Su físico ya era excepcional cuando contaba con 20 años. Ahora, 58 años después, bordea el milagro. Arnold Schwarzenegger goza de una de las biografías más memorables de Hollywood: un escalón por debajo de Ronald Reagan en el área de la política, varios tramos de escalera por encima de él en músculos. Y continúa actuando. Y, sobre todo, entrenando.Arnold Schwarzenegger volverá a ser el Rey Conan en 2029 y, entre tanto, rueda para estas Navidades con Alan Ritchson, conocido por Reacher y por ser prácticamente una versión joven de Schwarzenegger. Entre tanto, el actor, que tiene su propio blog y es muy activo en redes sociales, no ha dejado de pisar el gimnasio.Parafraseando al recientemente centenario Dick Van Dyke, Schwarzenegger hacía ejercicio a los 30 años para estar guapo y ahora, para seguir vivo. Van Dyke nunca ha tenido el torso del austriaco, pero sí una figura admirable para un hombre de 100 años. En realidad, el mero hecho de que sea un hombre de 100 años ya es admirable. Pero Schwarzenegger, con un perfil actoral muy diferente al de Van Dyke, coincide con este: hay que seguir en movimiento.Cómo tener el físico de SchwarzeneggerPara empezar, lo más obvio: hay que entrenar toda la vida. Y con toda la vida, no hablamos de una figura retórica. Schwarzenegger fue Mister Olympia hasta que decidió probar con la interpretación y la mayor parte de sus papeles los consiguió gracias a sus bíceps. Ahora, con 78 años, el exTerminator no ha terminado con las pesas: cada día, baja a su gimnasio privado a hacer “algo” de ejercicio. Un “algo” que, para un joven de 20 años promedio, seguramente sea demasiado.“Sigo adelante porque, pase lo que pase, por mucho que me duela, por mucho que cargue a mis espaldas o por muy mal que vayan las cosas, consigo una victoria cada día”, ha escrito en su blog. Schwarzenegger aborda una pregunta a la que se enfrenta a menudo: “¿Por qué sigues entrenando?”. En su caso, el hecho de continuar haciéndolo es el triunfo intrínseco. “Soy adicto a esa victoria diaria. Una vez que entiendes que no hay línea de meta, dejas de perder”.Schwarzenegger no concentra su discurso en el ejercicio físico: para él, el gimnasio es su santuario. Pero para el escritor, lo será el ordenador y para el pintor, el atelier. “Esta semana, al final de cada día, busca una cosa que hayas hecho que te haya hecho avanzar. No tiene por qué ser grande. Solo tiene que ser real. Aprende a verla. Así es como se sigue adelante", asegura el actor. Y político. Y Mister Olympia. Y…