La inteligencia artificial es la tecnología del futuro y también del presente, a la vista de la fortísima apuesta de los gigantes tecnológicos que la desarrollan y los ingentes beneficios de los fabricantes de semiconductores que la hacen posible, por no hablar de la realidad contante y sonante de su rally en Bolsa. La fiebre inversora en la IA es un arrollador antídoto ante el shock energético que acusa el mundo con el bloqueo del estrecho de Ormuz, aunque de vez en cuando surjan sobresaltos como la decepción de esta semana con los resultados de Broadcom y las ventas que ha acarreado en el sector. El sentimiento positivo de fondo se mantiene y nada ha sido capaz de frenar el rotundo ascenso bursátil de los valores tecnológicos y los semiconductores, ni la escasez del suministro de petróleo ni la posibilidad de que una energía más cara acabe trayendo tipos de interés más altos. En otros tiempos, la sola mención a subidas de tipos habría sacudido las cotizaciones de las tecnológicas: un precio del dinero más elevado implica reajustar a la baja, por el coste financiero y de oportunidad, unas valoraciones asentadas en el futuro. El reinado bursátil de la IA se mantiene firme y se prepara para acoger al que promete ser uno de sus más ilustres miembros, SpaceX. Las Bolsas cotizan en máximos pese al caos geopolítico y a tres meses de menor suministro energético, sin una perspectiva clara para una vuelta a la normalidad. La pasada campaña de presentación de resultados en EE UU ha servido para apuntalar el ascenso del S&P 500, instalado casi a diario en niveles sin precedentes, y para alejar el temor —bien presente meses atrás— a que las faraónicas inversiones en inteligencia artificial no vayan a materializarse en futuros beneficios, o al menos no en el plazo de tiempo ni en la magnitud que anticipa el mercado. Además, este año ha comenzado a ser una realidad el uso creciente del chatbot Claude desarrollado por Anthropic entre las empresas. El resultado de la euforia inversora por la IA es una Bolsa cada vez más concentrada en EE UU, epicentro de la innovación tecnológica, y en las megacompañías estadounidenses vinculadas a la IA. La diversificación de la cartera más allá de Wall Street, el mantra que había tomado fuerza tras la declaración de guerra comercial por parte de Donald Trump en abril de 2025, parece estar perdiendo tirón en un mercado entregado a la inteligencia artificial. El peso de EE UU en el índice MSCI World de valores de mercados desarrollados supera ya el 70% y su representación en el MSCI All Country World (ACWI) de valores de mercados desarrollados y emergentes se sitúa el 63%. “Es mucho dinero en un solo país”, señala Duncan Lamont, director de investigación estratégica de Schroders, que recuerda que los siete magníficos dominan esos índices, con un peso conjunto en el MSCI All Country World equivalente al que tienen las cotizadas de Francia, Corea del sur, China, Taiwán, Canadá, Reino Unido y Japón. La inversión en ese índice mundial no permite por tanto una diversificación geográfica equilibrada y acentúa el riesgo de concentración en EE UU y su tecnología, aún más evidente en la gestión pasiva.Tal concentración, sin embargo, no puede ser más rentable en el momento actual. El S&P ha alcanzado 14 nuevos máximos históricos durante el último mes y avanza el 10% en lo que va de año, con el sector tecnológico como artífice del 85% de la rentabilidad del índice. Sin ese sector ni sus megacompañías, el alza del S&P en el año sería de solo el 3%. Otra gran muestra del tirón bursátil de la IA es el índice de semiconductores de Filadelfia (SOX), que acumula una subida cercana al 90% en 2026 y firma su mejor comportamiento en los primeros 100 días del año desde la burbuja puntocom de finales de los noventa. Ese índice ha ganado más de 5 billones de dólares en valor de mercado en los últimos dos meses, aproximadamente 1,5 veces el valor del índice FTSE 100, el principal índice bursátil del Reino Unido. “Los análisis que hemos realizado han demostrado que, cuando la concentración del mercado ha llegado a ser extrema, los inversores han obtenido mejores resultados desmarcándose de los índices“, advierte Lamont. Aunque alejarse ahora de la IA y la tecnología sea tan difícil como resistirse a los cantos de sirena. Desde Goldman Sachs —que no oculta su optimismo sobre el S&P, al que ve en los 8.000 puntos a fin de año— reconocen el reto que supone encontrar oportunidades de inversión en el mercado actual que no estén vinculadas a la IA y aconsejan que “para equilibrar la exposición a la IA, los inversores también deberían incluir en sus carteras acciones que se beneficien de factores favorables para los beneficios y que tengan una correlación mínima con la tendencia de la IA”. Esas acciones se incluyen en lo que Goldman denomina “cartera insensible”, en la que figuran compañías como Permian Resources, Newmont, Eli Lilly o Reddit. Goldman Sachs reconoce en todo caso que “el ánimo especulativo actual parece mucho menos extremo que en los momentos álgidos de mercados sobrevalorados del pasado”.Las dudas sobre la rentabilidadLa apuesta actual del mercado por la IA es casi a esa única carta, con una convicción que parece presentar menos grietas que meses atrás. “El temor que había por la monetización de las inversiones se ha enfriado. Ese proceso inversor es apabullante pero tiene sentido, es creíble. Los hiperescaladores tienen músculo financiero para hacerlo, generan un flujo de caja sólido”, defiende Juan Tuesta, analista de Bankinter. Solo este año, Meta, Microsoft, Amazon y Alphabet prevén destinar en conjunto alrededor de 725.000 millones de dólares a centros de datos, chips e infraestructura vinculada a inteligencia artificial. ¿Es esto motivo suficiente para jugarlo todo a estas mega compañías y a los fabricantes de semiconductores que las abastecen? “Lo ideal es una combinación de esta parte junto a otras capas de la cadena de valor de la IA, empresas que son clave en el desarrollo de esta tecnología como las eléctricas que dan suministro energético y las infraestructuras que construyen los centros de datos, o compañías que van a ganar eficiencia con su aplicación, como la banca”, responde Tuesta. Sin salirse del universo de la IA, Mark Haefele, director de inversiones de UBS Global Wealth Management, también coincide en que “los inversores deben evitar una concentración excesiva y mantener una diversificación adecuada entre las principales capas de la IA y su cadena de suministro, en lugar de depender de un reducido grupo de compañías de mega capitalización”. Una vez más, la apuesta por la IA no se pone en duda y la máxima de la diversificación se adapta para tomar posiciones en otros sectores, más allá de hiperescaladores y semiconductores, a los que también llega la onda expansiva de la IA. Con la actual incertidumbre geopolítica y económica, alejarse ahora de esta temática entraña para muchos más riesgos que oportunidades. De hecho, al rally bursátil de las tecnológicas no solo ha contribuido la solidez de los resultados empresariales presentados sino la inquietud ante el shock energético por el cierre de Ormuz. “Diversificar es necesario pero a corto plazo es difícil abrirse a los sectores más cíclicos. Y la economía de EE UU está sufriendo menos que la europea”, señala Rosa Duce, directora de inversiones en España de Deutsche Bank. La firma alemana de hecho ahora sobrepondera la Bolsa estadounidense y la asiática, también por su alto componente tecnológico, aunque sin descartar una corrección puntual que podría llegar con la subida de tipos de los bancos centrales. “Hay riesgo de una corrección breve pero no profunda y tras la que el mercado seguiría subiendo. Nuestra previsión es que el S&P 500 esté en los 8.200 en un año”, añade Duce.Aunque los inversores tengan claro que hay que estar en la carrera de la inteligencia artificial —y en la parrilla de salida ante el inminente estreno de SpaceX— y que, a diferencia de la crisis de las puntocom, las grandes tecnológicas hoy están respaldadas por sólidos ingresos y beneficios, el riesgo de corrección está ahí y los ecos de burbuja, también. Baste mencionar que SpaceX, que facturó 18.674 millones de dólares el pasado año, la centésima parte de lo que valdrá en Bolsa, y perdió 4.937 millones de dólares. “Lo que manda en el mercado es el relato. Ahora mismo manda la IA y el crecimiento económico, pero esto podría cambiar. El mercado ha subestimado las consecuencias que puede tener la inflación durante los próximos meses”, advierte XTB. Además, la fiebre por la IA también afronta sus propias flaquezas. Esta semana el gigante taiwanés de semiconductores TSMC —la mayor empresa de Asia y pieza fundamental en el desarrollo de la inteligencia artificial en su condición de suministrador principal de chips de última generación para Nvidia y Advanced Micro Devices— advirtió de cuellos de botella en la producción. “Pasará mucho tiempo antes de que podamos satisfacer la demanda de los clientes”, afirmó su consejero delegado Che-Chia Wei. La eclosión arrolladora de la inteligencia artificial depende no solo también de la voluntad de los hiperescaladores; también del suministro de chips y de las necesidades de energía y agua de los centros de datos, de un innegable y menospreciado impacto medioambiental.Lazard Asset Management reconoce el reto al que se enfrentan los inversores en su apuesta decidida por la IA. “Más vale llegar a tiempo que ser el primero. Los gestores de activos que anticiparon el colapso de las puntocom acertaron en su diagnóstico, pero quienes redujeron su exposición a las acciones de internet demasiado pronto, por ejemplo en 1998 en lugar de hacerlo a principios de 2000, sufrieron años de bajo rendimiento antes de que llegara la venta masiva”, recuerda la gestora. Y hoy existe ese mismo riesgo de elegir mal el momento con la IA, a lo que se suman el mayor nivel de concentración del mercado y la incertidumbre geopolítica, que agravan el desafío. Frente a la letanía generalizada de las bondades de la inversión en IA, también hay voces que pintan un escenario más agorero como la del veterano inversor Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates, el mayor hedge fund del mundo. “Todos los grandes cambios tecnológicos generan burbujas. Nadie puede acertar del todo. O bien gastas una fortuna para captar tu cuota de mercado y no te preocupas de si es demasiado o no, o bien no gastas lo suficiente y pierdes tu cuota de mercado”, aseguró Dalio esta semana en una entrevista televisiva. Mientras, la rueda sigue girando en favor de la inversión en la IA.