Le propongo un reto al amante del tenis: si hace dos semanas y media le hubieran pedido un pronóstico, le hubieran preguntado quién cree que en este fin de semana disputará las finales de Roland Garros, tanto en hombres como en mujeres, ¿a quién hubiera nombrado?¿A Flavio Cobolli? ¿A Maya Chwalinska (se lee Fjalinska)?En el caso de Cobolli, en fin, tal vez cuele. Tal vez alguno le haya contado en las encuestas. Al fin y al cabo, Cobolli es un potente representante de esta flamante academia italiana que se está zampando el circuito a bocados. Y en estos días en París, defendía su pedigrí, su papel como décimo favorito: por el camino ha ido dejando atrás a rivales interesantes, al prometedor Tien o al maduro Auger-Aliassime. Y si todo va bien y no hay más sobresaltos en forma de bajas sobrevenidas, este domingo (15h) le disputará el título a Sasha Zverev, el alemán que aspira a sacudirse la el sello de maldito, pues siempre ha estado ahí, pero nunca ha ganado un grande.Pero, ¿qué decir de Chwalinska? En su caso, nada. Nadie la había visto venir. Ni siquiera los patrocinadores: digamos que la zurda polaca (24 años, 114.ª del mundo; será la 21.ª en la actualización de este lunes) había llegado a París sola y desamparada y que desde su aterrizaje, y según pasaba rondas, le iba cosiendo etiquetas a su uniforme. Nueve victorias consecutivas, incluidas las tres de la fase previa, la han convertido en la tenista de moda, y en ese papel ha comparecido en la final de este sábado.Lo que pasa es que en la final la esperaba Mirra Andreeva (19). Y estas son palabras muy mayores: Andreeva, brillante teenager, está llamada a conseguir cosas muy grandes en el tenis. Empezando por este Roland Garros, el primer Grand Slam de su carrera (6-3 y 6-2).Desde hace un par de años, Andreeva, más grande y compacta que Chwalinska, es la alumna aventajada de Conchita Martínez, gran dama del tenis en nuestro país. En el día a día, Conchita Martínez (campeona de Wimbledon en 1994, ex número 2 mundial, excapitana de la Copa Davis y de la Fed Cup, ex entrenadora de Garbiñe Muguruza, directora de las Finales de la Billie Jean King Cup) suele volar a Cannes, donde entrena a esta rusa fenomenal, o se la trae a Barcelona desde las tierras francesas, y aquí, en los clubs de pistas de tierra, va forjando una carrera que se intuye mayúscula.Sentada en el box junto a Raisa, la madre de Mirra Andreeva, también junto a Garbiñe Muguruza, Conchita ha contemplado en calma (acaso como un volcán reprimido) la exhibición de su discípula, en todos los frentes superior a la superada Chwalinska. Más consistente, más templada, apoyándose en sus derechazos y también en su seguridad en los intercambios más largos, Andreeva se ha ido sacudiendo el desorden inicial (cuatro roturas en los cuatro primeros juegos, dos por cabeza) para ir doblegando las resistencias de la aspirante, esta Chwalinska que ha asumido su papel tan pronto como se le escapaba la primera manga.A partir de ahí, vía libre a Andreeva, la adolescente que reclama su momento. Si en estos días se ha estado hablando de Chwalinska, en las próximas semanas se hablará de Andreeva, el fenómeno que ofrece tantos recursos como Sabalenka, Gauff o Swiatek, y que está, dicen muchos, destinada a tomar el relevo de aquellas.Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'