Hace poco murió el gran impulsor del pensamiento complejo. En su homenaje, el presidente E. Macron afirmó: “Nunca Edgar Morin había parecido tan vivo. Vivo por sus intuiciones, su trabajo sobre los rumores que anticipan a los algoritmos enloquecidos, vivo gracias a su obra cumbre, El método”.Y es que Morin, ese pensador apasionado por revolucionar la educación, defendió sus ideas con la sabiduría de quien ha transitado la historia aprendiendo: “El verdadero peligro no radica en que los algoritmos enloquezcan, sino en la simplificación del pensamiento”. El concepto de complejidad surgió en los años 60 desde la teoría de sistemas, pero Morin fue más allá: “El conocimiento no es conocimiento si no es organización, puesta en relación y en contexto con las informaciones”; es abierto, incompleto, interdisciplinario, reconoce la complejidad humana y rechaza el reduccionismo. En La mente bien ordenada (2000) planteó que una mente bien ordenada no acumula datos: esboza problemas, articula saberes y les da sentido. La racionalidad combate el error, pero no debe degradarse en doctrina.Poco después, en El método (2006) el pensador abordó la naturaleza, la humanidad y la ética desde lógicas complementarias y contradictorias. Criticó el paradigma que fragmenta lo físico, lo biológico y lo humano, y propuso repensar la relación individuo-sociedad-especie. Definió la educación no como transmisión de contenidos sino como formación de una cultura capaz de comprender la condición humana.Con apoyo de la Unesco, Edgar Morin impulsó una reforma educativa humanista planteando que “la reforma de la enseñanza debe conducir a la reforma del pensamiento, y la reforma del pensamiento debe conducir a la reforma de la enseñanza”. En ¿Hacia el abismo? (2010) se preguntó si la crisis planetaria nos conduciría al desastre o a la metamorfosis; pero en medio de los riesgos vio espacio para la creatividad, la comprensión y una nueva conciencia humana. Y en Lecciones de un siglo de vida (2022) afirmó que la historia mezcla orden y desorden, razón y barbarie, y que del futuro cabe esperar lo inesperado.Despertemos (2024) fue un llamado a “aterrizar”: civilizar la Tierra, humanizar la especie y reformar el pensamiento. Frente al abismo, propuso apostar por lo improbable, estimular la creatividad humana y descartar sistemas que convierten a las personas en máquinas.En un Ecuador atrapado en miradas simplistas y fragmentadas, la visión de Morin es esencial: el saber transforma y la política comienza por cambiar la manera de comprender el mundo. Enfrentar problemas globales no puede partir de un pensamiento parcial y, al igual que en la educación, “sin transformar las mentalidades no cambian las instituciones, y sin cambiar las instituciones tampoco se transforman las mentalidades”.Condenados a lo inacabado del pensamiento, Morin sostenía que “para envejecer bien, hay que conservar en uno mismo las curiosidades de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, las responsabilidades del adulto, y en el envejecimiento intentar extraer la experiencia de las edades anteriores”.En esas me hallo... (O)