México padece un soez embate de Estados Unidos sin llegar a mínimos acuerdos entre las fuerzas políticas sobre cómo resistir. Donald Trump se puede pavonear de que su injerencia retórica, jurídica y mediática provoca fisuras en los mexicanos. Ni la presidenta Claudia Sheinbaum ni la oposición atinan a dar los pasos de acercamiento para que el rechazo a la injerencia sea de granito.Desde abril, la agenda de México la pone Washington. Va para dos meses que todo se trata de esperar, temer o incluso añorar el siguiente varapalo de Trump.Para unos, al fin llegó el teatral Deus ex Machina. Para esos que ven lejana la posibilidad de que la oposición remonte en las urnas para sacar del poder a Morena, las acusaciones judiciales y filtraciones periodísticas en contra de políticos morenistas son como agua de mayo. O nunca tuvieron o prefieren despojarse de todo sentido patriótico, porque la desesperación no es coartada aceptable.Para el régimen es el libreto perfecto, confirmación de su presunta misión histórica. No es fingido el ardor del discurso con que proclaman que son criticados y enjuiciados no por defectos reales, sino porque enarbolan una promesa de patria independiente. Morena vibra con la ilusión de ser la nueva Cuba, el modelo de excepción que incomoda al imperio en su propio vecindario, un rescoldo de dignidad mundial.En un panorama de tan extremas posiciones, gana la injerencia yanqui. Oposición y Gobierno de México alimentan a quien pretende convertirse en juez y verdugo.El PRI de Alejandro Moreno se volvió una caricatura: el nieto de la Revolución ruega a Trump que atrape narcos y políticos mexicanos. El PAN festeja acusaciones a gobernantes sin ponerse a pensar en la puerta que abren. Y que alguien despierte a MC para ver si los que promueven una tercera vía al menos notan que las llamas crecen.Claudia Sheinbaum y su movimiento no lo hacen mejor que los opositores. Ni cuando proponen unidad son consecuentes. Basta revisar las palabras del domingo de la presidenta y los hechos que le siguieron.“A todas y todos los mexicanos, podemos tener diferencias, pero hay algo que todas y todos deberíamos estar de acuerdo: ¡en México decidimos las y los mexicanos!”, dijo la mandataria en el Monumento a la Revolución casi al final de su discurso contra Estados Unidos.Si tales líneas hubieran sido el eje de su alocución, si ese concepto hubiera marcado una ruta política, un marco que redefiniera la dinámica con otras fuerzas políticas, México no estaría a expensas de ser cada semana la piñata del Tío Sam.Las duras palabras dominicales de la presidenta en contra de Estados Unidos han sido respondidas con una nueva filtración que involucra a dos gobernadores fronterizos, uno —Alfonso Durazo, de Sonora— ni más ni menos preside el Consejo Nacional de Morena.Es un golpe seco. Una maniobra burda también. Injerencia desde varios frentes y en tiempo real. En lugar de recordar y hacer honor a las citadas palabras dominicales, la presidenta se enrosca en el maniqueísmo que demanda apoyos incondicionales, y lanza nueva ofensiva mediática en contra de los que no piensan como ella, haciéndose más vulnerable, y con ello al país.Construir una defensa del derecho inalienable para definir en casa y solo por los de casa el destino de la nación pasa sine qua non por una conciencia activa de la autoridad de que las y los mexicanos son plurales. O, en palabras de Sheinbaum del domingo, para estar de acuerdo, como ella pide, la presidenta tiene que demostrar que sí respeta las diferencias.La primera y máxima responsabilidad de construir un ambiente donde sea marginal la expectativa de que “un extraño enemigo” salve a estados o regiones de la violencia, e incluso de políticos que se han ligado a criminales, es de la presidenta de la República.De la misma que la oposición ha de advertir que toda expresión que dé bienvenida a la intrusión de agentes extranjeros en materias que competen solo a mexicanos ha sido históricamente causa de mayores calamidades, incluida la pérdida territorial. La ligereza y vehemencia con que aplauden a Trump ponen los pelos de punta. No es solo confesión de incapacidad propia, sino de irresponsabilidad histórica.Sin argumentos y sin conciencia de los alcances del riesgo, abrazaron el grito de “narcogobierno”. Cocinaron por meses el caldo de cultivo perfecto para el oportunismo americano. El PAN, que fue un partido donde los abogados pesaban, ahora hace de cualquier filtración la prueba reina para subir a la tribuna o cabalgar en las redes sociales condenando sin juicio, sentenciando sin pruebas ni prudencia.Cavan su tumba. Para los gobiernos opositores de ayer y los del futuro. Quien entroniza sin reparo a un magnate foráneo con delirios expansionistas más que probados, solo asegura que mañana proceda en contra de un panista sin que pese para nada el Estado de derecho.Trump acusa (y por Trump se debe entender desde el embajador hasta la prensa de EEUU) y acá cada uno de los bandos trata de sacar provecho partidista de una agresión. Es un sinsentido completo. O la cosa pública mexicana la definen solo mexicanos, o pierde México.Todavía hay tiempo. O por lo menos todavía es momento de apelar a no correr cada cual por su lado al mismo precipicio.Desde luego que, puestos a regodearse en letanías de reproches, los opositores tienen pasto de sobra para acusar a Morena de tolerar los carteles, incluida su doble moral de exigir pruebas sin abrir una verdadera investigación a políticos como Cuauhtémoc Blanco, que sale en fotografías con capos, a Adán Augusto López, que entrega la policía tabasqueña a presuntos criminales, o al exsecretario de Marina, que ni supo ni sabe de sus sobrinos marinos como huachicoleros.La elección de 2021 es otro gran ejemplo. Se denunció en su momento la injerencia del narco en lugares donde ganó Morena, como Sinaloa y Michoacán. Hay que reclamar que se investigue, esclarezca y castigue lo ahí ocurrido. Todo por instancias mexicanas. Y de parte del Gobierno hay que reconocer que están en falta y que no hay acuerdo plural posible contra Trump sin compromiso de real justicia.Del lado contrario: el tiempo previo al obradorismo fue derroche de aberraciones y truculencias; mas culpar de todo lo actual a Gobiernos de aquel tiempo es infantiloide, un argumento muy desgastado y, a final de cuentas, estéril. La responsabilidad de que México resista mejor a los halcones de la Casa Blanca es intransferible. La historia no será magnánima con una presidenta que no haga lo necesario por el país.El diálogo es un recurso en desuso desde 2018. La tolerancia y el respeto entre fuerzas políticas también lo son. La presidenta Sheinbaum mostró el domingo en el Monumento a la Revolución un talante aún más desdeñoso con la oposición, particularmente con el PAN, ni más ni menos el partido que más votos congrega fuera del oficialismo.La tentación de hacer de Trump el eje electoral de 2027 es una manzana envenenada. Receta perfecta para provocar que crezca la división, abono para la discordia. Quien cree que el vecino es el responsable de limpiar la casa propia, enajena el destino de su familia; quien no la limpia a pesar de la podredumbre porque su credo le impide reconocer corruptelas propias, es suicida.México demanda oposición a la altura de la agenda imperialista de los Trump’s boys. Rechazar la carne podrida con la que desde el extranjero buscan envenenar al país.Y si la responsabilidad de la oposición de no ser el tonto útil de una agenda injerencista es enorme, la del Gobierno de la República por reconstruir una concordia plural y una credibilidad en las instituciones lo es aún más.Sheinbaum debe labrar el acuerdo nacional que, dentro de nuestras diferencias, haga que las y los mexicanos rechacen convertirse en la piñata de Trump.
México, piñata de MAGA
El diálogo es un recurso en desuso desde 2018. La tolerancia y el respeto entre fuerzas políticas también lo son













