Actualizado Domingo,

junio

11:39En el Estado de la Ciudad del Vaticano, donde todo es diminuto menos la historia, tambi�n existe un organismo encargado de algo tan cotidiano como matricular coches y expedir permisos de conducir. Se trata del Registro de Veh�culos Vaticanos, una instituci�n que desde 1930 administra el peque�o, pero muy particular parque m�vil del Estado. Y s�, entre sus funciones est� custodiar la matr�cula m�s simb�lica del planeta: la SCV 1("Stato della Citt� del Vaticano", Estado de la Ciudad del Vaticano), y el n�mero 1 designa al veh�culo personal del Papa en su calidad de Jefe de Estado, reservada exclusivamente al veh�culo del Sumo Pont�fice. El Registro naci� tras la Ley Pontificia n�mero II, promulgada en 1929, que estableci� un sistema propio de ciudadan�a, residencia y, por supuesto, circulaci�n. Desde entonces, este servicio se ocupa de matricular los veh�culos de la Gobernaci�n y de los organismos de la Santa Sede, adem�s de emitir y renovar los permisos de conducir vaticanos. Hoy depende de la Oficina Jur�dica de la Gobernaci�n, que supervisa tanto la documentaci�n como el cobro del impuesto de circulaci�n. El Papa Le�n XIV, durante uno de sus recorridos por Madrid con el 'Papamovil' que ha usadoEFELos ciudadanos y residentes pueden obtener un permiso de conducir vaticano tras superar un examen te�rico y recibir el tradicional Foglio Rosa, que les permite presentarse a la prueba pr�ctica bajo la supervisi�n de un ingeniero autorizado. Eso s�, para circular fuera del Vaticano es obligatorio acompa�ar la licencia con un Permiso Internacional de Conducir, v�lido durante dos a�os. Las matr�culas SCV y CV, peque�as joyas de coleccionista Las primeras matr�culas vaticanas fueron las SCV, introducidas en 1930 y destinadas exclusivamente al uso institucional. Los primeros veh�culos en llevarlas pertenec�an al garaje pontificio, incluidos los del s�quito papal y los altos dignatarios. La m�s famosa es la SCV 1, de color rojo, que identifica al papam�vil y se ha convertido en un icono reconocible en todo el mundo. Durante d�cadas, los veh�culos privados de ciudadanos vaticanos utilizaron la matr�cula EE (Escursionisti Esteri). Sin embargo, en 1988 se introdujo la actual matr�cula CV, destinada a presidentes y secretarios de dicasterios, ciudadanos vaticanos, �rganos de gobierno y directores de la Gobernaci�n. Estas placas, tanto SCV como CV, se presentan en dos tama�os: una mayor, con sello especial, para la parte trasera, y otra m�s peque�a para la delantera. En total, circulan aproximadamente 600 veh�culos con matr�cula SCV y unos 300 con matr�cula CV, cifras que reflejan la escala reducida del parque m�vil vaticano. Cuando un veh�culo se desguaza o se nacionaliza, sus matr�culas deben devolverse al Registro, que se encarga de destruirlas seg�n la normativa vigente. Nada se deja al azar, ni siquiera en un territorio de apenas 44 hect�reas. Impuestos, electrificaci�n y un parque m�vil en transformaci�n Aunque pueda sorprender, en el Vaticano tambi�n se paga impuesto de circulaci�n, con algunas excepciones. Todos los titulares con derecho a matr�cula vaticana deben abonarlo, salvo los cardenales y ciertas personalidades exentas. La mayor�a de los organismos institucionales tampoco pagan la validaci�n anual, lo que refleja la estructura administrativa particular del Estado. En los �ltimos a�os, la Gobernaci�n ha impulsado una renovaci�n del parque automovil�stico con criterios ambientales. Para reducir las emisiones de CO, se han incorporado unos 40 veh�culos el�ctricos destinados a diversas administraciones, iniciando as� una transici�n hacia una movilidad m�s sostenible dentro del territorio vaticano. La gesti�n del parque m�vil incluye tambi�n la supervisi�n de los veh�culos dados de baja y la trazabilidad de sus matr�culas. Este control garantiza que ninguna placa oficial circule fuera del Estado sin autorizaci�n. En un lugar donde cada detalle importa, el Registro de Veh�culos Vaticanos combina tradici�n, normativa espec�fica y una creciente atenci�n a la sostenibilidad, manteniendo un sistema propio que refleja la singularidad del Estado m�s peque�o del mundo.