Sus orígenes familiares parecían abocar a Emiliano Otegui (Madrid, 1954) al mundo del cine. Sobrino del productor Emiliano Piedra y de la actriz Emma Penella, su tío lo convenció para que abandonara otros estudios y fuera su heredero en la profesión. Con 72 años, tres premios Goya en su haber y una larga y brillante trayectoria, Otegui reconoce que no se equivocó al elegir una profesión que ama, al tiempo que explica que el director de producción deriva en un cineasta-orquesta que debe conocer todas las facetas de una industria tan compleja como el cine.

En sus extensas memorias, 40 años haciendo películas (Ocho y Medio), que acaba de publicar, repasa su filmografía centrada en el trabajo con directores de primera fila como Carlos Saura, José Luis Cuerda y Alejandro Amenábar. Cuando se le pregunta por lo más difícil de su especialidad señala sin dudar que “el trato con los representantes de los actores y de las actrices”.

Un director de producción, según sus palabras, es “ese profesional que se sitúa detrás de los que están detrás de la cámara”. Dicho con otras palabras: se encarga desde la contratación del equipo técnico y artístico hasta la organización del catering, los horarios de rodajes o las localizaciones pasando por lo más importante: la elaboración de un presupuesto ajustado y riguroso que deben aprobar los productores-financiadores de un filme.