Estaba escrito que My Bloody Valentine, una de las bandas que patentó el ruido como arma musical, protagonizase junto a Gorillaz el tramo nocturno de la última jornada del Primavera Sound de 2026, pero ya se sabe que en esta vida sólo hay una cosa segura que no es necesario recordar. Así, la aparición de Olivia Rodrigo dio la vuelta al marcador, y mientras la veterana banda británica abrasaba con paredes de distorsión y ruido blanco a sus fieles, la norteamericana se llevaba las fotos y la atención de una noche en la que revalidó su idilio con Barcelona, a la que regaló una interpretación conjunta con Robert Smith de What’s Wrong Whit Me, tras afirmar que el concierto de The Cure que había presenciado la víspera era uno de los mejores que había visto jamás. Al margen de una sorpresa que dejó de serlo a media tarde, el festival se agitó con la furia de Liitle Simz, la negritud cruda de Dijon, el fiestón de Gorillaz y el concierto tierno y emocionante de Beverly Glenn Copeland en la que fue probablemente la última vez que veamos a este artista sobre un escenario. Para confirmar la vigencia del festival, hasta Pedro Sánchez se personó en el Fórum acompañado por el president de la Generalitat Salvador Illa para dar el espaldarazo oficial al certamen, en el que como público ya se había visto a Ernest Urtasun, Ministro de Cultura. La lluvia lo intentó, pero como asevera el dicho, lo que no mata engorda.Olivia Rodrigo despachó en 45 minutos y once canciones un concierto de ejecución impecable, sonido perfecto, voz soberbia y un repertorio en el que basculó entre el pop rock, la new wave, la velocidad del punk educado y la ternura de las baladas y medios tiempos en los que, como cantó junto al líder de The Cure, se pregunta ¿qué hay de erróneo en mí? En el caso de Robert es claro, considerado un personaje tenebroso es en realidad un enternecedor osito de peluche vestido de negro, maquillado y con el cabello cardado, amén de un artista histórico que no pierde anillos para acercarse a artistas décadas más jovenes que él, como fue el caso de Olivia Rodrigo, con quien ya había compartido escenario en Glastonbury. Realmente fue enternecedor verlo en escena, casi como si no fuese nadie. Sin duda uno de los momentos icónicos del festival.Otro fue ver a Beverly Glenn-Copeland, un artista que en los ochenta editó un disco de new age y electrónica minimalista, Keyboard Fantasies, que no fue reconocido hasta décadas después. La sociedad estigmatizó a su autor por dos cuestiones, ser negro y hombre trans, lo que no alteró su serena forma de aceptar la incomprensión. También debió preguntarse qué había de erróneo en él para ser repudiado. Hace un par de años le diagnosticaron demencia, lo que pese a editar un disco esta misma temporada, a sus 80 años le ha retirado de unos escenarios en los que sólo comparece en determinadas circunstancias y sin hacer giras. En el Auditori del Fórum realizó un hermoso y conmovedor concierto acompañado por su esposa, Elizabeth Copeland, un teclista y una clarinetista. Tres piezas que dan un reflejo de lo vivido: Harbour, una delicia dedicada a Elizabeth, el clásico The Impossible Dream –Andy Williams, Sinatra, Presley- y Love Takes All, un tema que expresa la importancia del amor y de la aceptación, dos ejes de su vida. Ver a Beverly y Elizabeth abrazarse casi tras cada pieza firmaba ese anclaje con una vida que lentamente se desliza hacia el olvido.Salir del Auditori y encontrarse de nuevo con la barahúnda fue un choque que hasta hizo olvidar la decepción que antes había protagonizado Sudan Archives, el proyecto de Brittney Denise Parks. Sus discos son una vibrante mezcla de entre otras cosas rhythm and blues, soul y folk –ella es violinista-, pero vino al Primavera sola con todas las bases pregrabadas y esa falta de músicos quizás la obligó a sobreactuar y dejarse el matiz para otras ocasiones. Su repertorio es infalible, con temas como My Type, Freakalizer, Nature Of Power o ese Come Meh Way donde asoman acentos folk. Al final lo más notorio fueron dos fruslerías, que llevaba el arco del violín en un carcaj y que sacó a bailar a una joven que en pleno frenesí de anglo-perreo, quiso mostrar el color de su ropa interior. Poco equipaje para una artista de la que se puede esperar mucho más.Chaleco salvavidas como atuendoHablando de equipaje y ropa, una pequeña digresión. En los festivales nada que se pueda vestir llama la atención, excepto un varón que ayer lucía un chaleco salvavidas sin duda tomado del avión que le trajo a Barcelona. De nota. No alcanzó el cum laude porque no lo llevaba hinchado. Lo que sí es de cum laude es el consumo de cerveza. Mientras Gorillaz, la banda de Damon Albarn, cerraban el escenario principal con un fiestón multicultural, un vendedor ambulante aseguraba que una mochila con 25 litros le duraba 20 minutos: “nunca las mujeres me habían buscado tanto”, decía divertido mientras despachaba sin apenas transitar el rubio líquido. Por su parte la banda de Damon Albarn convertía en una inmensa sala de baile la repleta explanada con 19-2000, Dare, cantada con Little Simz, o ese descabello final a base de Fell Good Inc, con participación sorpresa de Posdnuos, del grupo de hip-hop De La Soul y la despedida con Clint Eastwood. Otra persona célebre que estuvo en el concierto, aunque sin salir a cantar pero sí hablando con Damon Albarn en camerinos, fue el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, que viró de la visita papal al Primavera como Gorillaz cambian de estilo musical en su repertorio, con naturalidad. A todo esto el concierto se abrió con un parlamento del activista palestino Arab Barghouti, hijo del dirigente encarcelado -cinco condenas de cadena perpetua- Marwan Barghouti, de quien leyó unas líneas que hablaban de libertad y respeto. Pese a lo que se pueda pensar, los festivales no viven ajenos a su entorno.En cuanto al indiscutible poder de la música negra señalar dos nombres. Por un lado la rapera Little Simz, que ataviada con la camiseta de la selección española de fútbol y el número 3 con su nombre, dio una nueva muestra de vitalidad en un festival en el que se estrenaba en el escenario principal. Su hip-hop perfilado melódicamente con jazz y soul fue una descarga de vitalismo y energía descomunales, con ella recitando con solvencia, aplomo y seguridad. Se hiso acompañar por banda pero realizó un set ella sola como dj lanzando bases que con temas como Mood Swings, SOS o Open Arms dejaron muestra palpable de su versatilidad. Cerró con Woman, un canto al poder e importancia de la mujer y Gorilla, un tema impulsado por el sonido del contrabajo.De todas formas, por ser su estreno en España, la presencia de Dijon fue otro de los momentos del festival. Por la novedad y porque su rhythm and blues en crudo evoca directamente a Prince sin fusilarlo, reinterpretado al genio de Minneapolis en clave contemporánea, orgánica, sudorosa e incluso rugosa. Con banda completa, dos vocalistas de apoyo para hacer segundas voces, un bajo que movía empastes y una voz sutil protagonizó uno de los conciertos del festival. Sin aspecto de estrella, cantando con una cerveza en la mano no por actitud sino porque tenía sed, caminando con la aparente rutina de un vigilante de seguridad y con un repertorio que en directo suena aún más lo-fi que en disco dejó gemas como Yamaha, con su guiño a Laurie Anderson o Higher. Y hablando de personal de seguridad y de extranjeros un dato: una periodista de Sky riñó a la organización durante la rueda de prensa porque en el festival, que hace todas sus comunicaciones públicas en catalán, castellano e inglés, no todo el personal de servicio habla su idioma. Asombroso.
Gorillaz descabellan un Primavera Sound en el que bailó hasta el apuntador
El presidente Pedro Sánchez se sumó a la fiesta y en sus redes felicitó al festival










