“Este diablo de petithommeno actúa: vive en escena”. Guillermo Bravo cita esta frase del diario Libération y fija una idea: en Copi, la vida se sostiene como exposición permanente, como presencia continua, casi sin diferencia con la escena teatral. Guillermo Bravo logra, en esta biografía tan esperada, darle forma a una inmensa cantidad de material que en Copi se expande sin límite. Lo hace con un estilo alejado de la ensayística académica –cosa que se agradece–, donde enhebra vida familiar, política e impulso artístico con naturalidad, sin énfasis ni subrayados innecesarios. La escritura avanza en un tono parejo, sostenido, que incentiva a seguir leyendo. Y además el libro prescinde de citas y gana fluidez; la exactitud se apoya en un trabajo exhaustivo de archivos y en treinta y cuatro testimonios de personas que conocieron a Copi. El recorrido se vuelve claro: del dibujo –La mujer sentada, publicada en Le Nouvel Observateur, casi en simultáneo con la irrupción de Mafalda en la Argentina– al teatro, donde su obra alcanza una intensidad singular, y finalmente a su narrativa. Esa progresión, conocida en líneas generales, encuentra en este libro de Bravo una articulación precisa.

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