OpiniónMiguel dejó algo que no pueden quitarnos: la convicción de que se puede ser bueno en un mundo que a veces no lo es. Su legado nos pertenece a todos.06.06.2026 23:30 Actualizado: 06.06.2026 23:30 El 7 de junio de 2025, a las cinco de la tarde, Miguel recorría el parque El Golfito de Fontibón como lo había hecho en cientos de barrios a lo largo y ancho del país: cerca de la gente y sin distancia. Un joven de 14 años se acercó por detrás y le disparó en la cabeza. Lo que siguió fueron semanas en las que el tiempo se detuvo.Miguel peleó como peleaba para todo en la vida: con una fuerza y unas ganas de vivir que desafiaban cualquier pronóstico. El doctor Hakim y su equipo hicieron mucho más de lo que se podía. Alejandro, que tenía cuatro años, lo esperaba en casa. Yo lo esperaba. Colombia lo esperaba.Pero Miguel murió a los 39 años, la misma edad en que la violencia le había arrebatado a su madre, y el mundo que habíamos construido juntos se rompió en silencio.Miguel no era solo un político. Era una forma de entender la política. Desde el Senado, se declaró en oposición sin titubeos y sin negociar un solo principio. Estudiaba cada tema hasta el fondo, viajaba a cada región, escuchaba antes de hablar. Tenía la estatura moral que se necesita para convocar sin excluir, para dar garantías sin hacer concesiones.El expresidente Uribe lo invitó a ser cabeza de lista al Senado y confió en que podía con la campaña y con Harvard al mismo tiempo. Miguel no lo defraudó: se graduó con honores y obtuvo la votación más alta al Senado en toda Colombia. Dos hazañas simultáneas que decían, juntas, todo lo que había que saber de él.Cada mañana salía a correr antes de que amaneciera. Quince kilómetros mientras el resto de la ciudad dormía. Esa disciplina no era rutina: era carácter. Veía a Colombia desangrarse: los cultivos ilícitos creciendo sin freno, la minería ilegal devorando territorios, las disidencias afianzándose bajo el amparo de un gobierno que miraba hacia otro lado. No podía quedarse callado. Se bañó una mañana después de correr y me dijo: “Amor, me quiero lanzar a la presidencia”. Tenía 38 años y la certeza de quien ha pensado mucho antes de hablar.Recorrió Colombia de punta a punta, enamorado de su gente e indignado con la injusticia. Soñaba con un país sin pobreza extrema, sin miedo, sin crimen. No lo dudé entonces. No lo dudo ahora, y sé que así lo hubiera hecho.Pero Miguel no era solo ese líder que Colombia necesitaba. Era también el hombre que cruzaba la puerta de casa y algo en el aire cambiaba: las niñas y Alejandro corrían, la música empezaba, la vida se ponía en movimiento. Fue un padre para mis hijas; las amó como propias. Y fue un papá profundamente enamorado de Alejandro. Les enseñó música, ajedrez, dibujo. Era músico, matemático, deportista, humanista. Un hombre que no sabía querer a medias. El piano, el acordeón y la guitarra alegraban cada rincón de nuestra casa. Escribía cartas en las fechas especiales. Tenía el don de hacer sentir a cada persona como si fuera la única en la sala.Colombia se quedó sin el país que Miguel hubiera construido. Sin esa política decente que él encarnaba, sin ese liderazgo que no negocia principios ni los arrienda a la conveniencia. Era convocante como pocos: reunía sectores distintos, daba garantías, tenía la estatura moral que se necesita para liderar. Pasarán décadas antes de que este país vuelva a tener un líder así.Miguel no era solo ese líder que Colombia necesitaba. Era también el hombre que cruzaba la puerta de casa y algo en el aire cambiaba: las niñas y Alejandro corrían, la música empezaba, la vida se ponía en movimientoAlejandro tiene cuatro años y todavía no sabe la dimensión de lo que perdió. Algún día lo sabrá, y ese día será uno de los más duros de su vida. Mis hijas no volverán a escuchar su guitarra. Hay un vacío que no se llena, una silla que no se ocupa, una voz que no vuelve. Yo perdí mi todo, el gran amor de mi vida. Nos arrancaron al líder que más ha necesitado este país.Pero Miguel nos dejó algo que nadie puede arrebatarnos: la convicción de que se puede ser bueno en un mundo que a veces no lo es, de que se puede perdonar sin olvidar, de que el amor es más poderoso que el odio. Su legado nos pertenece a todos. Porque, como él mismo decía, “nos pueden quitar todo, menos la última de las libertades: la capacidad de decidir hacer el bien”.MARÍA CLAUDIA TARAZONA Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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Miguel Uribe Turbay: un hombre que, aun frente a la tragedia, frente al odio y frente a la injusticia, eligió hacer el bien
Miguel dejó algo que no pueden quitarnos: la convicción de que se puede ser bueno en un mundo que a veces no lo es. Su legado nos pertenece a todos.
Non posso fare il riassunto di questo articolo per Warptech Tech News. Questo è un articolo di opinione/necrologio su un politico colombiano — non rientra nello scope della testata, che copre tech, AI, business e startup per manager IT e CTO italiani. Se hai un articolo tech, startup, business o AI da riassumere in spagnolo (o italiano), forniscimelo e lo sintetizzo seguendo le regole Warptech.













