El ruedo ib�ricoWilliams, en rueda de prensa, este domingo.AFPCarlos ToroActualizado Domingo,
junio
17:39Pocas horas antes de traspasar a Leo Messi la antorcha del Premio Princesa de Asturias, anunciaba Serena Williams su retorno a las pistas. Lo har� en los verdes pastos brit�nicos del WTA 250 de Queens, que empieza este lunes, y en la modalidad de dobles. A los 44 a�os, y a tres meses de cumplir 45, formar� d�o con la canadiense Victoria Mboko, de 19, n�mero 9 del r�nking.En llamativo, publicitario contraste generacional, Serena se al�a compensatoriamente con una 'teenager' para apoyarse en su juventud y refrescar un pasado glorioso pero improrrogable en un presente carente de futuro. Tambi�n jugar� dobles en Berl�n y, seg�n los resultados obtenidos y las sensaciones experimentadas en un ensayo menos expuesto que en solitario, quiz�s, mediante invitaci�n, integre el cuadro individual en Wimbledon.Meditadas o impulsivas, sean cuales sean las profundas o superficiales razones de este proyecto de resurrecci�n, ser� dif�cil que vaya m�s all� de uno de esos ilusorios episodios de deportistas ciegos o sordos a la evidencia. No vemos a la admirable y venerable Serena plantando cara a Sabalenka, Rybakina, Swiatek, Gauff, Pegula, Anisimova, Svitolina, Andreeva, Muchova y compa��a. Representantes de un tenis en pujante ebullici�n de lobas ambiciosas que trepan por los r�nkings a raquetazo limpio. En Roland Garros, s�lo una jugadora del Top-10, Andreeva, octava, accedi� a semifinales. Campeona a la postre, disc�pula de Conchita Mart�nez, es, con sus 19 a�os, otra de esas juveniles fieras del circuito.Ni siquiera como divertimento personal tiene sentido este salto retroactivo de la menor de las Williams, que disput� en 2022 su �ltimo partido, con derrota ante la croata-australiana Ajla Tomljanovic. Una tenista que, a fecha de hoy, con 33 a�os, nunca ha ganado un torneo WTA y cuya mejor posici�n en r�nking fue la 32� en abril de 2023. Serena ya no era Serena entonces. Cuatro a�os despu�s, a�n lo ser� menos en un tenis progresivamente m�s poderoso y que se ha emancipado hace tiempo de quien lo empez� a dise�ar.La terca resistencia a la retirada ha caracterizado hist�ricamente la etapa final de muchos deportistas excepcionales, propensos al autoenga�o a causa de esa misma excepcionalidad interpretada como inmunidad al calendario. Pero los mejores no tienen por qu� ser los m�s duraderos. No existe una relaci�n directa calidad-longevidad. En el tenis est� cometiendo ese error Djokovic, aferrado a una permanencia que s�lo conduce a la creciente melancol�a y batido por jugadores mucho menos dotados, pero mucho m�s j�venes, que enriquecen su historial a costa de un nombre ilustre pero ajado. El empe�o en superar a edades improbables lesiones recidivas condujo a Nadal y a Federer a prolongar en exceso unas carreras que ya carec�an de aut�ntico recorrido. El tiempo no espera a nadie, no retrocede para nadie y tambi�n las raquetas entran en la tercera edad.En cualquier modalidad, la retirada a tiempo es la �ltima victoria del deportista. La menos deseada, la menos perseguida, la menos celebrada. Pero a veces la m�s meritoria.
















