Pasan los años, pero el patrón continúa siendo el mismo: una periodista formula una pregunta a Donald Trump que lo incomoda. Para salir del aprieto, ataca. Pero lo hace de forma personal y, por sobre todo, de manera diferente a cómo lo haría con un reportero de su mismo género.Es verdad que durante más de una década, Trump ha mantenido una relación conflictiva con la prensa estadounidense. Pero dentro de esa confrontación permanente existe un ensañamiento que ha llamado la atención de organizaciones periodísticas, académicos y defensores de la libertad de expresión: sus reiterados choques con periodistas mujeres. A lo largo de campañas electorales, conferencias de prensa, entrevistas televisivas y publicaciones en redes sociales, el presidente de Estados Unidos llamó a reporteras “estúpidas”, “terribles”, “corruptas” o “de segunda categoría”, además de cuestionar su profesionalismo, su actitud o incluso su apariencia después de preguntas sobre asuntos políticamente sensibles. La secuencia abarca desde la periodista de Fox News Megyn Kelly durante la campaña de 2015 hasta la conductora de NBC Kristen Welker en junio de este año, pasando por corresponsales de CNN, ABC News, CBS News, Bloomberg, PBS y The New York Times.El episodio más reciente ocurrió durante una entrevista grabada para Meet the Press. Sentado frente a Welker, una de las periodistas políticas más reconocidas de la televisión estadounidense, Trump defendía nuevamente sus denuncias sobre supuestas irregularidades electorales en California cuando la conductora le pidió pruebas concretas. El mandatario respondió que le bastaba con observar lo que ocurría y escuchar lo que decía la gente. Welker insistió. La discusión escaló rápidamente. “O eres corrupta o eres estúpida”, le dijo Trump. Luego amplió sus críticas al programa y a otros medios nacionales, afirmando que NBC, ABC, CBS, CNN y Meet the Press actuaban de manera deshonesta. Finalmente interrumpió la conversación. “Lo siento, terminemos acá porque ya tuve suficiente”, dijo antes de levantarse de su asiento. Al retirarse llamó a la periodista “querida” y le apoyó una mano en el hombro.Lejos de tratarse de un episodio aislado, el intercambio con Welker llegó después de varios meses marcados por enfrentamientos similares. Apenas cuatro días antes, durante una conferencia en la Oficina Oval, Trump había apuntado contra Kaitlan Collins, corresponsal de CNN en la Casa Blanca y una de las periodistas que más frecuentemente lo interrogan en actividades oficiales. Sin que la reportera hubiera formulado todavía una pregunta, el presidente criticó a CNN y luego se refirió directamente a ella. “Es una mujer joven y hermosa que nunca sonríe. Nunca la veo sonreír. La veo ahí parada con odio en los ojos”, afirmó frente a otros periodistas y funcionarios. Más tarde, cuando Collins preguntó sobre un controvertido fondo de compensación impulsado por la administración, Trump volvió a cuestionarla y acusó a la cadena de actuar de manera corrupta. No era la primera vez que la elegía como blanco. En febrero ya la había definido como “la peor periodista” y había dicho que nunca la había visto sonreír.Los episodios recientes forman parte de una sucesión de cruces que se aceleró desde el comienzo de su segundo mandato. En mayo, durante un acto en el Lincoln Memorial, calificó de “estúpida” una pregunta formulada por Rachel Scott, de ABC News, y describió a la periodista como un “desastre” y una de las peores reporteras que cubrían la Casa Blanca. Días después llamó “persona tonta” a una periodista y “persona estúpida” a otra durante una conversación informal con reporteros en los jardines presidenciales. En abril, durante preguntas vinculadas con el conflicto en Medio Oriente, le dijo a una reportera que era “una vergüenza”. La repetición de escenas similares llevó a varios medios estadounidenses a señalar que el presidente parecía recurrir a descalificaciones personales cada vez que una periodista insistía con preguntas sobre asuntos políticamente delicados.Uno de los episodios más comentados ocurrió en noviembre de 2025 a bordo del Air Force One. Mientras el avión presidencial volaba rumbo a Washington, Catherine Lucey, corresponsal de Bloomberg News, intentó preguntarle por el caso Jeffrey Epstein y por las presiones para divulgar documentos vinculados a la investigación. Trump la interrumpió antes de que terminara de formular la pregunta. “Cállate, cállate, cerdita”, le dijo. El comentario fue escuchado por otros periodistas presentes y rápidamente se difundió en medios y redes sociales. El conductor de CNN Jake Tapper lo calificó como “repugnante e inaceptable”, mientras que la ex presentadora de Fox News Gretchen Carlson lo describió como “degradante”. Organizaciones periodísticas expresaron preocupación por el lenguaje utilizado por el mandatario hacia una reportera que simplemente intentaba formular una pregunta.Ese mismo mes se produjeron otros enfrentamientos. Durante un intercambio con la corresponsal de CBS Nancy Cordes, Trump respondió: “¿Eres estúpida? Porque eres una persona estúpida”. Días antes había llamado a Mary Bruce, de ABC News, “una persona terrible y una periodista terrible” luego de una serie de preguntas sobre Arabia Saudita. También utilizó Truth Social para atacar a Katie Rogers, periodista de The New York Times, a quien describió como una “periodista de tercera categoría, fea por dentro y por fuera”. En otra conferencia acusó a Yamiche Alcindor, de NBC News, de ser una periodista “de segunda categoría”. Aunque el mandatario ha mantenido choques similares con periodistas hombres, muchos de los intercambios con mujeres incorporaron observaciones personales que trascendían las críticas habituales a la cobertura informativa.La historia, sin embargo, comenzó mucho antes de su regreso a la Casa Blanca. Uno de los antecedentes más recordados se produjo en agosto de 2015, durante el primer debate de las primarias republicanas. Aquella noche, la periodista de Fox News Megyn Kelly le preguntó por declaraciones previas en las que había llamado a distintas mujeres “cerdas gordas”, “perras” y “desastres”. La pregunta desencadenó uno de los enfrentamientos más famosos de la campaña presidencial. En los días siguientes, Trump criticó repetidamente a Kelly en entrevistas y apariciones televisivas. En una de ellas afirmó que había “sangre saliéndole de los ojos, sangre saliéndole de cualquier parte”, una declaración que generó una fuerte controversia nacional. También dijo que no le tenía “ningún respeto” y que estaba “sobrevalorada”. Para muchos analistas, aquel episodio marcó el comienzo de una dinámica que se repetiría durante años.Con la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero de 2017, los enfrentamientos con periodistas pasaron a formar parte habitual de las conferencias de prensa presidenciales. Aunque el mandatario atacaba frecuentemente a medios enteros (a los que calificaba de “fake news” o “enemigos del pueblo”) varios de los intercambios más notorios tuvieron como protagonistas a reporteras que cubrían diariamente la actividad presidencial. Entre ellas se encontraba April Ryan, veterana corresponsal de Washington. Durante una conferencia en 2018, Trump la describió como una “perdedora” y afirmó que no sabía “qué demonios estaba haciendo”. El comentario fue ampliamente criticado por asociaciones periodísticas.Ese mismo año también se produjo un intercambio con Abby Phillip, de CNN. La periodista intentó preguntarle sobre el entonces fiscal general interino Matthew Whitaker. Trump interrumpió la consulta y respondió que se trataba de una “pregunta estúpida”. Más tarde agregó que Phillip hacía muchas preguntas estúpidas. CNN respondió públicamente defendiendo a la periodista y calificó las declaraciones presidenciales como ataques injustificados contra una profesional respetada.Otra periodista que protagonizó frecuentes cruces con Trump fue Yamiche Alcindor, primero en PBS y luego en NBC. Durante una conferencia vinculada a la pandemia, Alcindor preguntó por declaraciones realizadas por el presidente respecto de las comunidades afroamericanas. Trump respondió acusándola de formular una “pregunta racista”. En otra ocasión le pidió que fuera amable y que no fuera “amenazante”. Los intercambios se hicieron habituales durante los años de la pandemia y fueron analizados por especialistas en medios como ejemplos de la tensión existente entre la administración republicana y la prensa nacional.La pandemia de COVID-19 produjo además uno de los enfrentamientos más recordados de toda la presidencia de Trump. En mayo de 2020, durante una conferencia en la Casa Blanca, la periodista Weijia Jiang, de CBS News, preguntó por qué el presidente insistía en comparar el desempeño de Estados Unidos frente al coronavirus con el de otros países. Trump respondió: “Pregúntele a China”. Cuando Jiang, nacida en China pero ciudadana estadounidense, le preguntó por qué dirigía ese comentario específicamente hacia ella, el mandatario calificó la pregunta de “desagradable”. Segundos después abandonó abruptamente la conferencia de prensa. El episodio recibió una enorme atención mediática y provocó críticas de organizaciones asiático-estadounidenses y asociaciones de periodistas.A medida que avanzaban los años, los enfrentamientos dejaron de limitarse a las conferencias de prensa y se trasladaron también a las redes sociales. Trump utilizó repetidamente Twitter durante su primer mandato y luego Truth Social para atacar a periodistas individuales. Katie Rogers, Maggie Haberman, Megyn Kelly y Kaitlan Collins fueron algunas de las reporteras mencionadas directamente en publicaciones donde el presidente cuestionó su trabajo profesional o las acusó de difundir información falsa. En algunos casos, los mensajes fueron compartidos miles de veces por sus seguidores y generaron nuevas controversias en el ecosistema mediático estadounidense.Las organizaciones de defensa de la prensa observaron estos episodios con preocupación creciente. La International Women's Media Foundation advirtió en varias oportunidades sobre los riesgos específicos que enfrentan las mujeres periodistas cuando son señaladas públicamente por figuras políticas de alto perfil. Su directora ejecutiva, Elisa Lees Muñoz, sostuvo que este tipo de ataques puede desencadenar campañas de acoso digital, amenazas y hostigamiento. La UNESCO llegó a conclusiones similares en un informe global difundido en 2021, en el que señaló que cerca de tres cuartas partes de las periodistas consultadas habían sufrido violencia en línea relacionada con su trabajo. Una de cada cinco aseguró haber sido víctima de ataques fuera de internet vinculados con esas campañas.Académicos especializados en medios también analizaron el fenómeno. Profesores de periodismo y comunicación señalaron que muchos de los intercambios protagonizados por Trump con reporteras se diferenciaban de otros enfrentamientos políticos porque incluían referencias a características personales de las periodistas. En algunos casos aludía a su apariencia física; en otros cuestionaba su inteligencia, su actitud o sus expresiones faciales. Kaitlan Collins fue criticada por “no sonreír”; Megyn Kelly fue atacada tras una pregunta sobre comentarios misóginos; Weijia Jiang fue interpelada en un intercambio que generó acusaciones de sesgo racial. Los casos, sostienen algunos especialistas, muestran patrones distintos a los observados en enfrentamientos convencionales entre funcionarios y periodistas.La Casa Blanca, sin embargo, rechazó sistemáticamente las acusaciones de misoginia o discriminación. Funcionarios de la administración argumentaron que Trump responde de la misma manera a periodistas hombres y mujeres cuando considera que una pregunta es injusta o cuando cree que una cobertura es incorrecta. Luego del incidente con una periodista de ABC a bordo del Air Force One, una portavoz sostuvo que una persona “molesta sigue siendo molesta sin importar su género”. Otros funcionarios defendieron el estilo confrontativo del mandatario como una característica conocida de su personalidad política.Pero aquí hay algo distinto. Como dijo Lees Muñoz a The Independent: “Sabemos que él no discrimina por género a la hora de realizar críticas o ataques, pero hemos observado especialmente la forma en que ataca a las periodistas mujeres. Se trata de ataques fuertemente marcados por el género, que reflejan tendencias misóginas muy similares a las que vemos todos los días en internet y en las calles”.¿El objetivo? "Hacerlas callar y humillarlas".