¿Por qué los famosos ya no se agarran a las piñas en la televisión? Ya no se ven escenas como Mauro Viale a puro golpe con Samid. Tampoco batallas campales, como aquella de Torry y Mandia en Crónica TV, donde Anabela Ascar tuvo que buscar refugio junto al Mago sin dientes. Menos que menos reacciones violentas como la que supo tener Ricardo Fort contra Flavio Mendoza en el Bailando por un sueño. También desaparecieron de la pantalla cruces verbales subidos de tono o desplantes. No se ve a Carmen Barbieri, como supo hacer en el pasado, abandonando el piso de Intrusos enojada porque Luis Ventura no la saludó (¿o fue al revés?). Hubo un tiempo donde había renuncias en vivo, portazos mediáticos que no tenían vuelta atrás. A Susana Roccasalvo se le fue un panelista en directo luego de un picante cruce. Ni hablar de insultos como los que alguna vez le dijo Jorge Rial a Camilo García en los años 2000 por los gustos musicales de uno y otro. ¿Se calmó la farándula o no es negocio la pelea?Existen dos hipótesis -cero método científico, todo observación de adicto a la TV― en torno a por qué ya no hay gritos como los que Moria Casán y Silvina Escudero se repartieron ante la mirada de Tinelli (tirándose en cara abuelas muertas). La primera gran teoría gira sobre el hecho de que aquellos teatros de revistas, con vedettes, primeras vedettes y aspirantes a vedettes ya son parte del pasado. Ya no se ven obras con la dupla Nito Artaza-Miguel Ángel Cherutti, los últimos especímenes de ese estilo teatral. Entonces, con el género ya extinto, desaparecieron los personajes que buscan el escándalo como motor de venta de entradas (y dentro del escándalo valía todo, desde piñas hasta infidelidades). Por lo tanto, ya no se ven a figuras ―bueno, “figuras”- como Stella Maris Lanzani peleándose en vivo con Iliana Calabró minutos antes de que Sofovich, por teléfono, le avisara que estaba fuera de la obra. Menos que menos a Carmen Barbieri acusando a Santiago Bal de querer meterla en un manicomio previo acuerdo con Ayelén Paleo. No, eso es parte de la TV que quedó allá por los 2010… No hay apodos hirientes (“muqui” a Pampita) o insultos despectivos (“cara de caballo”, de Silvia Süller a Moria). Existe, también, otra hipótesis atrás. Hoy en día el negocio cambió y los famosos viven de las redes. Y no, no hay que pensar en figuras con canjes en hoteles en el Caribe o autos de lujo. No, esos famosos son contados con los dedos de la mano. La farándula de a pie, la low cost, la que no está salvada económicamente, usa sus redes sociales para tener ingresos. De ahí que se multiplican las historias de Instagram donde se ve a un ex Gran Hermano con un trapeador de piso, a una panelista promocionando una manicura en Villa Pueyrredón o un conductor venido a menos agradeciendo a un local de ropa de Avenida Avellaneda. Por eso se acabó la violencia: ninguna marca, por más chica o barrial sea, se quiere pegar a un famoso que insulta, grita, pega o dice barbaridades. Es una relación directamente proporcional: cuanto más grosero sea el famoso, más paupérrimo será su nivel de canje. Que se entienda: todo esto no es una queja, sino un análisis ―bué, “análisis”- de una situación que se vivía a diario en la televisión y que, ahora, quedó en el pasado. Ya no se volverán a ver panelistas plantando en vivo a conductores u obscenidades dichas sin que nadie se ponga colorado. Adiós a Eliana Guercio pegándole un cachetazo a Polino; adiós a Horacio Pagani contra Alejandro Fabbri por las crónicas de boxeo; y adiós a Zulma Lobato contra Mitch en pleno arranque de locura. Se terminó la era de las peleas en la televisión pero no porque primó la razón, la paz o la reflexión, sino porque se impuso algo mucho más importante: seguir facturando. Dicho de otra forma: usted no puede decir una cosa así, usted se tiene que arrepentir.