirió León XIV] resalta que estamos en un mundo diverso, hecho de distintas tradiciones y culturas. El papa viene a dialogar y ofrecer una alternativa y lo une a la dignidad humana. Defiende una Iglesia peregrina -idea muy agustiniana-, que se abre al mundo en cualquier contexto. Su vida de algún modo es eso. Viene de Chicago, de madre francesa y ha vivido mucho tiempo en Perú. Comprende lo que es el diálogo y las diferencias culturales". Las referencias a la diversidad en el discurso y en los actos de León XIV, empero, no son suficientes para Gema Segovia, coordinadora del Grupo de Fe y Espiritualidad de la Federación Estatal LGTBI+. "Es un acierto la visita del pontífice, pero en el tema de las personas LGTBI+ no ha sido apenas una apertura de ventanas. La visibilidad ha quedado diluida, se puede como siempre argumentar que no hay espacio [en la agenda], pero no es eso… [Ojalá que] dejen de pensar que somos personas de segunda categoría. En este tramo, el discurso de León XIV es relativamente conservador. No se ha movido de la doctrina social de la Iglesia Católica y no parece que vaya a querer dar grandes pasos en lo que afecta a mover la doctrina oficial en lo que es la atención a las personas LGTBI+. Siguen pensando que los actos entre personas del mismo sexo y/o género no son correctos. Eso les da la excusa perfecta para que estas personas [no] puedan tener una responsabilidad mayor en la vida comunitaria de la Iglesia Católica. Quizás más adelante si las conferencias episcopales empiezan a trabajar la diversidad afectivo sexual y de género como algo positivo y que enriquezca [les] sirva para abrirse a otras realidades".¿La referencia al aborto, ese combate contra los derechos de las mujeres, y la eutanasia era imprescindible? "Si el papa hubiera hablado de dignidad humana, bien común o derechos fundamentales sin mencionar aborto y eutanasia, habría parecido que estaba omitiendo dos cuestiones que para la doctrina católica son nucleares. Ahora bien, desde la lógica política española, sabía perfectamente que esa sería la frase que iba a abrir los telediarios. Por tanto, fue una referencia doctrinal, pero también una intervención consciente en un debate político que en España sigue siendo muy sensible", analiza López. "Es una idea central en el catolicismo y en la concepción de la persona humana. Ha mantenido, por tanto, la postura oficial de la Iglesia, sostenida igualmente por anteriores pontífices", explica Relaño. PublicidadPara Llum Quiñonero, de Europa Laica, León XIV "ha venido a afirmar su oposición a los derechos reproductivos y ha negado el derecho a que cada quien pueda ser asistido para morir, si así lo desea. Progre no es. Lo sorprendente es que no solo se le ha cedido como púlpito el Congreso y se ha multiplicado su mensaje a traves de la televisión pública, convertida en canal Vaticano una vez mas, a costa del erario publico"."Igualdad, dignidad, Justicia, esperanza… dicho desde un poder absoluto que es el suyo, que considera que es ley divina que las mujeres —lamenta Quiñonero— no estén presentes en su jerarquía. Que establece su doctrina como medida de todas las cosas. El papa ha venido a consolidar el poder Vaticano. A asegurar que la Ley de Libertad de Conciencia que duerme el sueño de los justos en los cajones del Congreso no vea la luz. Ni los cambios constitucionales que blinden el derecho al aborto en la Constitución". Para el sociólogo José Hernández Ascanio de la Universidad de Córdoba, "curiosamente ha hecho una lectura muy integradora del concepto de familia, que si bien lo ha marcado como referente no lo ha hecho desde una definición excluyente, lo que es bastante potente teniendo en cuenta las tensiones acerca del modelo de matrimonio igualitario en España". "Pese a que la Conferencia episcopal es algo con lo que confronta, en el discurso del papa no ha habido una brecha en ese sentido", añade.Por otro lado, añade el sociólogo: "Ha hecho una referencia curiosa a la memoria histórica. Viniendo de un pais como Perú con largas experiencias de gobiernos autoritarios y dictaduras, podría ser un reconocimiento implícito a la necesidad de hacer relecturas de lo acontecido durante la dictadura". Esto es lo que ha dicho el papa al respecto: "La paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia".Extrema derecha, migraciones y referenciasJuan José Tamayo, emérito honorífico de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III de Madrid, cuyo último libro es Cristianismo Radical (editorial Trotta), destaca de la actividad y del discurso del papa "la crítica de los discursos identitarios, clara referencia a la extrema derecha". "Esa llamada a abandonar las narrativas y las simplificaciones estériles. De alguna manera, en este tema, ya alertó a los obispos españoles del peligro de la extrema derecha. Me ha parecido muy importante la distinción de comunidad eclesial y política. Y desde el punto de vista antropológico ha manifestado que el ser humano es algo más que una pieza de un determinado engranaje"."Ha hablado del diálogo y del enriquecimiento mutuo. Su lema es la paz. Hace una alusión a la paz por encima de todo. Nada de imponer y respeto escrupuloso por el orden internacional, legitimando los tratados internacionales". "Desde el diálogo —añade Relaño— ha querido resaltar lo que une: la dignidad humana, idea esencial del Concilio Vaticano II y, evocando la Gaudium et Spes de Pablo VI, recuerda la centralidad de la persona humana y una Iglesia al servicio de la humanidad en diálogo constante con ella". "Este servicio a la humanidad era central en el pontificado de Francisco y León XIV sigue esta línea"."Ha sido un discurso muy concilio Vaticano II", abunda Relaño. "La apertura a la diversidad —prosigue— debería estar siempre presente [en los discursos de la Iglesia], pero no siempre está. La Iglesia es la iglesia de los pobres y de los más vulnerables, idea que ha repetido en todo el discurso varias veces. Es la iglesia que se moviliza frente a imposiciones, emancipatoria. En esto es una continuidad con Francisco y un aviso a navegantes para los sectores menos dialogantes y conservadores de la Iglesia". PublicidadTamayo agrega que también es relevante la "crítica moderada al comportamiento de la Iglesia católica que en determinados momentos no ha respetado la dignidad humana". "Lo dice muy concretamente: no estuvimos a la altura. Eso es importante. Toda la referencia a determinados momentos a la historia del pensamiento español, a la Escuela de Salamanca, donde se reflejan los límites del poder, a la figura de Francisco de Vitoria, eso es una herencia y una tradición muy importante [que merece la pena] recuperar".Esta es la frase exacta que destaca Tamayo, pronunciada por León XIV: "Hay que reconocer que la sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana". Relaño explica al respecto: "Francisco de Vitoria puso también en el centro la libertad de la persona y el bien común. Es una referencia muy relevante porque la Escuela de Salamanca también puso los cimientos del derecho internacional basado en la paz". Para Alejandro Torres, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad pública de Navarra, "reivindicar la contribución de la Escuela de Salamanca al surgimiento del Derecho internacional, y de la figura de Francisco de Vitoria en particular, es acertado sin duda, pues supone una reivindicación de los derechos humanos, y del multilateralismo".Publicidad"El discurso de Francisco de Vitoria pensando en el descubrimiento y colonización de América, está plenamente vigente, y del mismo se pueden sacar lecciones de cara a corregir los excesos en el uso unilateral de la fuerza, por ejemplo en Oriente Medio", añade Torres. El catedrático de filosofía en la Universidad de Alcalá de Henares, Francisco Castilla Urbano, autor del libro El pensamiento de Francisco de Vitoria, considera: "A grandes rasgos y para una declaración de un papa a un parlamento, lo que dice no está mal". "Incluso introduce —recuerda, como Tamayo— una cláusula de reconocimiento de insuficiencia o incapacidad de la sociedad y de la Iglesia, lo que para los tiempos que corren no está mal. Es un poco modesto con su propia orden, porque, aunque los grandes pensadores de la Escuela fueron mayoritariamente dominicos y jesuitas, hay algunos agustinos, como fray Luis de León y Alonso de la Veracruz, al menos, que pueden ponerse a la altura de la mayoría de aquellos". "Me parece —afirma Quiñonero— que en su discurso ha hecho un popurrí, mezclando al Quijote con Unamuno, a Francisco de Vitoria y la necesidad de poner limites al poder, con el valor de la orden dominica tan experta en la puesta en marcha del Santo Oficio, la Inquisición, que unificó los reinos bajo un solo credo, actuando como una herramienta de represión contra disidentes, herejes y minorías. No doy crédito que se haya atrevido a citar a Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, artífices ellos precisamente de las políticas de pureza de sangre y de ordenar la expulsión y la obligación de la fe para evitarla. No parecen un ejemplo reseñable hablando de respeto, dignidad y Justicia. Perseguir, censurar, expulsar, condenar a la hoguera… Ese fue el papel del Santo Oficio".Tamayo considera que en el tema de las migraciones es donde el papa "ha dejado claro su distanciamiento, incluso su critica indirecta a la extrema derecha". "Ha defendido de manera incondicional la dignidad humana en igualdad de condiciones que el resto de los nacionales. Eso es una clarísima pedrada en el ojo de la derecha y la extrema derecha, que han establecido mediante la coalición entre PP y Vox, la prioridad nacional".Publicidad"Aterriza la idea —señala al respecto la profesora Relaño— de la dignidad humana abstracta en la obligación de los estados de respetar, proteger e integrar a los inmigrantes. El papa amplía la mirada a las migraciones y exige que se devuelva a la persona al centro de los discursos. Es una aproximación casi revolucionaria en un contexto donde las migraciones solo se entienden desde la mirada de la seguridad y económica".Tercia Quiñonero: "Sinceramente todas las palabras de consenso, justicia y esperanza son de agradecer. Como es de agradecer su defensa de la paz y la denuncia del rearme como argumento contra la guerra. Destaco esas ideas. Pero ¿qué ha venido a hacer el papa a España? ¿Denunciar las políticas de recortes de derechos de las personas emigrantes? ¿Denunciar la prioridad nacional que defiende Vox y que aplaude el PP, ambos partidos confesionales? ¿Era necesario cederle la tribuna mas alta del poder legislativo para que lo convierta en púlpito? ¿No tiene el Vaticano sus propias tribunas? ¿No son católicos, ovejas de su rebaño quienes se niegan a reconocer derechos a la emigración que huye de la pobreza? ¿No tiene la Iglesia católica suficientes parroquias, catedrales, iglesias, universidades desde las que difundir los argumentos a favor de respetar los derechos de la emigración?"La escuela católica"De lo más controvertido para mí, o lo que me da la sensación de que es un tema impuesto por la conferencia episcopal es el tema de la libre elección en la educación. Es un tema que se salía del tono general del discurso y que parece responder a intereses en este caso muy particulares de la Iglesia española", afirma el sociólogo Hernández Ascanio. En efecto, el papa no perdió la ocasión de defender la escuela católica ante sus señorías. "Muchos padres deseosos de que sus hijos aprendan a relacionarse, a pensar con espíritu crítico y a adquirir valores sólidos, depositan en ellas grandes esperanzas, como valiosas aliadas en su educación. Esta colaboración ha de respetar siempre el "derecho primario e inalienable" de los padres a "elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas", dijo León XIV.Sergio López del Río, del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de Madrid y coordinador de la Campaña por una Escuela Pública y Laica: Religión fuera de la Escuela", señala: "Estamos muy de acuerdo en que los padres tienen derecho a educar en sus convicciones. Pero en su casa, en su parroquia o en su mezquita. Por esa regla de tres, yo que soy comunista, debería exigir que se eduque a mi hija en una escuela comunista, pero no. Debe educarse en valores comunes. España no es católica o es católica con grandes comillas. Y sólo hace falta leer a los clásicos para darse cuenta de que el libre pensamiento y el anticlericalismo son tan antiguos como el catolicismo en España, a pesar de haberse reprimido durante siglos con puño de hierro". Publicidad"Hoy hay más personas que se definen agnósticas, no creyentes o ateas que católicas practicantes. Es la misma historia de siempre. Y sí, la Constitución recoge esas palabras prácticamente textuales, pero eso no quiere decir que se tenga que hacer en horario escolar y por medio de una asignatura. No puede ser que por las convicciones de unas familias se condicione lo que se enseña en la escuela en términos no pedagógicos", agrega López del Río.El catedrático de Educación, Enrique Javier Díez Gutiérrez considera: "La escuela debe enseñar y transmitir el bagaje intelectual, científico y cultural de la especie humana. La finalidad de la escuela no puede ser inculcar dogmas que entran en contradicción con la razón, la ciencia y los derechos humanos, como la subordinación de la mujer o el origen mágico de la vida y el universo. Enseñar dogmas religiosos no solo va en contra del pensamiento crítico y de la autonomía personal, sino que hay contenidos de ese adoctrinamiento y labor catequética que entran en franca contradicción con la razón, la ciencia y con derechos humanos, como la libertad de orientación sexual y la libertad de las mujeres o el origen de la vida y del universo, entre otros"."Los centros —prosigue el profesor— deben de servir para aprender y no para creer: Nos negamos a que con el dinero público se financie ningún tipo de adoctrinamiento religioso. La religión católica tiene una carga horaria superior a la de contenidos tan importantes como la educación física o la educación artística. Es más, las clases de religión restan muchísimas horas lectivas a las demás asignaturas, que sí son importantes y acordadas por toda la comunidad educativa y social. Las distintas religiones deben usar sus espacios propios de culto, y no la escuela que es un servicio público y común, que debe educar en valores universales y posibilitar el acceso a los conocimientos científicos compartidos, no a los dogmas particulares".Remacha Díez Gutiérrez: "La necesaria e imprescindible separación iglesia-estado no se resolvió adecuadamente en la Transición. El paso de la escuela nacionalcatólica a una escuela laica se impidió manteniendo unos Acuerdos con el Vaticano, heredados de las postrimerías de la dictadura franquista, que obligan a que se oferte la asignatura de religión en todos los colegios y facultades de formación del profesorado de todo el Estado. La derogación de estos acuerdos es un primer paso imprescindible para ser una democracia no tutelada religiosamente".PublicidadCosas que no fueron dichas y una reflexión final"El papa —considera Quiñonero— ha venido a consolidar el poder Vaticano. A asegurar que la Ley de Libertad de Conciencia que duerme el sueño de los justos en los cajones del Congreso no vea la luz. Ni los cambios constitucionales que blinde el derecho al aborto en la Constitución. No ha venido a devolver el patrimonio inmatriculado durante la dictadura y aún después, que convierte a la Iglesia en una de las principales tenedoras inmobiliarias en nuestro país. Ni ha venido a ofrecer transparencia para las cuentas de la jerarquía eclesiástica ni para garantizar la apertura de los archivos eclesiales y de congregaciones para conocer y denunciar el papel de la iglesia en el robo de bebes, en la persecución de las jóvenes internadas en el Patronato de Protección a la Mujer. Nada de abrir ventanas que corra el aire y asumir responsabilidades. Ha venido a preservar privilegios. A cerrar puertas a nuevas negociaciones, a conseguir el aplauso del hemiciclo que, salvo escasas excepciones, ha aplaudido su discurso como si lo asumiera. Incluidas las referencias a santos y virgenes propias de su fe".La politóloga López echa de menos otras cuestiones en el discurso del pontífice: "La primera, una referencia más explícita a la crisis de confianza en las instituciones y a la corrupción política, que es una de las principales preocupaciones del debate público español. Y la segunda, una mención directa a los abusos sexuales en la Iglesia durante su intervención parlamentaria. Curiosamente, sí abordó esa cuestión después ante los obispos, pero no en el Congreso. También podría haberse detenido más en el reto demográfico o en el acceso a la vivienda, que son problemas centrales para las generaciones jóvenes".La politóloga López concluye con esta reflexión: "El papa ha conseguido situarse por encima de la lógica partidista española. Hay un último elemento muy interesante desde el punto de vista político. Prácticamente ningún jefe de Estado democrático podría haber pronunciado hoy un discurso similar en el Congreso español. Si el presidente de Francia, de Estados Unidos o de cualquier otro país hubiera entrado en debates sobre inmigración, aborto, eutanasia o polarización política, probablemente se habría interpretado como una injerencia en la política nacional, pero cuando lo hace el Papa, hablamos de un discurso histórico: la imagen del día no son solo los casi diez minutos de aplausos. Es que la extrema derecha y la derecha que pacta con ellos la prioridad nacional y el rechazo a los menores migrantes no acompañados han terminado también aplaudiendo. Esa es la prueba de que León ocupa un espacio político y moral que ningún otro jefe de Estado podría ocupar hoy sin ser acusado de injerencia".Apuntes sobre Francisco de Vitoria y la escuela de Salamanca y el derecho internacionalEl filósofo Francisco Castilla Urbano, autor del libro El pensamiento de Francisco de Vitoria, explica a preguntas de Público que "el Derecho Internacional no es el derecho de gentes, que es de lo que hablaba Vitoria y el resto de autores asociados a sus enseñanzas". "Este derecho tiene una carga metafísica profunda, mezcla derechos individuales, colectivos y de Estados, concepto que ni siquiera tiene nuestro sentido actual, sino que son repúblicas perfectas, esto es, las que tienen una autoridad reconocida e independiente de otra (por ejemplo, en el caso hispano, tanto Castilla como Aragón, lo que no se suele mencionar)".Añade el filósofo: "El Derecho Internacional, por el contrario, es una construcción positivista que surge a principios del siglo XIX, con una fuerte carga colonialista. Es, por tanto, una cuestión de Estados imperialistas y otros que, sin poder serlo, pero considerándose civilizados y a la espera de poder también obtener algo del reparto del mundo, quieren pactar una serie de normas de gobierno internacional. El Derecho Internacional, en su afán de encontrar en el pasado arraigo para lo que dice, encuentra en el derecho de gentes un antecedente a fuerza de ignorar las diferencias que les separan. En esa construcción histórica, la Escuela de Salamanca y, en concreto, Francisco de Vitoria aparece como un elemento de gran utilidad"."La Escuela de Salamanca —abunda el filósofo— no es algo preciso. Hay tres autores indiscutibles que la integran: Francisco de Vitoria, que con su llegada a Salamanca en 1526 la inaugura, Domingo de Soto y Melchor Cano. Fuera de estos hay mucho que debatir sobre el concepto de Escuela de Salamanca y sobre la pertenencia a la misma, según de quién se trate y no siempre hay un acuerdo general. Si no queremos entrar en discusiones, que en muchos casos son bastante secundarias para los hechos, hace medio siglo nadie cuestionaba que la Escuela de Salamanca abarcaba de Vitoria al jesuita Francisco Suárez, fallecido en 1617. Después, hasta nuestros días, parece haberse desatado un afán ordenador que no se sabe muy bien qué aporta. Lo cierto, a mi entender, es que entre 1526 y 1617 todos los miembros de la Escuela tienen o comparten un aire de familia en cuestiones estudiadas, actividades que realizan, vínculos formativos, reconocimiento de unos hacia otros y originalidad en sus planteamientos. Después decrece esta última. Todos, eso sí, son hombres de Iglesia y han estudiado Teología o Derecho canónico, no siempre en Salamanca, en contra de lo que parece desprenderse del apelativo". "Las ideas fundamentales —explica el catedrático— de Francisco de Vitoria se pueden resumir (mucho) en lo que afecta a los indios y al derecho de guerra. Hay, por supuesto, otras muchas, pero lo esencial diría que es, con relación a los indios, haber elevado el debate sobre la conquista a un nivel muy superior a lo existente en los años anteriores a 1538, cuando pronunció su relección De indis. Aquí se incluyen: derechos públicos (gobierno) y privados (bienes) de los indios, negación de una serie de títulos de conquista, aceptación de otros de manera condicionada, planteamiento del indio como un menor de edad que debe ser tutelado y reconocimiento de que los españoles no deben retirarse en ningún caso del Nuevo Mundo. No todo ello, como puede apreciarse, habla en beneficio de los indios, como se dice a veces, y eso justifica que en la actualidad exista un debate sobre hasta qué punto Vitoria defendió los derechos de los naturales, aunque de forma insuficiente o, por el contrario, planteó el camino hacia su colonización, que sería el camino posterior de Europa y Occidente"."La teoría de la guerra justa es la otra gran aportación de Vitoria. Enlaza con lo anterior, pero se extiende más allá de la cuestión americana. Todavía en nuestro tiempo, autores como Michel Walzer o John Rawls lo tienen presente. La teoría de la guerra justa plantea, desde un poso de idealismo, la posibilidad de hacer de la guerra un instrumento de justicia. Aunque en Vitoria se presenta como una teoría bienintencionada y cargada de prevenciones para evitar que se inicie en la medida de lo posible, no es fácil en un mundo de injusticias hacer que triunfe la justicia. De hecho, aunque ha propiciado reflexiones de interés, pocas veces ha permitido el triunfo de la paz", remacha Castilla Urbano.
El 'sermón' del papa en las Cortes: defiende a los migrantes y la paz mientras ataca los derechos de las mujeres
El papa reitera la posición clásica de la Iglesia contra el aborto y la eutanasia y defiende la vida desde la concepción hasta el ocaso natural.










