Cabo SueltoEl encuentro de Le�n XIV con representantes de la cultura, la empresa, la educaci�n y el deporte fue, sobre todo, otro ba�o de masas con un esp�ritu menos r�gido y m�s festivalero que sus antecesoresLa compa��a de Sara Baras baila para el Papa en el Movistar Arena.EFEActualizado Domingo,

junio

23:09Audio generado con IADe entre todas las posibilidades, la m�s dif�cil de anticipar fue la de esa ovaci�n tajante cuando Le�n XIV ley� en su discurso de cierre los nombres de cuatro poetas: Lope de Vega, santa Teresa de Jes�s, san Juan de la Cruz y Calder�n de la Barca. M�s de 12.000 personas ovacionando al Siglo de Oro y antecesores en el mismo recinto donde se despidi� Joaqu�n Sabina hace unos meses. Ni en la Feria del Libro encuentras esto. Nadie lo vio venir. El Movistar Arena (el Palacio de los Deportes de Madrid, de toda la vida) no rug�a de esa manera desde el �ltimo concierto de The Prodigy en diciembre de 2009. El aplauso de entrega l�rica igual� por un momento a gentes de muy distinto proceder: Antonio Garamendi (presidente de la CEOE) y a Unai Sordo (secretario general de CCOO, al que le cayeron dos silbidos sueltos y pronto afeados), a Pepe �lvarez (�dem en la UGT) y a Carlos Crehueras (presidente del Grupo Planeta), a obispos y a cardenales, a curas con sotana, al se�or que ten�a al lado criticando al de CCOO y al que ten�a al otro lado enviando fotos por el m�vil compulsivamente. Tal fue la potencia vinculante de los poetas. El Papa, por el gesto que dej� asomar en ese momento, tampoco lo esperaba. En Espa�a renace furiosamente la poes�a, aunque casi nadie la lea. Es la conclusi�n al vuelo.La jugada de traer al Papa al Movistar Arena no ten�a riesgo. la intenci�n era sumar otro ba�o de masas con un esp�ritu menos r�gido y m�s festivalero que sus antecesores. Le�n XIV a�n est� a buenas con casi todo el mundo. Antes de su aparici�n sonaba m�sica de animaci�n por los altavoces. Melod�as felices y esperanzadas. Acordes en alm�bar. En el escenario, los periodistas Lara Siscar (RTVE) y Carlos Franganillo (Mediaset), empezaron a dar cuerda al encuentro a las 17.08, hora punta de lipotimias fuera del recinto. Invitaron a ciudadanas y ciudadanos a contar experiencias propias y se escucharon defensas de la educaci�n y sanidad p�blicas (Lucila Rodr�guez-Alarc�n), del teatro (Pedro V�llora), de la necesidad de la m�sica en la vocaci�n de un seminarista y guitarrista flamenco (Jos� R�os), de la asistencia al otro seg�n un bombero (I�aki Burgue�o), de la gratitud y la entrega por boca de un joven con c�ncer y la enfermera que lo asiste en el Hospital Ni�o Jes�s de Madrid (Pablo Reneo y Carmen Molina)... A partir de entonces, la fe dio un salto cualitativo. Con el Concilio Vaticano II los templos se llenaron de guitarras y esa herencia se nota.El Papa accedi� por un costado del pabell�n, a las 17.53, dando vuelo con la zancada a la sotana papal de 33 botones frontales, que representan los 33 a�os de vida terrenal de Jesucristo. Entonces, s�: el fervor se descapot� y este hombre silente, al que es f�cil imaginar en soledad con las manos a la espalda caminando entre hortensias, hizo un pase�llo y dio la mano a unos 6.700 fieles, mil arriba, mil abajo. Ante algo as� es dif�cil mantener la vanidad a raya. Los m�viles le sobrevolaban el solideo y no perdi� ni un segundo la sonrisa disimulando la tensi�n de estar en p�blico. Despu�s de apretar falanges subi� al escenario. Alguna gente lloraba. Le pasaron su discurso, lo revis� y con adem�n lento lo apoy� en el hueco que quedaba entre el reposabrazos del sill�n y su cadera. Un detalle muy sport.La gestualidad de Le�n XIV es muy escueta, pero puede que ayer alcanzase un punto de emoci�n sin comprometerlo. Escucha y hace saber que escucha. Habla seguro de lo que quiere decir, sin resbalar con las ideas en ninguna piel de pl�tano. En medio del jolgorio, qu� pensar� un hombre que hace no tantos a�os conviv�a en pueblos dif�ciles, pobres, a desmano, asistiendo a ciudadanos invisibles y comunidades ind�genas de Per� y que algunos mediod�as encontraba la iluminaci�n interior ante un arroz con muslo de pato asado y pastel de peras. La m�stica moderna est� ya entre nosotros. El viaje de reconocimiento del Papa despliega conceptos donde a veces la Iglesia a�n encalla: "Diversidad", "inclusi�n", "�tica" y "respeto" (el tema de los abusos sexuales es el gran estigma negro).De regreso a la realidad, Antonio Banderas reivindic� "el arte como alternativa a todas las violencias", Le�n XIV asinti�. Y de paso dio cuenta de su afici�n a la Semana Santa, de no s� qu� hechizo y de que a los cinco a�os se le cruz� una palabra para darse respuesta a una duda y esa palabra precoz era "Dios". Admirable y todo muy cofrade. Pero este Papa, insisto, m�s all� de la parafernalia, tiene algo de enigma conservado entre m�rmoles y damascos vaticanos. Su condici�n agustina le permite enfriar emociones. La electricidad est�tica que genera cualquier concentraci�n euf�rica no parece afectarle. Sali� del pabell�n, tras bendecir al respetable y amasando el deseo de una sociedad mejor calibrada, con la sonrisa habitual: la de un Papa cuya misi�n, como los anteriores, es no perder definitivamente el pulso contra el tiempo.